viernes, 14 de noviembre de 2008

Otoño

Hay una parte de mí que se ve aceptando la oferta de pasar de un contrato temporal a uno fijo. Y que hasta hora había rechazado. Dos veces. Pasando de pagar un alquiler a multiplicar por dos el importe que sale de mi cuenta cada mes, aunque esta vez para una hipoteca. Continuando con escapadas, de fin de semana alargado, por toda esa Europa que aún me queda por descubrir.

Hay una parte de mí que no postpone al 2010 el planeado viaje de Abril de 2009, que se vuelve a echar la mochila a la espalda, que tiene que tramitar un pasaporte nuevo porque el actual no tiene suficientes hojas en blanco, que hoya como primerizo otras sendas, visita otros poblados, aprende saludos con otras palabras de extraña grafía y fonía, y practica el internacional idioma de la sonrisa.

Hay una parte de mí que se ve comprando ingeniosos artefactos escandinavos en Ikea, viviendo en La Corredoria o en Los Campos, trabajando a media hora matutina de coche, retrasando todo lo posible el lavado dominical del mismo, cumpliendo el ritual del vermuth el domingo, de los vinos cualquier día. Adiós a la Guinness y de vuelta a las Trabanco y Menéndez.

Todas esas partes, agitadas y sí, revueltas, y no, sin un chorrito de vodka, se tienen que poner de acuerdo en la letra pequeña de un contrato aún por redactar, entre yo mismo y mi mismo yo.

Intenciones para el año que viene cuando aún tose el presente.


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