domingo 7 de febrero de 2010

Uno no es tan soltero

Con motivo de mi texto publicado el sábado pasado en el que decía que llevaba tres días sin abrir la nevera de casa, he recibido multitud de llamadas telefónicas, correos electrónicos y a caballo e incluso varios faxes. El tono de preocupación, alarma e interés de todos ellos, enviados por distintas ONGs (como “Salvemos al Soltero” o “Solteros Sin Fronteras”) y agrupaciones de empresarios (“Asociación de Jovenes Cultivadores de Zanahorias” o “Colectivo de Plantadores de Boniatos”, entre otras), me obliga moralmente a escribir un texto para aclarar algunos puntos que pueden haber inducido a confusión.

No, mamá, no he dejado de beber leche. Estoy al tanto de la importancia del calcio en la dieta, aunque a mis años los huesos no van a hacerse muchos más fuertes. Pero es en el trabajo donde la bebo, servida directa de la nevera que almacena leche tanto entera como desnatada, esa que sólo toman los que tienen problemas de salud o los gordos (vamos, seamos sinceros, aparte de en los anuncios con maridos deportistas y esposas-madres estilizadas, ¿habéis visto a alguien sin problemas de sobrepeso diciendo “no, yo tomo sólo leche desnatada” en la vida real?).

No, mamá, no he dejado de comer, que soy consciente de que uno se muere si lo hace, aunque tú siempre me encuentras (cada vez más) delgado cuando me ves. Pero la semana pasada era la última de Enero y ese mes es final de trimestre (“Quarter end” decimos aquí) en la multinacional en la que trabajo. Eso significa que hay departamentos que echan más horas y todos arrimamos más el hombro para poder llegar a los objetivos del trimestre. Eso también significa que el miércoles, jueves y viernes la empresa nos puso en la cafetería sandwiches, bocadillos, bolsas de patatas fritas y refrescos para servirnos libre, y gratuitamente, a la hora de comer. Además, el jueves y el viernes por la tarde un servicio de catering nos trajo comida caliente, a elegir tres platos principales, un buffet de ensaladas y una variedad de tartas. Igualito, igualito que en España.

Claro, con todo lo anterior eran tres días básicamente sin hacer la compra y la nevera de un soltero siempre está más vacía que la del que vive en compañía. Y las cosas caducan. Y yo sólo compro leche los sábados, para echarle al café. Y una semana después de mi última compra láctea, que aquí sólo la venden fresca y por eso caduca a la semana, pues eso...

Tu hijo, que te quiere y no está en huelga de hambre.

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sábado 6 de febrero de 2010

Su consciente

Ambos nos acercamos al frontal de la cabina, separados del agente por una pequeña estructura acristalada que no cubría toda la altura de la misma. Entregábamos nuestros pasaportes al funcionario de turno y comprobaba que ambos teníamos el visado electrónico en regla. El siguiente paso era verificar el pasaporte en sí, y para ello lo introducía en la ranura de una pequeña máquina que leía el chip en el interior de su portada. Pasados unos segundos retiraba el de mi acompañante e introducía el mío. La pausa se extendía más de lo normal y notaba que algo raro pasaba.

El hombre uniformado levantaba la mirada y se acercaba otro agente de aduanas, que tomaba los dos pasaportes para examinarlos. El chip del documento de mi compañera de viaje era distinto al mío, su circular indicador lumínico presentaba un color rojo brillante mientras que el mío era del color ambarino de las farolas que se ven al sobrevolar urbanizaciones de noche.

“Este pasaporte no es válido para entrar en el país”, me decía en perfecto español,”no es el modelo electrónico requerido”. Acabábamos de aterrizar y se me hizo un nudo en la garganta, los ocho días de vacaciones se iban a tomar por saco ¿tendría que permanecer en la zona de transito?¿me embarcarían en el primer vuelo de vuelta a Europa?.

“Tendrá que pagar usted treinta euros para poder entrar”, y me señaló otro mostrador a un par de metros. Dios aprieta pero no ahoga, el sino de mi vida, pensé yo mientras me acercaba a la señora mayor que dominaba el cubículo con su presencia.

Ante mi pregunta de si aceptaban VISA, la mujer me respondió (en español al notar mi acento) que sí, por supuesto, así que eché mano de la cartera para sacar una tarjeta caducada el mes anterior y hacer mi primer gasto en territorio estadounidense.

Mientras tanto mi compañera de viaje, mi ex-novia I., me esperaba con su mochila a la espalda, junto a la puerta de salida.

