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domingo, 11 de diciembre de 2011

El caballo de Espartero

Ayer me senté a cenar en un taburete de plástico, en una mesa de plástico, ocupando junto con otras mesas la mitad de una acera. Conforme se acercaban más clientes, el matrimonio que regentaba el puesto en la calle - básicamente un carrito con ruedas en el que había una sartén enorme y varios pucheros de idéntica descomunalidad - iban disponiendo más sillas y mesas donde había hueco, incluyendo entre coches aparcados. El menú es sencillo, sólo cuatro platos (cerdo con noodles o sopa), en tamaño pequeño o grande. Positivo para la logística de un negocio que se lleva empujando y para la decisión del consumidor.

Y allí estaba yo, tomando mis noodles (fideos chinos), a los que había aderezado generosamente de picante en polvo y en líquido, y en los que me había gastado 25 bahts (1 Euro = 40 o 41 bahts según el dia) cuando levanto la mirada y veo que a la luna le han dado un mordisco y se han llevado por delante la mitad de su brillo.

El eclipse de luna duró más que mi cena y me dio tiempo a acercarme al 7-Eleven de la esquina y comprarme una cerveza que saqué a la calle y, junto a mi casa de huéspedes, apoyarme en un poste de teléfonos para ver como menguaba el pequeño acompañante de nuestro planeta. En manga corta. En Bangkok. Sin prisas.

No se dónde estaré dentro de diez años, y me consta que ahora no estoy donde imaginaba - ni se esperaba - hace una década. También me consta que mi camino - o la aparente ausencia de él - es incomprendido la mayoría de las veces y menospreciado - para algunos desde el cariño y el "querer lo mejor", para otros desde la simple envidia - en algunas. De todo hay, de todo tiene que haber. Incluso acusados hippies de derechas.

Tal vez esté loco por viajar mucho y escribir poco y mal. Tal vez algún día me paguen por ello. No por ser loco, sino por escribir. Tal vez tenga cojones por ser yo quien decide cuando y cómo. Tal vez los cojones los tenga quien se queda en la ciudad que le vió nacer y en la que suda de 9 a 7 de lunes a viernes. Y en otros sitios los fines de semana.

Tal vez no existan los cojones ¿saben?. 

Tal vez sólo exista la posibilidad de decidir cómo y dónde se suda.

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lunes, 24 de mayo de 2010

Una de grados

No saber cuantos grados tiene un círculo es uno de los errores más comunes de quienes recurren a la difusa memoria, bendita ella que suele dormir a pierna suelta, para recuperar conceptos de geometría básica. Si oís que alguien ha dado un giro de 360 grados en su carrera, sonreidle al que afirma que nada ha cambiado cuando en realidad quiere decir todo lo contrario. Y si tenéis confianza, paciencia y la seguridad de su humilde reacción, explicadle que un círculo, medido en grados, tiene 360. Con esa unidad de medida, para ir al extremo opuesto del mismo metafórico círculo, ese lanzarse a hacer lo contrario de lo que se venía haciendo hasta ahora, uno sólo ha de recorrer 180.

Hoy, lunes, es el primer día en que se hace evidente que en los círculos concéntricos de mi vida ha habido bastante movimiento.

En el círculo pequeño, ese que lleva un calendario medido en meses, hoy no ha sonado el despertador para ir a trabajar, no he cogido el LUAS para irme al Sur de Dublín, no he desayunado tostadas con azúcar espolvoreado sobre la mantequilla deliciosamente fundida (recuerdo de meriendas infantiles) mientras compruebo mi correo sentado en frente del ordenador, relajado inicio de la jornada laboral. De empleado a desempleado sin intención o necesidad de cambiar de estado a corto plazo, mi vida, mi rutina del día a día ha dado un giro de 180 grados.

En el círculo grande, ese que lleva un calendario medido en años, he vuelto a desempolvar las cajas en las que hago mudanza, he sacado bolsas y petates de sus escondites, y he buscado alternativas para guardar los cachivaches, la ropa, los chismes inútiles y necesarios que componen mi vida en Dublín. Como en Noviembre del 2006 y Marzo del 2009, otra vez dejo un trabajo en una multinacional, me echo la mochila a la espalda y me voy de viaje. Han pasado los años y las zancadillas de la vida, se han sumado sellos y visados al pasaporte, pero no han cambiado apenas las circunstancias y mi vida ha dado un giro de 360 grados.

Yo he vuelto a hacer girar la rueda, ¿cuando fue la última vez que tú decidiste que querías girar el círculo de tu vida?

