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miércoles, 8 de julio de 2009

Retornando, por el momento

El reloj de mi portátil marca casi las cinco de la tarde, pero eso es en la India, no aquí, a bordo de un vuelo desde Stansted a Avilés el primer miércoles de Julio. A la cámara le puse la hora correcta esta misma mañana, al poco de despertarme de mi “bancario” sueño en Heathrow. El móvil estuvo con la hora de Bahrain hasta que me dí cuenta al ir a ponerle la alarma. Sólo es miércoles (¿ya es miércoles?) pero siento que todo lo que me rodea es una neblina que se prolonga desde el lunes.

Como despedida de la India y de mi amiga Isa, esa noche tras la cena en el IISE nos fuimos a tomar el postre a una de las cafeterías del Taj de Trivandrum. En el vestíbulo del hotel disfrutamos de dos indecentes, y distintas, muestras de lo que se puede hacer culinariamente con chocolate. Con nuestro idéntico pedido de café, el camarero sirvió por primera vez en su vida no uno sino dos expresso machiato y agradeciendo nuestras sugerencias no nos los cobró y se llevo una buena propina.

A las once de la noche me cubrían las sábanas, pero a las dos menos diez me tocaba levantarme y llevar las maletas al tuk tuk que me esperaba para llevarme al aeropuerto. Gulf Air tenía la gentileza de ofrecerme un desayuno bañado en luz de amanecer y yo me dejé envolver por ella y me tumbé, medio flexionado, a todo lo largo de mi fila de asientos. A la llegada a Oriente, entre fosilizarme en el aeropuerto y salir hacia Manamá, me decidí por lo último, como ya he contado. Entre saltarme el desayuno y pasar cinco horas dormido en la gratuita habitación del hotel o salir al exterior y enfrentarme a una leve tormenta de arena - que pugnaba con el sol para hacerme entrecerrar los ojos (he dicho, digo, y diré que esa es la principal razón de mis arrugas) -, me dije que cuarenta y dos grados centígrados no son nada y me encaminé a visitar la mezquita Ahmed Al Fateh, de la que hablaré en otro momento.

El tiempo vuela, y más cuando lo empuja el viento, y pronto me encontraba de vuelta en el Aeropuerto, embarcando en dirección a Europa. Me tentaron primero René Zellwegger y luego Liam Neeson y al final le otorgué algunos cuartos de hora sueltos a Morfeo, con el increíblemente bello sonido de un recitado Corán meciéndome a través de los auriculares.

En lugar de libro sagrado, la melodía de esa noche de aterrizaje tardío fue una combinación de charlas que pasaban con prisa, zumbido de neveras de cerrada cafetería y pasos amortiguados. Es lo que ocurre cuando uno se queda a dormir, pero no en solitario, en un aeropuerto como el de Heathrow, que funciona veinticuatro horas al día, los siete días de la semana. Al final uno ha cabeceado más que dormido y se adelanta con diferencia a la suave melodía del despertador (hace tiempo que me levanto con relajación y tranquilidad, no con estridencias y prisas sonoras) y se sube al metro antes de lo previsto, aunque eso no supone que el autobús del aeropuerto salga antes de las fijadas siete y media de la mañana.

Y, finalmente, con casi media hora de retraso, mi avión de EasyJet, despega. Es ya el tercer vuelo que tomo, y pronto el cuarto país que piso, en las últimas (básicamente insomnes) treinta y seis horas.

Ahora, a ver que normalidad me espera.


PD:Subiré este texto escrito a caballo de las nubes, el día que me baje el netbook al centro de Avilés, que mi madre aún no ha puesto Internet en casa. Y espero poder decir que el miércoles dormí como una piedra.

PDII: 30 no son 90, me la guardo, me la guardo. La próxima vez que me digas que de una charla sobre Internet y SEO asegurate de que también me dices que va a durar HORA Y MEDIA y así no me quedo sin palabras tras cuarenta y cinco minutos. Sí, sí, va por ti.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Duelo de titanes

La alfombra, que no es de dimensiones precisamente descomunales, ocupa un puesto a la vez preferente y modesto en el salón, si tal cosa es compatible. Por un lado está destinada a ser pisada por todo el que va de paso, se queda a ver la televisión, tomar el café o charlar. Proteje las baldosas nuevas de las, de otro modo inevitables, marcas causadas por la mesa que, tarea compartida con la de la cocina, es testigo de comidas, cenas y alguno de mis esporádicos y refunfuñantes desayunos. No es persa, no es afgana, sólo es tan humilde como sus colores y diseños, ni sosos ni chillones. .