(Toma material onírico, Sigmund, a ver que me cuentas que no se me haya pasado ya por la cabeza – sí, es un juego de palabras)

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sábado 30 de enero de 2010

Desayunos con sorpresa

Esta mañana he abierto la nevera por primera vez en tres días y lo que he descubierto me ha llevado a tomar el café del desayuno, en la cama, casi como un señor, sin una sóla gota de leche. El blanco producto de las vacas que yo tenía en casa había decidido emprender una nueva carrera en Hollywood;

“Interior de un piso en silencio. En la oscuridad se adivinan las sombras de algunos muebles y se intuye un desorden general. El ruido de las llaves en la puerta anuncia la llegada del inquilino que, avanzando por un pasillo en que la única decoración es una mesita con la foto de una mujer sobre ella, gira la esquina y entra en la pequeña cocina. Al abrir la nevera, vemos el destello de una placa de detective de la policía de Nueva York en el cinturón del hombre. En su costado izquierdo, una negra pistola duerme en su funda. El hombre, pasada la treintena y con el rostro inexpresivo a fuerza de haber visto todo los grados del sufrimiento, extiende su brazo hacia el interior donde verduras y vegetales brillan por su ausencia y saca [ojo, prestad atención que ahora entra en escena mi amigo] un cartón de leche que se lleva directamente a los labios...para una décima de segundo después escupir lo poco que había entrado en su boca. Con gesto asqueado vemos como da un paso hacia el fregadero y, girando el cartón, vierte en él su contenido, que es más grumos que líquido.”

Aunque me abandonó sin dejar ni una miserable nota de despedida, le deseo lo mejor en su futura carrera como atrezzo.

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lunes 7 de diciembre de 2009

Panaderos, madres y el coste de la vida

Mi panadero vivió en Dublín, pero se volvió a España porque todo estaba carísimo. Bueno, en realidad no es mi panadero porque yo casi no como pan y cuando lo hago, lo compro en el supermercado, pero es “de mentira” de ese que terminas cocinando tú en el horno y que puedes tener durante un par de meses metido en el armario, esperando al momento en que la fecha, la hora o la falta de ganas de salir a la calle te hagan buscarlo.

Naturalmente de quien hablo es del panadero de mi madre, señora que se levanta (y no es precisamente remolona) cuando él ya ha dejado la media barra en una bolsa de plástico colgada del picaporte. Sólo cuando toca pagar, al finalizar la semana, coinciden los tres: la pagadora, el que lleva el producto y el producto mismo. Y en una de estas ocasiones que siempre propician algún tipo de charla (en la que mi madre, que conoce a todo el mundo y tiene de habladora lo que yo de tímido) es cuando él se lo dijo. No diré yo que eso viniera a colación de algún comentario materno del tipo “(suspiro, exclamación), si es que lo tengo tan lejos, en Dublín, si por lo menos estuviera más cerca...(suspiro)”.

Eso último me lo invento, pero seguro que no dista mucho de la realidad, porque uno conoce algo a su madre (como ella conoce a su vástago, independientemente de que conocimiento y comprensión no tengan porqué ir de la mano). El viernes pasado, cuando hablé con ella por teléfono, se encargó de dispararme a bocajarro el comentario, como si yo acabara de llegar a la isla atraido por los cantos de sirena de otros viajeros (o los de alguna sirena en particular).

Pues, mamá, perdona que disienta de lo que opìna el panadero, y que tú inmediatamente suscribes, y te confunda un poco más diciendo que Dublín es caro para vivir pero no para trabajar. Claro, uno se viene de turista de provincia periférica a pasar aquí tres o cuatro días y el precio de bajar en autobús desde el aeropuerto hasta el centro (7 o 12 euros, según sea billete sencillo o ida y vuelta en el Aircoach), el coste de una pinta de cerveza (más cerca de los 6 que de los 5 euros), el alojamiento en un hotel céntrico (entre 50 y 60 euros de media, sin buscar ofertas) o los menús de dos platos más vino por 15 o 20 euros le parecen...¿qué le parecen en realidad?.

Porque estamos comparando Avilés, Gijón u Oviedo con ni más ni menos que la capital de Irlanda, de un país, no con una ciudad de provincias, coimes. Con Madrid se pueden comparar los costes, claro, pero ¿es realmente mucho más barata la capital hispana que la irlandesa para un turista?.