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martes, 18 de mayo de 2010

Carpe Diem Now

'Carpe Diem' said the classic, and Vodafone echoed with a 'Make the most of now' campaign. But why do we think that it means doing things? 

It can't be sitting in a beach staring at the sea unless it is in a far away tropical island. 

It can't be lying in the grass and thinking about how insignificant our lives are compared to the stars above unless you are over a dune in the Gobi. 

It can't be sipping a machiatto and playing the game of people watching unless you are in Rome or in Paris.

'Make the most of now' is not appended with a 'somewhere else'. The important part here is now. 

Wrong. 

The important part is that you, and only you, can decide what is the meaning of 'important'.

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lunes, 10 de mayo de 2010

Dos promesas

Ni acaba de comenzar el año ni he sobrevivido a un ataque cardiaco (aunque, a juzgar por la falta de atención al blog parece que llevo un tiempo en coma, o secuestrado, o con ambos brazos escayolados o...).

No, nada de eso. Parece que sin venir a cuento de fechas me he propuesto cambiar dos cosas, o empezarlas:

a) Leer todos los dias por lo menos media hora

b) Escribir todas las semanas por lo menos media hora

¿A que parece fácil? Pues no lo es.

Cuando hablo de leer no me refiero al Metro Herald, el periódico gratuito en que me sumerjo los veintipocos minutos de tranvía hasta el trabajo. Tampoco me refiero a medios online, ni blogs, ni periódicos. ¡Que va! Hablo de tinta empresa, a veces en papel reciclado a veces en papel genocida, a la vieja usanza, a lo que podriamos llamar "libro analógico" por contraposición a los Kindle y demás. De momento he encontrado un hueco, lo habéis adivinado...los veintipocos minutos de tranvía de vuelta del trabajo. Si a eso le añado un ratito luego en casa, mientras preparo la cena, o la comida del día siguiente pues parece que lo iré cumpliendo (con la complicidad de Dublin City Public Libraries, por supuesto).

Escribir es una tarea más dificil aún (¿pensabaís que es fácil tener un blog y que no se te muera como una pobre planta en piso de soltero?). No cuentan los textos en Viajablog ni los emails a los amigos. Hablo de tener cosas que contar, a veces a otros, a veces a uno mismo en voz alta y ponerlos aquí, en ese acto que es a la vez humilde y arrogante.

Hay gente que todos los días publica una lámina con mensaje o una sencilla pero elaborada nota de agradecimiento, y gente que derrocha inteligencia en reflexiones sobre el marketing, la vida y ambos. Si algunos de ellos hacen de su afición su medio de vida, yo, que tengo menos presiones tal vez, tal vez, pueda regar un poquito mi propia planta.

Intentaré contradecir a Homer Simpson y que no se cumpla eso de "Trying is the first step towards failure".

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miércoles, 17 de febrero de 2010

La cifra

Todos tenemos una cifra en mente, la mayoría del tiempo y para la mayoría de la gente sólo salta al primer plano, a nuestro consciente, cuando algo hace crack, no click. Entonces llega la fantasía, la hipótesis, el cuento de la lechera. El coche más potente y extranjero, la casa más grande y en mejor zona, las vacaciones más largas y más lejos. La cifra sólo es dinero y el dinero es lo menos valioso del mundo. El dinero en sí mismo no vale nada, cueste lo que cueste.

El dinero sólo sirve para adquirir bienes.

Sólo hay dos tipos de compradores, los que buscan productos tangibles y los que se decantan por productos intangibles. Con la cifra yo compro tiempo y espacio. El tiempo es mi vida y lo que hago con ella, porque no puedo comprar otra y difícilmente puedo alargar de manera sustancial la que ya tengo. Recuperar lo vivido es imposible. El espacio es movimiento y, salvo el musgo y los árboles, sólo lo que se mueve está vivo.

Mi cifra es modesta y asumible, pero no por ello menos inalcanzable a día de hoy. Mi cifra es un millón de euros. Ni dos, ni cien, ni mil, sólo uno. Si hubiera nacido en Eritrea a lo mejor mi cifra eran mil euros. Si hubiera nacido en Berna a lo mejor mi cifra eran diez millones de euros. Pero he nacido en España y ahi, hoy, yo, mis circunstancias, deciden la cifra: un millón de euros.

La cifra invertida, sin riesgos ni caprichos, me da en cualquier banco dos mil euros al mes sin recurrir a expertos fiscales ni a tentaciones paralegales. Dos mil euros al mes me alojan, me dan de comer, me permiten beber y salir, me llevan a mis amigos y me los traen a casa, pero, sobre todo, compran tiempo.