En un lado de la estancia hay un enorme mueble aparador que no desentonaría como atrezzo en un episodio de “La Chica de Ayer”. En aquella época era elegante y vanguardista, pero entonces IKEA no tenía una tienda a las afueras de Oviedo y de Suecia sólo llegaban sus espectaculares nativas, para deleite de los personajes de Alfredo Landa. Hoy semejante reliquia se ha quedado en funcional recuerdo sentimental que soy incapaz de condenar a la muerte y al vertedero. Para disimularle las arrugas, el exotismo y la modernidad le llegan en forma de distintas piezas que decoran sus huecos. Uno de ellos es una preciosa, a mi subjetivo parecer, muestra de arte indio de unos 40 cm de alto y montada sobre una peana rectangular. Esculpido en madera en los años 20 o 30, una policromada figura femenina sostiene en sus brazos a una niña. Formaban parte de un conjunto en un alto o bajorelieve, pero cuando lo compré en una tienda de Pushkar no había información o rastro alguno del resto o de su procedencia.

Hace poco que una esquina de la alfombra se ha vuelto rebelde y se dobla sobre si misma, ocasionándole a mi madre una constante molestia por ese atentado a la estética y el orden. Su solución es, cada vez que me ausento, coger la estatua india y, aprovechando el peso de la misma y su rectangular peana, ponerla sobre la esquina de la puñetera alfombra para forzar que ésta vuelva a su forma habitual.

Menos mal que, a veces, madre no hay más que una.

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domingo, 26 de abril de 2009

Más kilómetros en las botas


El pasado domingo de tarde todo el personal de “La Chilostra” estaba tomando copas en un bar de la zona, lo cual no deja de ser normal. Lo que era menos habitual es que uno de los más populares establecimientos de cervezas y tostas (y estupendas y generosas tapas, por cierto) estuviera cerrado ni más ni menos que la noche del sábado. Una fiesta de cumpleaños para Paula (que comparte piso con mi entonces anfitrión y amigo Guillermo) fue la excusa perfecta para sacar a Blair, Pedro. Esteban y demás de detrás de la barra y ponerlos a empuñar cañas(1) propias, que no ajenas. Y whisky, of course.

Lo gracioso es que la fiesta sorpresa para la uruguaya dejó de serlo cuando, de camino a casa desde el trabajo, pasada la una de la mañana (es lo que tiene trabajar en establecimientos donde se sirven cenas), acompañada por Guillermo (que así se aseguraba de que nuestra amiga no hiciera ninguna parada inoportuna) no una sino dos veces, se encontró con gente que se excusó con ella...por no poder acudir esa noche.

Eso sí, cuando llegó a casa y se abrieron las puertas del salón y de una veintena de gargantas en su mayoría femeninas o feminizadas gritaron “¡Sorpresa!”, Paula puso su mejor cara de “que susto me habeis dado, no me esperaba esto, que lindo” y nadie se enteró. Si es que dentro de cada mujer hay una actriz que practica sus artes continuamente.

Que la fiesta acabara a las cinco de la mañana no fue, tampoco, ninguna sorpresa. Algunos de los más empecinados no nos resignamos y salimos a la caza del garito abierto. Y con ello acabamos cerrando dos bares para, tres horas después de abandonar la zona de Antón Martín, ir a comer pizza y tortilla en casa de Jorge, en Canillas (un lugar del que desconocía tanto su existencia como su proximidad al Aeropuerto). Repartidos entre sofá y cama, dormitamos el amanecer, que para mí resultó especialmente breve pues tenía una cita para el vermú del domingo de vuelta a casa, a donde deberían llegar Eva y Nuria para, con un resucitado Guillermo, irnos los cuatro a, originalidad total, “La Chilostra”

Mientras escribo estás líneas, a 199 kilómetros por hora, en el Alvia que salió de Chamartin a las 06.50 con destino Asturias, me pregunto por qué narices no estoy durmiendo. Ayer, y ya eran tres noches seguidas (porque el viernes “se me sacó” a tomar unas cañas) volví a acostarme tarde, por decir algo. Una estupenda fondué preparada por Guillermo (cambiando el pan y queso por carne y aceite) terminó, como ocurre cada vez que me quedo en su casa, con una charla de amigos con el ruido de fondo de cubitos derritiéndose en sendos vasos de Santa Teresa y White Label.

Para cuando acabé de preparar la mochila y de enviar los últimos emails (ya que en Avilés mi acceso a Internet está limitado a las visitas a casa de mi amigo Chus, mi tía Araceli o – si la meteorología lo permite – disfrutar desde un banco de la – espero que aún – gratuita red WiFi del Ayuntamiento por el centro urbano), eran pasadas las tres de la mañana. Y a las cinco y media, en pie para darme un madrugador paseo hasta Atocha, coger un cercanías a Chamartín, subirme a un tren con pico de pato que me deja a las 11.26 en Oviedo, pillar por los pelos el ALSA de las 11.30 a Avilés y subir a casa en el autobús de las 12.