Pero me desvío del tema porque, en realidad, de lo que estamos hablando, de lo que mi madre quiere hablar, es de la diferencia entre vivir en Avilés (lo que ella conoce) o hacerlo en Dublín.

Hablemos del coste de la vida y usemos la misma frase que llevo repitiendo 6 años: “las cosas son 1.5 veces más caras, pero tenemos el doble de salario”. Con matices, con décimas y con precisiones pero las cosas son básicamente así.

Vamos a hablar de un caso más o menos típico, no del mío, que uno tiene ya unos años y han sido ya tres las veces que he vuelto a Irlanda en busca de trabajo, tras paréntesis voluntarios y forzosos.

Digamos que se acaba una carrera y se decide venir durante un año a vivir a Irlanda, aprender el idioma, meterle contenido no académico al currículum. Uno llega de novato, balbuceando el idioma de Shakespeare con acento de Alcorcón y el primer trabajo que obtiene es de friegaplatos, donde nadie va a pedirle que repita una frase, o de camarero, pero con algo mejor nivel de inglés. Tras un mes de trabajo en su cuenta bancaria aparecen no menos de 1200 euros, cobrados proporcionalmente semana a semana. Pero mejora el inglés y ya se puede ir a entrevistas para otros puestos, o cuando se ha llegado se ha esquivado la opción hostelería para irse directamente a Adecco, Manpower, o cualquier otra ETT que no tienen nada que ver con la forma de llevar sus negocios en la atrasada, también en esto, España.

El lugar básico de trabajo es un Call Center en el departamento de Atención al Cliente. De Symantec a IBM, cualquier empresa de tecnología de las aquí radicadas necesita hispanohablantes para atender preguntas, dudas y también quejas. La cifra que aparece en el contrato de trabajo sea probablemente de entre 23000 y 25000 euros brutos al año. Nuestro españolito, que acaba de llegar a Irlanda o deja atrás un par de meses trabajando en la hostelería, ve como su cuenta corriente engorda entre 1514 y 1645 euros cada mes.

Pero, claro, hay gastos, ¿verdad mamá?. Hay que pagar un alquiler, entre 350 y 550 euros por compartir piso o casa y según el número de habitaciones, la zona y la distancia (a pie, autobús o tranvía) del centro. Hay que pagar unas facturas, o la parte proporcional de ellas, de electricidad y, en su caso, televisión/internet. Hay que comer todos los días, por lo menos tres veces. Hay que ir al trabajo en transporte público. Y hay que salir a tomar algo, por lo menos el viernes, sino el sábado, y eso incluye alguna cena o comida por ahí con los amigos.

Mamá, si sumamos todo eso nuestro españolito se está gastando aproximadamente de 700 a 900 euros de lo que gana, según sea de ahorrador o derrochador. Una barbaridad, un sueldo completo para mucha gente en España.

Pero después de eso, de su sueldo (de, digamos, 1575 euros/mes netos) aún le quedan entre 875 y 675 euros más al mes en su cuenta corriente. Y ya está, no hay más gastos salvo el ocasional viaje cada pocos meses de unos días a la casa familiar, donde el chantaje materno no deja de repetir, suspirando, las dos principales máximas a las que se aferra: “vienes tan poco tiempo” y “es que estás tan lejos”.

Y entonces soy yo el que suspira...

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jueves 19 de noviembre de 2009

De Hemingway por Hemingway

Valerie quería ser escritora, pero para ello sus padres hubieran tenido que mandarla a la Universidad, lo cual, con tres hermanos mayores que tenían prioridad, lo que le esperaba a ella era encontrar marido y convertirse en ama de casa. Si no podía ser escritora, lo más parecido que había, y que podía reportarle ingresos, era ser periodista. Pero decidió no hacerlo en Irlanda, donde había nacido y vivía, sino que se fue a España. En Madrid se alojó en casa de una familia, que le proporcionaba cama y comida a cambio de darles clases de inglés a sus hijos. Al mismo tiempo, enviaba artículos al Irish Times y realizaba entrevistas en inglés para un servicio belga de noticias.

Era 1959, Valerie tenía apenas 18 años y al poco de llegar a España conoció a Ernest, Don Ernesto, que se convertiría en su suegro unos años más tarde, desgraciadamente tras el suicidio del escritor.