Esos dos mil euros me regalan ocho o diez horas al día, envueltas en papel multicolor y con un bonito lazo. A su vez, yo puedo invertirlas en aprender otro idioma, en escribir un libro, en hacer un curso de lo que se me antoje, en irme a vivir durante una semana o diez a otro país. Mi cifra ha comprado mi libertad, mi libertad es mi vida, mi cifra es mi libertad.

¿Cúal es tu cifra y que harías tú con ella?



(foto tomada de: Hannaichi)

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jueves, 11 de febrero de 2010

Planning

Nunca he sido de hacer planes detallados a largo plazo. Como todo, tiene su lado positivo y su lado negativo. Por un lado, uno tiene flexibilidad suficiente como para aceptar los cambios, los reveses y los contratiempos, y también para recibir con más alegría las buenas noticias. Por otro lado, dirán los pesimistas, uno está a expensas de lo que ocurra y de lo que decidan otros, la Fortuna o un Ser Supremo. ¿El determinismo y la inevitabilidad frente al libre albedrío? Un poco de todo, a mí parecer, porque uno no puede controlar los elementos, pero si que puede hacer girar el timón, arriar las velas o desplegarlas conforme a su propia e individual voluntad. Que esas acciones le lleven a buen puerto o a la catástrofe de unos arrecifes, es otra cosa.

También habría que definir que es lo que entendemos por largo, medio o corto plazo. En ciertos países se vive día a día o incluso hora a hora. En otros, se hacen planes de pensiones antes de llegar a los treinta años. En general, con momentos en los que nos da un respiro, la vida es una putada (o una agonía en el sentido etimológico griego si queremos presumir de haber abierto un libro).

Acaba de terminar Enero y, aunque sólo restan los pequeños detalles, por planificar unos, por verlos venir otros, pero a un mes de haberlo estrenado, 2010 tiene ya marcadas las fechas más importantes en el calendario de mi mente.

Ya se algo que va a pasar dentro de cuatro meses (aunque me hayan pedido que lo reconsidere) ; también se que estas Navidades le hice el regalo de su vida a una persona muy especial y que se lo entregaré dentro de cinco meses; se que tendré que despedirme de una amiga dentro de seis, y que será en otro continente; que las fiestas de mi ciudad natal no me las perderé dentro de siete meses y que las Navidades no me verán comiendo pavo.

Si, también se que a veces escribo en clave, pero yo me entiendo ¿verdad?.

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sábado, 6 de febrero de 2010

Su consciente

Ambos nos acercamos al frontal de la cabina, separados del agente por una pequeña estructura acristalada que no cubría toda la altura de la misma. Entregábamos nuestros pasaportes al funcionario de turno y comprobaba que ambos teníamos el visado electrónico en regla. El siguiente paso era verificar el pasaporte en sí, y para ello lo introducía en la ranura de una pequeña máquina que leía el chip en el interior de su portada. Pasados unos segundos retiraba el de mi acompañante e introducía el mío. La pausa se extendía más de lo normal y notaba que algo raro pasaba.

El hombre uniformado levantaba la mirada y se acercaba otro agente de aduanas, que tomaba los dos pasaportes para examinarlos. El chip del documento de mi compañera de viaje era distinto al mío, su circular indicador lumínico presentaba un color rojo brillante mientras que el mío era del color ambarino de las farolas que se ven al sobrevolar urbanizaciones de noche.

“Este pasaporte no es válido para entrar en el país”, me decía en perfecto español,”no es el modelo electrónico requerido”. Acabábamos de aterrizar y se me hizo un nudo en la garganta, los ocho días de vacaciones se iban a tomar por saco ¿tendría que permanecer en la zona de transito?¿me embarcarían en el primer vuelo de vuelta a Europa?.

“Tendrá que pagar usted treinta euros para poder entrar”, y me señaló otro mostrador a un par de metros. Dios aprieta pero no ahoga, el sino de mi vida, pensé yo mientras me acercaba a la señora mayor que dominaba el cubículo con su presencia.

Ante mi pregunta de si aceptaban VISA, la mujer me respondió (en español al notar mi acento) que sí, por supuesto, así que eché mano de la cartera para sacar una tarjeta caducada el mes anterior y hacer mi primer gasto en territorio estadounidense.

Mientras tanto mi compañera de viaje, mi ex-novia I., me esperaba con su mochila a la espalda, junto a la puerta de salida.

(Toma material onírico, Sigmund, a ver que me cuentas que no se me haya pasado ya por la cabeza – sí, es un juego de palabras)

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lunes, 13 de abril de 2009

4 x 10

No son 40, listillos, que os ponéis a dar por sentado de que va el post incluso antes de leer la primera frase, ¡ja!.

