Cuando uno examina a las aspirantes, al principio es más bien delicado y exquisito. Las proporciones son importantes, así como el buen estado y que sean agradables a la vista. Uno la busca ideal, perfecta. El hecho de que se las vea arregladas y cuidadas, sin aspecto de abandonadas o, incluso, demacradas, es lo primero que, literalmente, se mira. Se hacen preguntas, porque no todo está en lo que salta a la vista, y la mayoría de las veces nos agradan las respuestas.
Entonces es cuando uno planea su avance, muestra su entusiasmo, se lanza al ataque...y no llega la llamada, no hay segunda cita, no se vuelve a saber de ella. Y no se desiste, se la olvida pero se busca a otra, tal vez menos guapa, y uno planea su avance, muestra su entusiasmo, se lanza al ataque...y no llega la llamada, no hay segunda cita, no se vuelve a saber de ella. Y no se desiste, se la olvida pero se busca a otra, definitivamente menos guapa, y uno planea su avance, muestra su entusiasmo, se lanza al ataque, y no llega la llamada, no hay segunda cita, no se vuelve a saber de ella.
Por aquello de que todos somos humanos, y tenemos unas necesidades básicas que satisfacer, siento que se me echa el tiempo encima, que las horas se acortan, que he de tomar una decisión lo antes posible, porque se me pasa el arroz (y, de hecho, el próximo sábado cambio uno de los dos dígitos, y no es el que está en primer lugar, que hace tiempo que las velas las debería comprar por decenas).
Pero cuando escribo estas líneas, a las ocho de la mañana del sábado, aún no se si la habré encontrado antes de que acabe el día.
Y es que lo de buscar piso es tan complicado...
En ésta mi tercera semana aplicado a la tarea, ya he perdido la cuenta de los pisos, apartamentos y estudios a los que he ido, casi a razón de dos al día. Y es, realmente, como buscar novia, cumpliéndose a la perfección aquello de que "a quien quiero no me quiere, y a quien me quiere, yo no la quiero". O casi.
La bicicleta no es una opción porque no tardaría más de dos días en rozar a un coche (¿sabéis cómo es el tráfico por el centro?), atropellar a un peatón (porque cruzan, sin mirar, por cualquier lado) o ser atropellado por un autobús (sus conductores aparentemente canjean diez latas de cerveza vacía por un permiso de conducir). Y, además, de aquí a unas semanas llegará la lluvia, horizontal y destrozaparagüas gracias al viento racheado, y no quiero protegerme a base de parecer un tripulante del barco de Pescanova (¿y os imagináis montar así en bicicleta?).
¿Qué es lo que busco? Lo primero es location, location, location, es decir, situación, situación, situación. Google está a 20 minutos caminando del centro, al Este del mismo, así que me gustaría vivir en el centro, entre Google y el centro o al Sur de Google, siempre a una distancia caminable, de no más de 30 minutos. Supongo que ahora mismo los madrileños, barceloneses e incluso ovetenses, estaréis tirados por el suelo, muertos de risa porque pido imposibles, acostumbrados como estáis a coger metros, cercanias, autobuses urbanos e interurbanos o a levantarse dos horas antes de entrar a trabajar para no pillar los atascos de la eme-nosecuanto.
Pues no señor, en la capital irlandesa eso es posible, siempre que pagues un precio, claro está. Y con los sueldos de Dublín en la media teórica de los 36.000 euros brutos anuales (para alguien sin cargas/deducciones familiares eso supone unos 3000 euros brutos - o 2.300 euros netos -, doce veces al año), dedicar entre un 28 y un 33% de los ingresos mensuales a pagar un alquiler, no es ningún despilfarro. Incluso si uno acaba de llegar al país, se ha metido a trabajar en un centro de atención al cliente y cobra 1400 euros netos, puede encontrar alojamiento por poco más de 500 euros al mes. En España, con el doble de tasa de paro, y con el sueldo medio teórico mensual de sólo 1679 euros brutos, un práctico mileurista madrileño, sin embargo ¿dónde se mete a vivir por 333 euros?.
En la capital irlandesa, el coste medio de una habitación doble, en el segundo trimestre del 2008, es de 649 euros en el centro de la ciudad, 525 en el norte, y 568 al sur de la misma. Irlanda no se libra de la crisis mundial y al resentirse el ladrillo, se resienten también los alquileres que han bajado un 1,8% con respecto al mismo periodo del pasado año(cosa que no acabo de entender, porque si la gente no compra, continúa alquilando, con lo que los precios ¿no deberían permanecer igual o incluso subir levemente?).