A las 12.30, por fín, me echaba una merecida, e indecentemente prolongada, siesta.


(1) Curiosamente a lo que en Madrid llaman “cañas” no deja de ser lo que los asturianos llaman un corto, pues harían falta dos de ellos para llenar el vaso de tubo en el que nosotros las tomamos. Cosas de los del Norte, imagino.


(Nota: Obviamente, aunque lo publique hoy, hace días que escribí el texto, pero la falta de medios...)

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jueves, 16 de abril de 2009

¡Gracias Metro de Madrid!

Haciendo cálculos de las veces que tendré que pillar el Metro estos días y en las ocasiones que aún me quedan por venir a la capital, decidí comprarme un humilde bono de 10 viajes de Metro. Así que esta mañana en lugar de pedirle a la máquina un billete de un viaje, solté alegremente un billetito de 20 euros (no llevaba encima uno de 10)y seleccioné la opción correspondiente en la pantalla táctil. Unos segundos después, 12,60 euros y mi bono aparecian en la ventanita de recogida.

Y, a mi derecha, salía devuelto el mismo billete de 20 euros que, pese a mi estupefacción inicial, volvió rapidamente a su sitio correcto: el bolsillo de mis vaqueros.

Para que luego digan de Gallardón.

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domingo, 5 de abril de 2009

Avilés en portada

Con orgullosa sorpresa, me encuentro con Avilés en la portada online de un gran periódico nacional. Ni por su antaño sucia Ría, ni por su históricamente polucionada atmósfera, su dependencia monolítica de la ya no denominada ENSIDESA, que tantos trabajadores de otras tierras atrajo. No, la ciudad que enviò a uno de sus hijos a fundar la primera ciudad en territorio de lo que hoy es EEUU, aparece, entre Metrópoli y Antonio Banderas, como destino turístico recomendado por Ocholeguas, el suplemento de viajes de El Mundo.

Hace años que vengo diciendo que Avilés es mucho más que una mancha de suciedad industrial que se ve a un lado de la autopista cuando uno va desde el aeropuerto a Oviedo o Gijón. Su casco antiguo, sus calles soportaladas, su mileniarismo son valores que la convierten no en ciudad de paso, sino en destino de hospedaje y descubrimiento más amigable que la capital burocrática o la de los astilleros.

Me alegro enormemente de ver un reportaje que, por fin, le hace justicia a la Villa del Adelantado.

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miércoles, 11 de marzo de 2009

192

Unos meses después, yo también viajaba en un cercanías madrileño. Conforme a lo que uno espera, las puertas del vagón se abrían al llegar a cada estación y se cerraban automáticamente antes de ponerse en marcha con destino a la siguiente.

En una de ellas no se cerraron. De repente, había gente corriendo por el andén, guardias de seguridad pidiendo a los viajeros que abandonaran el tren inmediatamente. Miradas de nervios entre los pasajeros que nos abalanzamos sobre las puertas.

Falsa alarma, el paquete sospechoso del que alguien había alertado resultó ser solo una bolsa abandonada. Volvimos a nuestros asientos, con un silencio pesado solamente roto por alguien que intentaba llorar en voz baja. Yo tenía entonces un nudo en la garganta, como lo tengo ahora al recordarlo. El tren se puso en marcha con normalidad y volvieron a llegar a mis oídos los habituales sonidos de las ruedas sobre las vías, conduciéndonos hacia Madrid, a donde llegaríamos en unos minutos.

Hace cinco años, 192 personas no tuvieron esa suerte.

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domingo, 1 de marzo de 2009

Elecciones norteñas

Después de un día entero con el proposito (cumplido) de olvidarme de la actualidad y hacer cosas más importantes, curioseando el blog de Cachuco me he encontrado con un curioso widget gentileza de soitu para seguir on line los resultados de las elecciones en Galicia y el País Vasco:


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sábado, 28 de febrero de 2009

Látex

“Pues no se lo puedo quitar, voy a tener que anularlo y hacerle un vale…a ver, un momentín…¡Mari!, ¿puedes venir porfa?”

Y mis dos cajas de preservativos sobre la cinta de la caja, estoicamente a la vista de todo el mundo.