Por ponerme al día desde mi último y negro texto os resumo a grandes rasgos (¿son esas cuatro palabras seguidas una redundancia?) por dónde andan los papeles, las historias e, incluso este avilesino:

4 países son por los que pasaré en 10 días. Desde el lunes 6 de abril, que despegué de Irlanda (país número 1) y aterricé en Bélgica (país número 2) donde me quedé hasta el viernes 10, en que me subí a un tren en
Bruselas que esa noche me dejó en Frankfurt – Flughafen (Alemania, país número 3) donde llevo ya unos días, aunque el miércoles 15 despego de Frankfurt – Hahn con destino Madrid (hete aquí que llegamos al país número 4).

Unos días después, el domingo 18 o el lunes 19, aún no lo tengo decidido, la internacional pero no por ello menos entrañablemente asturiana y comprada ALSA me dejará en Avilés, por donde amigos, conocidos y vecinos me verán pasear (y por Gijón y Oviedo) hasta entrado mayo. Las celebraciones del Día del Trabajo (¿o era del trabajador?) me verán a mí desempleado, pero a mal tiempo, buena cara.

Y por seguir ese consejo, y por necesidad, y por afición, y porque los bolsos y los zapatos no me llaman la atención, he realizado la primera de tres compras que me van a alegrar mi (espero que corto) periodo sin cotizarle a la Seguridad Social (española, irlandesa o suiza, me es “inverosímil”).

Dado que había pasado de un total de tres portátiles a...cero (dos de ellos robados, uno más devuelto a la empresa al terminar el contrato), mi vida tenía un vacío que no podían llenar ni las puñaladas verbales de Manu, las lascivas insinuaciones de Mel o mi bien amada bodega, hasta que se escondió en una precintada caja de cartón que guarda
Sandra porque ni de coña se queda en casa de Mel (“la sede”). Pero Internet, esa maravillosa mezcla de Biblioteca de Alejandría y kiosko de barrio periférico, tiene todas las respuestas así que, después de mucho comparar y la creación de su correspondiente hoja de Excel para dejar por escrito las características (“naces Virgo, mueres Virgo”), fueron los amigos de Laptopsdirect, la pujante industria informática china (ex-USA) y mi querido banco y su nada amigable (porque no se correspondía con el que aparecía online) tasa de cambio “decadente Libra Esterlina versus pujante Euro” los que se llevaron el gato al agua.

Así que, aunque suba el texto en un Toshiba alemán (con teclado QWERTZ en lugar de QWERTY y un puñado de impronunciables símbolos en algunas teclas) porque la conexión de
Alice viene asociada a un software, en realidad lo he escrito desde mi casi flamante netbook Lenovo S10e ideapad, mientras veo como se pone el sol desde una terraza en Kassel.

Paso a paso, euro a euro, alegría (pequeña) a alegría (pequeña), volvemos al camino de la anormalidad, las incógnitas y las decisiones. O sea, a vivir.

Que son dos días.

jota busca

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sábado, 28 de febrero de 2009

Infanticidios mentales

Ante un niño que berrea a todo trapo en los estrechos confines de un avión, sólo caben dos actitudes:

Actitud conmiserativa, afectuosa, cariñosa, levemente preocupada, altamente solidaria, de alguien que ya es progenitor:

“Pobrecito, criaturita, ¿Qué le pasará?”.

Actitud del soltero/a:

“Genial, a todo pulmón, el Pavarotti aficionado éste reventándole los tímpanos a todo el pasaje”

Una de ellas es, por ejemplo, la de mi madre. La otra la de este aporreador de teclados. Y como mi madre no iba a bordo, pues no tenía a nadie al lado que me regañara por ser tan egoístamente protector de mis oídos.

Lo siento, mamá, pero el reloj no hace “tic, tac” lo suficientemente alto, o mis oídos han perdido sensibilidad por culpa de los berridos (era fácil colarlo en éste contexto, lo sé). El caso es que mis hormonas no están como locas buscando una fémina que incube al futuro portador de nuestro apellido, ese “Pérez” que no debe desaparecer de la faz de la Tierra. No, la paternidad aún no me llama y la Humanidad parece que no necesita ayuda para extinguirse ella solita.

Chillidos aparte, no puedo dejar de mencionar que, después de volar el fin de semana pasado con Ryanair, y acostumbrado al espartano Aer Lingus, los asientos Recaro de Iberia y la prensa gratuita me parecen un lujo. Y el café y el donut de Air Nostrum.