Ayer asistí a una conferencia de la escritora, con el tema “El Ernest que yo conocí”, en las instalaciones de la RDS (Royal Dublin Society). Durante más de una hora, nos habló del Hemingway de las cuadrillas, la fiesta y los San Fermines. También de su disciplina creativa, pues no dejaba pasar un día sin escribir. De su progresiva paranoía, de su casa en Habana, del inicio de una cuesta abajo hacia la depresión y un arma de fuego. En calidad de confidente, secretaria y amiga, Valerie tuvo una privilegiada posición para contemplar al escritor más febril, al juerguista más noctámbulo, y el ocaso de ambos.

Fue una charla muy interesante que sólo tuvo un punto negativo. Al término de la misma, se nos invitó a pasar a la adyacente Biblioteca, donde nos esperaba café, té, agua y copas de vino. Y también la Tercera Edición de Venta de Libros de la RDS, compuesta por ejemplares duplicados y otros descatalogados. Y, claro, con precios mayoritariamente de 1 euro por libro pasó lo que tenía que pasar...

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jueves 12 de noviembre de 2009

Del comunismo a la democracia, el caso polaco

Los españoles nos hemos convertido en expertos a la hora de alabar nuestra transición. No es para menos, pues fuimos capaces de pasar de un régimen autoritario a un régimen democrático sin fractura social ni derramamiento de sangre. Políticamente no son relevantes siquiera el caso del GRAPO o de ETA, sino más bien anecdóticos en cuanto a su intento de volcar a España en el abismo utópico de uno o en el aislamiento independentista de la otra. Son ellas dos ejemplos de minorías que turbiamente, y ajenas al deseo del pueblo de paz y libertad, aún colean ocasionalmente, causando mucho dolor y cada vez menos simpatías.

Veinte años después de que nuestro país diera esos tímidos pasos hacia el futuro, en un país de Europa que había sufrido revoluciones, represiones, huelgas y Ley Marcial, se reunían en una mesa los representantes de la ilegal oposición y los gobernantes de ese estado, miembros del único partido legal, el comunista.

La oposición era el sindicato Solidarność (Solidaridad) y el país, Polonia.

Ayer por la tarde tuve el placer de asistir a una charla en European Union House para commemorar el vigésimo aniversario de esa ronda de negociaciones y las primeras elecciones libres desde la II Guerra Mundial. Con una breve introducción del Embajador de Polonia, actuó como moderadora la Dra. Jacqueline Hayden, que escribió su tesis doctoral sobre “El Colapso del Comunismo en Europa: como las erróneas percepciones estratégicas de la ronda de negociaciones produjeron resultados inesperados”. Es autora además de dos libros sobre la transición polaca y viajó al país en los años ochenta como periodista, entrevistando a líderes tanto del Partido Comunista como de Solidaridad.

El, por así decirlo, plato fuerte era la presencia de Zbigniew Bujak, mano derecha del histórico y mundialmente conocido Lech Walesa, el carismático líder de Solidaridad. Zbigniew fue electricista y capataz de Ursus, una de las mayores fábricas de tractores de Polonía a finales de los años setenta y en Septiembre de 1980 se convirtió en la máxima autoridad del sindicato en la zona de Varsovia. Como tal, organizó comités ilegales, incluyendo prensa y radio. Arrestado en 1984 después de haber escapado de la policia secreta durante casis tres años y medio, se convirtió en el último líder de Solidaridad en ser capturado. Poco después fué liberado como parte de una amnistía general y así pudo participar en la mencionada ronda de negociaciones con el gobierno comunista en 1989 y ese mismo año fué elegido como parlamentario. En los años noventa, se inclinó por apoyar a partidos de izquierda y en 1992 ayudó a fundar el partido UP (Unión de Trabajadores) con el que sirvió en el parlamento hasta 1997.

solidaridad
Es dificil reproducir aquí los principales puntos tratados durante algo más de hora y media, pero intentaré por lo menos reflejar el espíritu de lo discutido y si algo no queda muy claro, ruego paciencia por haberlo traducido del inglés al español (previa traducción del polaco por parte de la intérprete allí presente) con mi manifiesta memoria de pez. Además he añadido mi interpretación personal de algunos hechos, así que no es una exposición literal y exhaustiva de lo que se dijo. Mientras fuera suenan las gotas de lluvia y dentro de casa me acompaña el festivo y a la vez melancólico clarinete de un klezmer, alla va:

- En los paises que han sufrido o sufren una dictadura comunista, el Gobierno y el Partido siempre han pretendido ser los únicos representantes “legítimos” de los trabajadores, estando prohibidas otras filiaciones. El primer triunfo del sindicato Solidaridad fue arrebatarle esa careta al Partido Comunista y al Gobierno de Polonia. De repente, los trabajadores se afiliaban en masa a un sindicato prohibido, reprimido y perseguido por quienes decían ser los únicos representantes válidos de los mismos. La deserción de la masa obrera mostraba la verdadera naturaleza del poder.