Cuando uno viaja a España siempre se trae como encargos las cosas que no hay en Irlanda o que aquí son más caras y que agrupo alegremente en dos categorías que me dan para cubrirlo todo:

a) Necesidades. Como la comida española (chorizo, fuet, lomo, Ruffless Jamón Jamón, latas de fabada, etc). o los productos de farmacia y estética (medicinas, champús, etc.)

b) Vicios. La bebida y el tabaco están fuertemente gravados en Irlanda, aunque eso no disuade a bebedores y fumadores, que intentan aprovisionarse de los mismos en países donde el IVA no es del 21,5%. Los impuestos especiales provocan además la paradoja de que sea más barato comprar whiskey Jameson o crema de licor Baileys en España (donde son productos importados) que en Irlanda (el país donde se producen los mismos). Y, para otro vicio/placer, como es el sexo, aquí los preservativos tienen el dudoso honor de ser el país de la UE en que más caro cuestan. No se si eso explica la alta tasa de natalidad entre adolescentes, pero eso es otra historia.

De acuerdo, de acuerdo, si te compras un ordenador, una DS o un móvil, suele ser más barato en España, y no entra en la categoría de “Comida” (a veces en la de “Vicio”), pero ese tipo de adquisiciones no es algo que se haga cuatro veces al año, ¿o sí?.

El caso es que el viernes por la tarde me encontré en El Corte Inglés, al lado de casa, con una lista mental de “yaques”…el famoso ”Ya que te vas a España y vas a facturar una maleta, ¿me puedes traer…?”

Y, después de recorrer los pasillos, me situé en la cola de una caja y al llegar mi turno deposité en la cinta mecánica:

1 Botella de Jameson

1 Botella de Baileys

4 latas de fabada

2 latas de lentejas con chorizo

2 cajas de preservativos

¡Cualquiera pensaría que estaba preparando una orgía alcohólico-gastronómico-sexual! En lo que yo pensaba es en el corte que me estaba dando ver esos dos envases de preservativos allí encima, a la vista de todo el mundo. Uno, que para esas cosas tiene una timidez que roza en lo patológico, cuando ha necesitado comprar ese artículo ha optado por las máquinas expendedoras (las más de las veces) o ir a farmacias en las que nunca he entrado a comprar nada (las menos).

Y fue justamente cuando las botellas y latas rodaban por la cinta, empujando a las dos nada discretas cajitas (a mi nervioso parecer), cuando el anterior cliente revisa el ticket de compra y le hace notar a la cajera que le ha cobrado una botella de refresco que, de acuerdo a la promoción, era gratuita al comprar otro artículo.

Las botellas, ajenas a este error pero respetuosas con las leyes de la físca, siguen rodando al pararse el movimiento de la cinta, y mi explicita mercancía acaba en la mano de la cajera que estaba ya dispuesta a pasarlas por el escáner.

El niño de gafas que llevo dentro empieza a sudar y sólo pide que todo pase pronto, que no haya ningún vecino en la cola detrás de él (ni que decir tiene que mi cabeza no se giró en ningún momento, no se que me viera algún conocido) y que al cliente le reembolsen su puñetero euro de una vez por todas. Los dos minutos que tardó en venir Mari, hacer una marca con el bolígrafo en el ticket y llevarselo hacia la caja central, acompañada del cliente y su cargado carrito, se me hicieron, básicamente, eternos. Y no, no me tragó la tierra.

Y sí, las dos cajas hicieron pitar la alarma de los arcos metálicos cuando salía por la puerta de la tienda.

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miércoles, 25 de febrero de 2009

Cosas sentadas

Recién cumplidos 5 años de vida y ya cuenta con 175 millones de usuarios. Presencia mundial, con una cuarentena de versiones en idiomas locales. 5 millones de personas actualizan su estatus diariamente. El espejo en que se miran, la referencia que les mide, el ciclista escapado al que persiguen Orkut o Bebo, con perdón de Myspace. Y tuenti, y los que vienen detrás, una vez comprobado que funciona. E incluso el refundado Spaces de Microsoft, que ahora es Live.

Pues pese a todo lo anterior el otro día tuve que explicar lo que era Facebook a una pareja de amigos.

No estaba en Tanzania, precisamente. Y eso que mi amigo, con su portátil, su cámara de vídeo, su gps, que luce orgulloso en un teléfono HTC de penúltima generación (ya se sabe que la última siempre está a la vuelta de la esquina pero en cuanto llega a las estanterías del Carrefour ya se ha vuelto casi obsoleta) no es ningún gañán. Tampoco es un tecnófobo precisamente aunque, aquí manda la desaceleración económica, se conecta a Internet desde el trabajo y no desde casa. Aun así, ante mi sugerencia de sacar el portátil y (aprovechando la red WiFi gratuita que el Ayuntamiento de Avilés ha instalado en todo el casco viejo) enseñarle las fotos que una amiga común ha subido a su perfil de Facebook, me pregunta ingenuamente:

“¿Y que es eso de Facebook de lo que tanto se habla?”