Vaya, hombre, ahora estoy seguro de que la situación no va a mejorar: el niño se ha cagado.

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Los pecados de nuestros padres

Cuando uno es joven y arrogante, jura al viento que sopla de poniente que nunca caerá en los mismos errores de sus padres. Él ha visto la tozudez y el desprecio imponerse en el trato con los abuelos, queridos y molestos a la vez. Recuerdo de una infancia protectora, monumento temporal a la inevitabilidad del deterioro físico y mental, son la prueba de fuego de nuestra impaciencia.

Él no será como ellos, que no saben lo que dicen, que pretenden aplicar trasnochadas costumbres y demandas en tiempos modernos, muy distintos de las cavernas en que ellos se criaron. Ellos no entienden, no comprenden, que las cosas ya no son “así”.

Y ahora que la juventud termina a las puertas de los cincuenta, que ya están más cerca que los veinte, uno sabe que cuando hablaba de esa manera tan convencida, en realidad no tenía ni puta idea de lo que decía.

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A ver que pasa

Cada uno se imagina mentalmente su calendario de una manera propia. Para unos, cada mes es representado por una columna subdivida en 28, 30 o 31 porciones horizontales. Para otros, como los calendarios de bolsillo o de pared, una gran cuadrícula con 12 cuadrículas más pequeñas en que los días aparecen representados en función de su posición en el mes, siguiendo un estricto orden numeral.

Lo haga como lo haga yo, sólo los tres primeros meses del 2009 están definidos, porque en Abril comienza una gran mancha gris que ni siquiera Atreyu se salta, montado o no en el níveo y rápido dragón.

Como los Danones, de los que me daban dos – o los inundaba en miel - si me venía en gana, mi contrato también tiene fecha de caducidad y ésta se aproxima inevitable y nada sibilinamente. No está el patio, ni el barrio, como para que una cantada noticia de (inexistente) finiquito sea acogida con fuegos artificiales. Tampoco anda la psique al borde del derrumbamiento. Menos mal.

¿Plan B? ¿Plan C? ¿un viaje que empieza en Beirut, un curriculum que se envía a Dublín, una temporada en Avilés? Por pensar, he pensado hasta en un Plan D, pero los dados no los lanzo yo, aunque admito que a veces, cuando nadie mira, intento mover la mesa. Sólo un poco.

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miércoles, 28 de enero de 2009

Miércoles con final felíz

Cuando la gente normal se muda de casa, suelen deshacerse de objetos molestos, no deseados o que, simplemente, les sobran. Y eso incluye libros: peso, volumen y el hecho de que poca gente leemos más de dos veces cualquier título, se conjugan para situarlos en la lista de productos que no llegan al nuevo hogar (junto con el portarretratos, horrible regalo de la madre política – caramba, eso suena peor que lo de “suegra”).

Ayer recibí un email, en una lista interna de la empresa usada para avisos, notas, compras, ventas, búsquedas de piso o de compañeros para compartirlo, etc., en la que un chico se mudaba y ponía a la venta varios artículos. Hoy he vuelto a casa con 6 euros menos en el bolsillo, pero me he traído también un par de obras del genio literario de Philip K. Dick, "The Penultimate Truth” y “Lies, Inc.”.

Para los jóvenes que no leéis libros, y pasáis de la pantalla del ordenador a la de la tele y a la del cine, estoy hablando del escritor en cuyos relatos se han basado películas como “Blade Runner”, “Desafío Total”, “Minority Report”, “Paycheck”, “A Scanner Darkly” o “Next”.

Mi lado friki, sanamente aficionado a la ciencia ficción, está hoy un poco más contento.

Por cierto, yo puedo prestar un libro o comprarlo para regalo pero soy incapaz de deshacerme de ellos una vez leídos. Les he dedicado horas de mi vida a leerlos y ellos, en la mayoría de los casos, me han recompensado con aventuras, sueños, amores, dolor o felicidad. ¿Cómo decirles adiós a todos esos momentos?

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martes, 23 de diciembre de 2008

Silencio administrativo

Volver a casa es como retroceder en el tiempo. Me espera una habitación saturada de recuerdos personales acumulados durante las décadas de una rápida infancia, inevitablemente turbulenta adolescencia y presunta madurez. Incluso el piso, con las naturales mejoras para paliar los efectos de la edad y el sometimiento a los vaivenes de la moda en lo que a decoración de interiores se refiere, exuda el mismo aire familiar de toda una vida de protección de sus habitantes.

Y, como no podía ser menos, no hay Internet en casa, así que se notará en forma de silencios en el blog (como se debería notar cuando estoy de trabajo hasta más allá de las orejas).