Partiendo de lo que me cuesta la habitación ahora, lo que yo intento es encontrar un sitio en el que pague sólo entre un 10 y un 20% más y recorte, por lo menos, en un 20% mi tiempo de paseo hasta la oficina. Eso se llama calidad de vida. Aunque el tramo medio alto del mercado está poblado de precios que empiezan desde los 700 euros, y mi competencia no son los 70.000 jóvenes que estudian en las facultades de Dublín, hay un pequeño margen de alojamientos entre los 550 y los 650 euros que son los que me interesan.
Buscar un piso para alquilar comienza con el boca a boca, y sigue consultando el indispensable DAFT, la mayor base de datos irlandesa en Internet de propiedades para alquiler. Encuentras la que te interesa, envías un email o telefoneas, y se concierta una cita. A veces te dicen una hora determinada, pero otras hay "open viewing" con lo que, por ejemplo, un jueves de ocho a nueve te encuentras con una cola de gente que espera a entrar en la propiedad, o compartes con otras personas la visita guiada por la misma. Haces preguntas, esperando que sean lógicas e inteligentes (¿Internet?¿facturas mensuales?), intentas caer simpático y que te vean como un compañero de piso ideal, confirmas tu interés, dejas tu nombre y número de teléfono en una larga lista, y a esperar a que te toque la lotería en forma de llamada telefónica.
Y cuando no te llaman, o ves la propiedad alquilada, o tienen la educación de mandarte un SMS o un correo para confirmar que has de seguir buscando, pues a repetir el proceso. Una o dos veces al día.
El tiempo se me acaba porque ya hay una parejita dispuesta a mudarse, el lunes, al piso que abandono (y que he disfrutado durante un mes en solitario, porque mi compañero se ha ido del país con su novia, a trabajar a Luxemburgo). La buena noticia es que ellos tienen pagado, y no les devolveran ni un céntimo, el piso en el que están ahora hasta el 22 de Septiembre, así que tengo, como máximo, hasta ese día para encontrar alojamiento, porque a ellos no les importa esperar. El problema es que cada día de Septiembre que me quede aquí, he de pagar (prorrateado, eso sí, porque mi casera se ha portado bien) por el total del piso, así que cuanto antes me vaya, mejor.
Conforme se acerca el fatídico momento en que será impepinable abrir la cartera más de lo acostumbrado y la cuenta atrás para convertirme en sin techo, confieso que me pongo nervioso. Después de cuatro noches seguidas sin apenas pegar ojo, y teniendo que levantarme igualmente a las ocho menos veinte para ir a trabajar (ejem, a las ocho menos diez cuando no me afeito), ayer estaba en la cama a las once...y hoy me despertaba, definitivamente, a las siete y media. ¡Toma ya!
De momento, los finalistas de la semana, en los que tengo depositada mi confianza a un día de mi hipotética mudanza, son:
a) Martin, italo-sueco, con 580 Eur por una habitación doble en un piso de dos habitaciones en el corazón del IFSC, el centro financiero irlandés, y con balcón en el cuarto de estar.
b) Peter, irlandés, 560 Eur por una amplia (y no muy nueva) habitación doble (y grande) en una vieja casa de cuatro habitaciones, acompañados de una chica de Barcelona y otra de Valladolid, en una zona, er, no precisamente pija.
c) Iwona, polaca, 600 Eur por una habitación individual en un pisito (impecable) de dos habitaciones y dos niveles, junto al Canal y viviendo también con su novio, de la misma nacionalidad.
d) John, irlandés, 625 Eur por un estudio, de cama individual pero con casi una pared de armarios y estanterias, en un bajo, con la cocina metida en un gran armario y un baño completamente renovado. Como es habitual (a ver ¿quién no lo ha visto en cualquier episodio de Friends?), la lavadora está en un cuarto aparte, o sea, fuera y comunitaria. Ah, y al contrario que los demás sitios, este piso está al Sur. No, más al Sur.
Confio en que mi próximo post lo escriba en otro piso, contando mi mudanza...y que sea pronto.
A ver, ¿tengo el teléfono encendido y con cobertura?
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