Yo llego estos días a Asturias con cita y fecha, y la casualidad me trae en carnavales, aunque me pierdo el Descenso de Galiana, que me encuentra en Madrid, cosas de Iberia y sus enlaces desde Dublín, compartiendo vino de Rioja y Ron de Martinica con aquel que me califica de “más antiguo viejo amigo”.

Después, el lunes, saliendo por un Gijón que se disfraza a sí mismo para no morirse de aburrimiento naval, me encuentro con un amigo a quien hace años que no veo. Tiempos aquellos en que los domingos había excursiones en grupo con comida casera o de panadería, cenas multitudinarias con entrega de premios e incluso insultantes debates políticos en un Asturias de Mis Amores alojado en los Grupos de MSN.

Perdida la pista, este morboso predicador se tropieza con una caperucita barrigona y bailona que inmediatamente se pone a charlar con uno. No pasan más de dos minutos y ya surge la pregunta obligada “¿Estás en Facebook?”. Cuando vuelva a conectarme al día siguiente, ya me ha enviado una solicitud para agregarlo como amigo.

Vuelta a la normalidad.

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miércoles, 4 de febrero de 2009

Te doy, te quito, te quito

La paciencia, para el Ministro, se agota. La paciencia, para el propietario infractor de la Ley de Costas, es infinita. Esa predisposición a no apurarse puede explicar que el municipio socialista de Loeches le adeude a un empresario, desde hace tres años, un importe superior a 400.000 euros por unas obras públicas ejecutadas en su momento. La pequeña empresa está en situación de quiebra y ha tenido que despedir a 20 trabajadores y su propietario ha amenazado con quemarse vivo, así estaba de nervioso, para conseguir un principio de acuerdo del pago de parte de la deuda.

Se da por supuesto que el Ayuntamiento de Loeches, como todos los demás, ha seguido recaudando los correspondientes impuestos locales, y que al contribuyente que no pague, multa, sanción y recargo. Y paciencia.

Como la que han de tener los (de momento) 3.327.801 parados registrados en nuestro país, muchos de ellos integrantes de las 827.000 familias que tienen a todos sus miembros en paro. Más paciencia para las 1.048.000 personas que no cobra ninguna prestación por desempleo.

Pero la culpa es de Bush, de Aznar, de Irak, de cualquiera menos de Fomento, digo, del Gobierno. No de éste, claro. Porque este Gobierno, refrendado en las urnas hace un año, cuando la crisis no existía (parece mentira la que se le puede venir a uno encima de la noche a la mañana, imprevisiblemente, ¿eh?) es generoso y regaló, no para comprar votos, ¡no!, 400 euros a los españoles*. Claro que luego, y es que la política tiene estas cosas, ha tenido qye subir la retención en las nóminas, con un importe medio anual de...400 euros.

En fin, el paro ha aumentado un 47% en un año, y es el incremento más alto de la última década. Pero lo importante es echar balones fuera, promulgar leyes pro-abortistas, adoctrinar a la aborregada población**, llamar "facha" a Esperanza Aguirre y, sobre todo, tener a una "Maleni" que chupe cámara y pedradas, para que no se estropee la imágen del Presidente.


*que yo juro no haber cobrado

**uno de estos díás hablaremos de Educación para la Ciudadanía

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viernes, 16 de enero de 2009

Malení

«Cuido tanto hablar, el hablar, que hablo peor, porque si hablara como siempre he hablado pues y no quisiera hablar despacito para no saltarme determinadas terminaciones que me las sigo saltando y demá, pué me costaría menos porque pienso más rápido que estoy hablando y entonces se me va... eh... el hilo de la... intervención».

Impagable. Vergonzoso. Ridículo. Español.

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jueves, 8 de enero de 2009

¿Bambi o Pinocho?


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martes, 6 de enero de 2009

Ciao, bacalao

Después de una semana llena de domingos, en la que uno no sabe en que cine meterse para huír del frío y de los nuevos años, voy nadando casi por la mitad de una semana llena de lunes. El trasnochar se paga, cada vez más. Los días que acababan con el canto de los gallos ya van dejando huella en el organismo y, al contrario que hace un lustro, son varios los tachones en el calendario que hacen falta para que humores y neuronas quieran dormir a horas decentes.

Ayer de noche, en que salían corriendo de Oriente tres indocumentados que eran ansiosamente esperados por niños de todo el mundo, se plantaba la semilla de la felicidad que iba a florecer esta mañana.