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sábado, 22 de noviembre de 2008

Juegos de memoria

Walter sólo tenía una bota cuando murió. La otra la podía haber perdido al sacar una pierna del barro, donde había estado enterrada hasta la rodilla, porque el barro nunca llegaba hasta los tobillos, ni se limitaba a manchar las suelas. Tampoco lo hacía la nieve, el otro elemento que se hacía presente alternativamente para hacer imposible la vida humana. En esas condiciones era agotador moverse de un lado a otro, de un montón de escombros al siguiente, del precario refugio de las ruinas de un bloque de oficinas a los cascotes que un día fueron el alojamiento de una veintena de familias. Pero las necesidades básicas del cuerpo humano no entienden de esos recuerdos y si son las seis de la mañana y tienes retortijones, lo que tienes que hacer es levantarte y buscar un lugar apartado. Cojeando, por la falta de una bota, Walter se alejó de los demás.

Nunca se le volvió a ver. Un francotirador ruso acabó con su vida en un frío amanecer en Stalingrado.

"Liebe Frau..." comenzaba el telegrama que recibió su viuda, como otros millones de telegramas recibidos en hogares alemanes. Ninguno de ellos mencionaba necesidades fisiológicas, congelación, hambre o cualquier forma de muerte que no fuera heroica.

Walter, tumbado en el sofá en el que habitualmente me siento yo, cubierto con la manta que siempre es escasa para cubrir el metro ochenta de Martin, lo cuenta con un suave acento británico empañado de languidez y cerveza. No fué sólo el nombre de su germano abuelo lo que recibió al nacer, también un parecido que hacía que su abuela se sobresaltara al verlo entrar en una habitación, pues le recordaba a su difunto marido.

El aún joven Walter (compañero de trabajo de mi suecoitaliano compañero de piso, Martin), mi melancólica visita esta noche de viernes, cuenta que en la misma II Guerra Mundial, su otro abuelo estaba alistado en el bando aliado, como mecánico de la RAF y acabó participando en los bombardeos de Dresde.

Nosotros tenemos familias rotas por una guerra fraticida, y también afectadas antes por asesinatos de los comunistas-anarquistas-socialistas en los años treinta y en las checas republicanas, también por los franquistas durante la guerra y luego durante la postguerra.

¿Removemos todos los huesos, escarbamos todas las cunetas, desempolvamos todos los archivos para saciar las ansias de alguno de reescribir la Historia?

¿Podemos, menos de ochenta años después, ser objetivos?

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viernes, 14 de noviembre de 2008

Otoño

Hay una parte de mí que se ve aceptando la oferta de pasar de un contrato temporal a uno fijo. Y que hasta hora había rechazado. Dos veces. Pasando de pagar un alquiler a multiplicar por dos el importe que sale de mi cuenta cada mes, aunque esta vez para una hipoteca. Continuando con escapadas, de fin de semana alargado, por toda esa Europa que aún me queda por descubrir.

Hay una parte de mí que no postpone al 2010 el planeado viaje de Abril de 2009, que se vuelve a echar la mochila a la espalda, que tiene que tramitar un pasaporte nuevo porque el actual no tiene suficientes hojas en blanco, que hoya como primerizo otras sendas, visita otros poblados, aprende saludos con otras palabras de extraña grafía y fonía, y practica el internacional idioma de la sonrisa.

Hay una parte de mí que se ve comprando ingeniosos artefactos escandinavos en Ikea, viviendo en La Corredoria o en Los Campos, trabajando a media hora matutina de coche, retrasando todo lo posible el lavado dominical del mismo, cumpliendo el ritual del vermuth el domingo, de los vinos cualquier día. Adiós a la Guinness y de vuelta a las Trabanco y Menéndez.

Todas esas partes, agitadas y sí, revueltas, y no, sin un chorrito de vodka, se tienen que poner de acuerdo en la letra pequeña de un contrato aún por redactar, entre yo mismo y mi mismo yo.

Intenciones para el año que viene cuando aún tose el presente.


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sábado, 6 de septiembre de 2008

Sólo ocurre una vez al año

Tenia tanto que darte
Tantas cosas que contarte
Tenia tanto amor,
guardado para ti...

Camino despacio pensando volver hacia atrás,
No puedo en la vida las cosas suceden no más...
Aún pregunto que parte de tu destino se quedó conmigo,
Pregunto que parte se quedo por el camino

Nena Daconte



Hace un año por estas fechas, yo estaba en el interior de un ger, en algún punto muy al sur de Ulaan Batar, rodeado por el desierto del Gobi. Un francés, una alemana, una francesa, un irlandés, tres finlandesas y dos botellas de vodka eran mis acompañantes esa noche. También un cielo bellísimo en el que millones de perlas destacaban sobre el negro terciopelo de la tranquilidad.