- El sindicato consiguió aglutinar a un movimiento civil que representaba las tres fuerzas de resistencia frente a la dictadura: los trabajadores, la Iglesia Católica y los intelectuales. Aquellos que construían el país día a día, los que velaban por las almas del pueblo y los que eran capaces de reflexionar sobre las contradicciones intrínsecas del sistema eran los más legitimados para buscar el cambio.

- La situación llegó a ser tan mala para el Gobierno que se acabó promulgando la Ley Marcial y se perdieron ocho años preciosos para una evolución pacífica de la crisis. De los gobernantes civiles se pasó a los Generales.

- Durante ese tiempo, se les dio armas a los cuadros del Partido Comunista, de modo que ahora se unían varias decenas de miles de posibles represores a las fuerzas de la Policía y del Ejército. En caso de que hubiera que repetirse lo ocurrido en Praga veinte años antes o en Budapest treinta años atrás, Moscú tendría sobre el terreno suficiente potencia de fuego local para, una vez más, excusarse ante el mundo diciendo que sólo invadía para apoyar al Gobierno legítimo frente a las fuerzas del caos imperialista.

- Polonia y su política han estado siempre peligrosamente (para los polacos) cerca de la órbita de influencia de Rusia, con los zares, los soviets y la vuelta del águila bicefala. Y aún a día de hoy continúan las ingerencias por parte de Moscú (de donde partieron las tropas que la invadieron en 1939, las que no movieron un dedo mientras al otro lado del río los nazis masacraban a los habitantes de Varsovia en 1944).

- Aunque en 1988 soplaban vientos de reforma en la capital de la URSS, la oposición polaca tenía que tener mucho cuidado a la hora de plantear demandas en la ronda de negociaciones. Los halcones del Kremlin podrían usar el “caso polaco” como ejemplo para desacreditar a Gorbachov y a la vez eliminar cualquier esperanza de democracia tras el Telón de Acero mediante el uso de la fuerza.

- Precisamente el saber que Moscú supervisaba y debía aprobar, por activa o por pasiva, todo lo que se discutía en las negociaciones, y en general todo lo que ocurría en la vida política de Polonia, fue determinante para que, en la transición, no se persiguiera al General Jaruzelsky ni a otros, meros títeres de la voluntad de otros. Si cuarenta años antes en otros países se realizaron “desnazificaciones” de eminentes científicos, políticos, jueces y militares, en Polonia nunca se llevó a cabo una “descomunistación” (menuda palabra me acabo de sacar de la manga).

- Tampoco se planteó el hacer “borrón y cuenta nueva” mandando a casa a policias y militares. El único país en que se ha intentado algo así ha sido Irak y todos vemos lo que ha pasado allí.

- Polonia tiene una historia de levantamientos, guerras e invasiones para resolver conflictos. Por una vez imperó el sentido común y se consiguió recurrir a medios pacíficos para lograr un cambio radical en el equilibrio de poder.

- Mientras en Polonia se celebraban las primeras elecciones libres en casi medio siglo, al otro lado del mundo, en una significada plaza, los carros de combate aplastaban la base misma de aquello de lo que nació el movimiento Solidaridad: la dignidad humana.

- Ojalá el caso de Polonia sirva como ejemplo para otras dictaduras sobre como convertir un paso adelante en un paso hacia la libertad sin rencores

Fueron poco más de noventa minutos, que supieron a poco, con varias e interesantes preguntas aunque quedaron casi en el tintero temas como la influencia de Walesa en el sindicato, los motivos que llevaron a reducirse el peso político del mismo conforme ha pasado el tiempo o porqué en las nuevas democracias los recién elegidos Presidentes o Primeros Ministros llegan al poder con un casi unánime apoyo popular que pocos meses después se conierte en algo marginal.

Interesante para cualquiera que tenga un mínimo de interés por la Historia, eso que pasa a tu alrededor y de lo que formas parte mientras intentas vivir tu vida. Y más interesante aún cuando aparecen voces de sirena que claman por el “Socialismo del Siglo XXI”.

Espero que hayamos aprendido de todos los errores cometidos durante el XX.

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