Menos mal que se acabaron los "Felices fiestas" y "Feliz Navidad". Las despido con unas fotos viajeras, de motivos y colores al uso. Que las disfruten con alegría y los cánticos de mi tierra. Leches, se me ha escapado.
a
a

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miércoles, 31 de diciembre de 2008

Como todos los años

Para los fascistas que oprimen sin compasión al pueblo sojuzgado. Para los hijos de los fascistas que brindan con champán cuando uno de los gudaris cae abatido por los perros. Especialmente para los asalariados de la pluma y el papel, siempre prestos a mentir y engañar conforme a los deseos de Madrid.

Con honor y como homenaje valiente para los presos políticos que son torturados diariamente en las cárceles del Estado.

Feliz Navidad

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martes, 30 de diciembre de 2008

Ya era hora

A veces pasa cuando menos se espera, y otras después de muchos años, pero fue el domingo de tarde que les llegó el momento de salir de la oscuridad y el olvido para ver la luz. Por fin, más de un año después de que llegaran a Avilés, me he acordado de ellos y ahora presumen orgullosamente de su exotismo, colgados en el salón.

Le hacen compañía al pequeño camello de Mongolia, la botella de madera del Nepal , una cajita de tikka de Delhi, un cesto-mochila de Vietnam y a parte de un policrómico conjunto de esculturas adquirido en Pushkar.

Xian, China
Sapa, Vietnam

Y lo que aún queda en cajas…

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sábado, 27 de diciembre de 2008

Carreras, prisas y gritos

No falla, el día que me voy de viaje nunca es tranquilo. En el medio día de trabajo, me ha aparecido un (nuevo tipo de) error a la hora de procesar un contrato. Además, al intentar reconciliar las necesidades de la empresa que me paga el salario con las mías propias, he cumplido éstas últimas sólo parcialmente: no he mandado dos emails a dos amigos para confirmarles que llegaba, a otra amiga para confirmarle que las carreteras asturianas ya estaban desbloqueadas pero que ha de seguir envidiándome, pues es muy posible que vea nieve, un pequeño texto de despedida temporal de mi blog (en mi casa no hay Internet y el vecino que tiene WifI y al que me he ofrecido a pagarle una parte por su uso, me ha ignorado más que un gato a una visita inesperada) etc.

Un escándalo, vamos.

Y hoy era el día elegido para intercambiarnos los regalos del Kris Kindle (el amigo invisible) que me ha llevado a las siguientes conclusiones;

- Como soy el único varón no gay del equipo, a mi Team Lead le ha parecido oportuno regalarme un coche de Formula 1 con sonido y un monstruoso 4x4 (ambos de juguete, aclaro)
- A Paul no le ha hecho mucha ilusión la caja de galletas belgas que le traje de mi u´timo viaje. Además, el chocolate con extracto de gengibre (“Sexy” ponía claramente de nombre) que era mi segundo regalo, tampoco le ha puesto a dar botes.
- Tanto él como Dragana se han pasado de los 10 euros de presupuesto acordados y le han regalado a Claire un libro sobre Obama y un reloj despertador.

Henchidos de felicidad nos dirigimos a comer, gentileza de la empresa, a un restaurante pijo a cinco minutos de la oficina (y yo preocupado porque eran las doce y media, quería coger el autobús antes de las dos y mi avión despegaba a las cinco). Una sopa de cebolla con (un) crouton gigantesco de roquefort, un plato de raviolis abiertos con pollo y crema de champiñones (y que a primera vista parecía la ración infantil) y dos copas de vino blanco después, salíamos del restaurante mientras yo no dejaba de mirar el reloj.

Como ellos no viajaban, y me tienen una secreta envidia por ello, se pararon a comprar bombones para regalar a los de otro departamento. Con su beneplácito, yo me volví corriendo a la oficina a buscar mi mochila y la maleta que arrastré los cinco minutos que me separaban de la parada del Aircoach (el autobús más directo que te lleva al aeropuerto).

Plantado allí, a las dos y siete, respiraba, por fin, tranquilo. Veinte minutos después ya no lo estaba tanto, y las tres menos veinte ya me veía parando un taxi. Finalmente, a las tres menos cuarto el familiar vehículo azul aparecía a lo lejos.

Desde que subí a él, se me iban los ojos al reloj sabiendo que era imposible no perder el avión y también con ello el ALSA a Asturias.

Cincuenta y seis minutos antes de la hora de despegue, entraba sin aliento en el aeropuerto arrastrando sin contemplación una maleta que ya estaba a punto de perder una rueda y que ostentaba un precioso agujero a la misma altura. Casi sin respiración me puse en la cola que tenía un monitor con el ominoso anuncio de “Closing flights”. Cuando me llegó mi turno, al poner la maleta sobre la cinta transportadora, la chica de Ryanair me informó amablemente que, dado que pesaba 18 kilos y el máximo eran 15, debería pagar 45 euros por el sobrepeso, a razón de 15 por kilo.