Ya había pasado el ecuador de mi viaje de un año por Asia y Oceanía pero aún me quedaban casi cinco meses de vagabundeo. No me había cansado la experiencia y seguía con ganas de mochilear por esa parte del mundo.

Al día de hoy llego con la imposibilidad de tomarme el viernes de vacaciones porque el 75% de la empresa está en una conferencia de ventas en Ródas, con la lluvia cayendo a cántaros sobre Dublín en particular e Iranda en general, y sin un vuelo barato a la vista. Obviamente, era imposible mejorarlo. Aunque esta noche no habrá fiesta regada por el licor de un Khan, por lo menos si habrá paella acompañada de albariño.

Más de siete meses después de haber vuelto al material Primer Mundo, y más de cuatro de tener una rutina laboral (y un salario que cobro semanalmente), aún no me he cansado de ir de lunes a viernes a la oficina más atípica del mundo.

Pero hace años que, cuando empieza Septiembre (y, por descontado, cuando las calles se pueblan de luces multicolores, importadas costumbres de gorros rojos con barba blanca y megafonía municipal) me da por mirarme el ombligo y elucubrar sobre pasados, presentes y futuros. Es algo casi obligado, siendo el hombre el único ser vivo del planeta que es consciente de la inevitabilidad de su fin, y el único con la capacidad de hacer algo de filosofía clásica, moderna y mucha de la barata.

Dicen que Dios aprieta pero no ahoga y que hay que tener cuidado con los deseos, porque se pueden acabar cumpliendo. Pídes mariposas en el estómago y acabas teniendo un vuelco en el corazón. ¿Quieres proyectos? Pues toma fechas límite. ¿Un programa completo? Llévate una demo.

No hay dos sin tres, suela de zapato sin polvo del camino, barra libre de tristeza sin camarero deprimido, collar de perlas sin piel de seda, carmín rojo sin deseo, fondo sin botella, arrebatadores ojos sin párpados de lágrimas.

Feliz cumpleaños, melancólico con alma de boxeador noqueado.

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domingo, 27 de julio de 2008

Bye, bye, island



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lunes, 16 de junio de 2008

Regreso al pasado

Los rebeldes se enganchaban a Mesalina como si de la droga de similar nombre se tratara, y no se la quitaban de la cabeza ni bañándose en el Mediterráneo. El malogrado Tino Casal también perdía la cabeza por una mujer, Eloise. Asistíamos a una historia sin final, con peludos dragones de níveo y bonachón aspecto. Un héroe llamado Búmbury estaba indeciso entre dos tierras. En la agenda de David Summers ya no cabía ni siquiera un prefijo. Los farsantes nos pedían que no nos confundieramos con lo que ellos decían, o más bien cantaban. Hacía falta muy poco para bailar La Bamba, nos recordaban Los Lobos. Mientras Haddaway se preguntaba qué es el amor, Madonna buscaba la respuesta rezando de una manera peculiar.

Y Loquillo, ebrio de melancolía y alcohol, veía amanecer sentado, sólo, en un Cadillac. Y a todos nos atraía la idea, poseídos por las hormonas y un romanticismo dramático que no admitía que un corazón roto pudiera ser sanado por otros labios.

Cuando en España vuelven los peinados de los 70, yo viajaba al futuro, que son los años 80, una madrugada de sábado, gracias a David, el pinchadiscos del pub Firmamento en Sabugo. Y aunque en estas “microminivacaciones” no ha habido mucho tiempo para visitar a amigos, no quería irme sin ver a mi prima Anabel, y de una tardía felicitación por su reciente boda, pasamos a salir a tomar algo por Avilés. Con el despuntar del día, éramos recogidos por su marido, cuando salió de trabajar en el Casino de Gijón, ejerciendo de improvisado, voluntario, y no remunerado, taxista.

Y es que si bebes, aunque sólo sean un par de cervezas, lo mejor es no conducir.

De hecho, lo mejor es que si conduces, no bebas.

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domingo, 6 de abril de 2008

Los días de verano…

primavera

…aún no han llegado a Dublín, porque hoy ha granizado no menos de cuatro veces en dos horas, desde la una y media hasta las tres y media. Eso sí, desde entonces, se han ido las nubes y cuando giro la cabeza a la izquierda, el cielo está francamente azul. Claro que estamos en primavera ¿verdad?

