Walter sólo tenía una bota cuando murió. La otra la podía haber perdido al sacar una pierna del barro, donde había estado enterrada hasta la rodilla, porque el barro nunca llegaba hasta los tobillos, ni se limitaba a manchar las suelas. Tampoco lo hacía la nieve, el otro elemento que se hacía presente alternativamente para hacer imposible la vida humana. En esas condiciones era agotador moverse de un lado a otro, de un montón de escombros al siguiente, del precario refugio de las ruinas de un bloque de oficinas a los cascotes que un día fueron el alojamiento de una veintena de familias. Pero las necesidades básicas del cuerpo humano no entienden de esos recuerdos y si son las seis de la mañana y tienes retortijones, lo que tienes que hacer es levantarte y buscar un lugar apartado. Cojeando, por la falta de una bota, Walter se alejó de los demás.
Nunca se le volvió a ver. Un francotirador ruso acabó con su vida en un frío amanecer en Stalingrado.
"Liebe Frau..." comenzaba el telegrama que recibió su viuda, como otros millones de telegramas recibidos en hogares alemanes. Ninguno de ellos mencionaba necesidades fisiológicas, congelación, hambre o cualquier forma de muerte que no fuera heroica.
Walter, tumbado en el sofá en el que habitualmente me siento yo, cubierto con la manta que siempre es escasa para cubrir el metro ochenta de Martin, lo cuenta con un suave acento británico empañado de languidez y cerveza. No fué sólo el nombre de su germano abuelo lo que recibió al nacer, también un parecido que hacía que su abuela se sobresaltara al verlo entrar en una habitación, pues le recordaba a su difunto marido.
El aún joven Walter (compañero de trabajo de mi suecoitaliano compañero de piso, Martin), mi melancólica visita esta noche de viernes, cuenta que en la misma II Guerra Mundial, su otro abuelo estaba alistado en el bando aliado, como mecánico de la RAF y acabó participando en los bombardeos de Dresde.
Nosotros tenemos familias rotas por una guerra fraticida, y también afectadas antes por asesinatos de los comunistas-anarquistas-socialistas en los años treinta y en las checas republicanas, también por los franquistas durante la guerra y luego durante la postguerra.
¿Removemos todos los huesos, escarbamos todas las cunetas, desempolvamos todos los archivos para saciar las ansias de alguno de reescribir la Historia?
¿Podemos, menos de ochenta años después, ser objetivos?
Nunca se le volvió a ver. Un francotirador ruso acabó con su vida en un frío amanecer en Stalingrado.
"Liebe Frau..." comenzaba el telegrama que recibió su viuda, como otros millones de telegramas recibidos en hogares alemanes. Ninguno de ellos mencionaba necesidades fisiológicas, congelación, hambre o cualquier forma de muerte que no fuera heroica.
Walter, tumbado en el sofá en el que habitualmente me siento yo, cubierto con la manta que siempre es escasa para cubrir el metro ochenta de Martin, lo cuenta con un suave acento británico empañado de languidez y cerveza. No fué sólo el nombre de su germano abuelo lo que recibió al nacer, también un parecido que hacía que su abuela se sobresaltara al verlo entrar en una habitación, pues le recordaba a su difunto marido.
El aún joven Walter (compañero de trabajo de mi suecoitaliano compañero de piso, Martin), mi melancólica visita esta noche de viernes, cuenta que en la misma II Guerra Mundial, su otro abuelo estaba alistado en el bando aliado, como mecánico de la RAF y acabó participando en los bombardeos de Dresde.
Nosotros tenemos familias rotas por una guerra fraticida, y también afectadas antes por asesinatos de los comunistas-anarquistas-socialistas en los años treinta y en las checas republicanas, también por los franquistas durante la guerra y luego durante la postguerra.
¿Removemos todos los huesos, escarbamos todas las cunetas, desempolvamos todos los archivos para saciar las ansias de alguno de reescribir la Historia?
¿Podemos, menos de ochenta años después, ser objetivos?











2 comentarios:
Sí, se ve que el gobierno de ZP quiere enfrentar a la población actual ,que en su mayoría no tiene ni idea de lo que sucedió en esos años. Así, se olvidan de los problemas actuales: ya no existen ni crisis, ni paro, ni problemas de inmigración......No hace falta remover fosas para recordar a los caídos de los 2 bandos. Un saludo,Anna
Después de todo, aquí no llegó la crisis hasta el 12M, porque antes de que empezaran a caer las papeletas lo que había era alarmismo interesado y pánico injustificado. Pero no te preocupes, que seguro que los rusos aumentan el número de gasolineras y crean empleo.
Un saludo.
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