El jueves por la noche había pesado por separado el contenido y no llegaba a 14 kilos. La conclusión obvia y doble es que la báscula de casa no está muy fina ni yo tan delgado como creía.

En estos casos todos lo que viajamos en una low cost hacemos lo mismo, un “trasvase” entre el equipaje facturado (máximo 15 kilos) y el que subimos con nosotros a la cabina (máximo 10 kilos). Tras hacerme pesar la mochila que iba ser mi equipaje de mano, con sus 8,4 kilos, la chica me indicó que me podía apartar a un lado y volver cuando hubiera redistribuido el peso, aunque las matemáticas auguraban que aún así iba a tener que pagar.

Junto a unas básculas, que estaban allí para facilitar la labor, comencé a pesar otra vez mi equipaje, pero las cifras coincidían con las de Ryanair. En sólo unos minutos, 8,4 más 18 tenían que sumar 25 en lugar de 26,4.

Como lo mío no es romper leyes de la física, saqué los guantes y aproveché los bolsillos de la cazadora para llenarlos de…libros. A ocho minutos del cierre de la puerta de embarque, mis dos bolsas pesaban 25, 2 kilos y ahora sí, los 15,2 de mi rota, vieja y flexible bolsa de deporte podían irse a la bodega de carga.

Y yo, intentando pasar como una exhalación por el control de seguridad, buscando la puerta de embarque, corriendo por la parte nueva del aeropuerto, llegando entre jadeos a la número D69, viendo que todavía había cola, aunque en el monitor indicaba que el vuelo estaba a punto de despegar en dirección a Stansted (Reino Unido).

¿Stansted? ¿Stansted? ¿Cómo que no Madrid? Vuelvo a comprobar los monitores y el número de la puerta de embarque coincide con la que tengo delante y desde la que llaman por megafonía a un pasajero que llega con retraso (y no soy yo).

Así que después de todas mis preocupaciones, carreras, nervios, prisas, y desvelos, el vuelo de Ryanair de las cinco de la tarde a Madrid no acaba de despegar hasta pasadas las seis y cuarto.

¡Olé!

(Nota: de los tres últimos vuelos que yo he cogido de Ryanair, que presume de puntualidad, sólo uno, el Charleroi-Dublín, ha salido a su hora. Y los otros dos, Dublín-Madrid y Madrid-Dublín – que hasta el 29 no me toca – han sufrido un cambio de horario – un eufemismo para decir que no llenaron el vuelo de la tarde y nos meten a todos en el de la noche).

(Nota II: En todas partes cuecen habas. El ALSA de las 23.59 que sale de la T4 de Barajas con destino final Avilés, no existe.

Al filo de la medianoche llegó un ALSA con destino Zaragoza y unos minutos después otro con destino León. Por aquello de que uno a veces pregunta, pese a ser hombre, el conductor del primero me indica que vaya a hablar con el del segundo “no sea que te deje en tierra”. En efecto, con una absoluta falta de tacto, que roza la grosería, “vuelve” a repetir que se suban todos al autobús que nos va a llevar a Méndez Álvaro – Estación Sur de autobuses - y allí cada uno ya se irá al ALSA que le lleva a Asturias, León o donde sea. Pero que se suban ya, que se va en cinco minutos y que el que se quede en tierra, en tierra se quedó. Chimpún.

El ALSA-sauna que no para hasta Pola de Lena, y que se convierte en ALSA-nevera en cuanto cambia de conductor, no sale, pues, hasta las doce y media de la noche)

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martes, 23 de diciembre de 2008

Este año no hay postales

Desde Mongolia y Birmania, también Tailandia y Australia, pero no va a ser desde Irlanda. Pues sí, lamento romper la tradición de enviar postales a mis amigos desde desiertos, junglas o tierras infestadas de orcos, pero me temo que las Navidades del 2008 van a ser distintas a ese respecto.

Mi memoria lleva flaqueando desde, ejem, tiempo atrás y no le ayuda a mejorar el que los números de teléfono los grabemos en el móvil y las direcciones de correo electrónico en nuestra propia cuenta. Las direcciones físicas, esas que tienen el nombre de una calle y la altura de un piso, quedan para bancos, seguros y El Corte Inglés.

Siguiendo al pie de la letra el significado de la era digital, escribí en un papelito las direcciones de mis amigos y me lo acabé llevando de viaje. Cuando en Enero volví a Europa, la hoja se vino conmigo…y se quedó en Avilés.