Domingo tranquilo, de datos curiosos, para los ociosos, en el calendario.

Un 6 de abril:

En 1520 muere el pintor y arquitecto italiano Rafael. En lo que no están de acuerdo sus biógrafos es en si nació también un 6 de abril de 1483 o el 28 de marzo de ese año.

1793, comienza el “Reino del Terror” durante la Revolución Francesa.

1814, Napoleón abdica y es exiliado a la isla de Elba.

1869, se patenta el celuloide.

Hoy se cumplen 112 años de las primeras olimpiadas modernas, los Juegos Olímpicos de Verano de 1896, en Atenas. Ocurren 1500 años después de que los Juegos originales fueran prohibidos por el Emperador Teodosio I. En 4 meses se celebraran otros Juegos Olímpicos en la mayor cárcel de periodistas e internautas del mundo, China. Viva el poder del dinero deporte.

reporteros sin fronteras
1917, los EEUU entran en la I Guerra Mundial, declarando la Guerra a Alemania.

1992, el mundo de la ciencia, el de la ficción y el hijo no reconocido de ambas le dicen adiós a Isaac Asimov.

1994, Comienza el Genocidio en Ruanda cuando es derribado el avión que transportaba al Presidente de Ruanda, Juvénal Habyarimana y al Presidente de Burundi, Cyprien Ntaryamira.

2005, El líder kurdo Jalal Talabani se convierte en el Presidente del Iraq post-Saddam. El chiita Arab Ibrahim al-Jaafari es nombrado Primer Ministro al día siguiente.

Y no tiene nada que ver con la fecha, pero parece que mis dos apellidos los compartimos 24.467 personas y que, muchos se sorprenderán, es sólo el 177 apellido más común en España.

¿Y los tuyos?

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miércoles, 13 de febrero de 2008

Amarga derrota

Le pregunté a V. si ella sabía algo pero no tenía ni idea de lo que había ocurrido. También si, y ahora es obvia la respuesta, la empresa se lo había comunicado a los empleados. Pero no, A. no había mandado ningún correo electrónico ni informado del fallecimiento de manera oficial u oficiosa. No quiero decir que fueran insensibles, lo más probable es que no quedara nadie que la conociera o mantuviera el contacto con ella.

Sharon Rice fue mi jefa durante cuatro o cinco meses, allá por Mayo/Junio de 2006, durante la transición de la empresa S. a la empresa A. a la que todos fuimos transferidos. Mi equipo en esas fechas era pequeño, diez personas, en comparación con el resto de equipos afectados y mantuvimos la independencia durante un par de meses. Después nos llegó el turno a nosotros y me encontré con que Sharon iba a ser sombra, supervisora y mentora de mi equipo.

Por aquel entonces teníamos asignadas dos tareas que a primera vista parecían no relacionarse en modo alguno: contratos y comisiones. Simplificando mucho (y sin usar palabras o conceptos incomprensibles para los ajenos a estos procesos) gestionábamos y renovábamos los contratos de las empresas que vendían los productos de nuestro cliente y, paralelamente, identificábamos las ventas, calculábamos las comisiones y autorizábamos el pago de las mismas. Si la parte contractual era relativamente sencilla, la financiera era (y es) un complejo proceso trimestral que se prolongaba…durante todo el trimestre.

Sharon mantuvo infinidad de reuniones conmigo para entender nuestros procesos y se centró principalmente en el tema contractual, con reuniones diarias con esa parte de mi equipo, un seguimiento pormenorizado de la evolución del trabajo y un empeño personal en mejorar y dotar de mayor eficacia a todas las partes del proceso. Me apoyó, escuchó y guió cuando hizo falta o lo solicité, y siempre, siempre, sonreía. Cuando volví al trabajo después de enterrar a mi padre, ella me confesó que comprendía mi dolor porque ella había visto de cerca el rostro de la muerte: unos años atrás se enfrentó a un cáncer y lo venció.

De la noche a la mañana, desapareció.

P., que por entonces era su jefe, me comunicó que una nueva persona, M., ocupaba su puesto. Como ocurren esas cosas, no hubo explicaciones aparte de que ella ya no trabajaría con nosotros y nunca más supe o supimos de ella. Ahora me han llegado rumores sobre los problemas de salud afectando al rendimiento laboral e historias similares que no se cuanto fundamento tienen.

Hace unos días volví a saber de ella. El cuatro de febrero me enteré de que el fin de semana se le dijo adiós a su pelo rubio, su simpatía y su sonrisa, marcas características de un gran hacer profesional y personal. Esta vez el cáncer la había derrotado.

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