Volviendo a casa la mañana del 20 de Diciembre, no iba a ponerme la camisa de mangas verdes y apurarme a enviar postales que amanecerían en 2009, así que es oficial: este año no envío postales para felicitar la Navidad.

Lo cual para nada quiere decir que no os desee lo mejor y, a ser posible, con agradable sorpresa en el sorteo del Niño.

Y si no toca, que nos pille pobres pero felices y sanos. Por muchos años.

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Silencio administrativo

Volver a casa es como retroceder en el tiempo. Me espera una habitación saturada de recuerdos personales acumulados durante las décadas de una rápida infancia, inevitablemente turbulenta adolescencia y presunta madurez. Incluso el piso, con las naturales mejoras para paliar los efectos de la edad y el sometimiento a los vaivenes de la moda en lo que a decoración de interiores se refiere, exuda el mismo aire familiar de toda una vida de protección de sus habitantes.

Y, como no podía ser menos, no hay Internet en casa, así que se notará en forma de silencios en el blog (como se debería notar cuando estoy de trabajo hasta más allá de las orejas).

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miércoles, 17 de diciembre de 2008

Manual para gudaris e hijos de Alá

Me lo manda por email un amigo (gracias, Chus) y lo traigo aquí a colación de un post que escribí hace poco sobre los bocazas.

Obviamente, él, con su chulapería, giros, modismos, y capacidad de poner el puño literario en la entrepierna del tema, lo dice mucho mejor:


PATENTE DE CORSO
Lo que debe saber un terrorista

ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 15 de Diciembre de 2008




Oído al parche, terrorista. O terroristo. A ti te lo digo, sí. Quítate un momento la capucha o la kufiya, tío. Lo que lleves puesto. Deja el cuchillo de degollar infieles, el Corán sin notas a pie de página, el teléfono móvil conectado a la mochila bomba, la pistola del tiro en la nuca, el coche trampa y las mentecatas obras completas de Sabino Arana que, encima, analfabeto como eres –hasta las cartas de extorsión las escribes con faltas de ortografía, colega–, no has abierto en tu vida. Deja todo eso un momento y atiende. Tengo unos bonitos consejos para regalarte por la patilla, a fin de que puedas ser un terrorista eficaz y prudente, de los que nunca caen en manos de la policía. En un país serio, esto me llevaría delante de un juez: colaboración con banda armada, apología del terrorismo o qué sé yo. Cualquier cosa lógica. Pero estamos en España, oyes. Nada de lo que voy a decir es cosa mía, sino tomado de los periódicos después de que altos responsables policiales larguen en la prensa con pelos y señales. Es de dominio público, vamos. Al alcance de cualquiera. Así que tú mismo, tronqui. Lee y aprende, porque parece mentira. No os enteráis. Los periódicos llevan años contándolo, y vosotros seguís dejándoos coger como capullos en flor. 

Para empezar, ¿sabes por qué palmó Cheroqui, o Txeroki, o como se escriba? Entre otras cosas, porque los etarras usan cibercafés para comunicarse, y las fuerzas represoras del Estado fascista vigilan esos sitios. Por si no habías caído en la cuenta, lo señaló el ministro del Interior el otro día. Cibercafés, dijo. Con todas sus letras. Y la policía no es tonta. Ya sé que el nivel intelectual de los gudaris ha bajado mucho, y que los liberados, los legales, los kaleborroka y otros heroicos luchadores vascos y vascas seguirán acudiendo a esos sitios cual pardillos, a ponerse correos electrónicos como locos. Quien no da más de sí, no da más de sí. Pero en fin, tío. Por el ministro, que no quede. El que avisa, no es traidor. 

Otro detalle, pringao: que no se te ocurra más, en tu terrorista y puta vida, llevar encima ordenador portátil ni lápiz de memoria con datos de la peña. ¿Vale? Tampoco robar un coche nuevo y ponerle una matrícula vieja: un Peugeot 207 con letras ZL canta la Traviata. Así que elige otras letras, porque si no te van a pillar seguro, como explicó amablemente el jefe de los txakurras a cuanto periodista se interesó por el detalle. Porque una cosa es el secreto policial y otra la transparencia informativa habitual en una democracia madura y diáfana como la nuestra. Ojito con eso. Ya sé que contar minuciosamente cómo y por qué se ha trincado a un terrorista es forma segura de alertar a otros para que no cometan el mismo error, pero qué se le va a hacer. Las policías extranjeras alucinan en colores con lo nuestro, pero aquí nos encogemos de hombros. No passssa nada, coleguis. Cuando se es referente moral y reserva ética de Occidente, como es el caso de España, nobleza obliga. 

Podría contarte un montón de cosas más, terrorista de mis carnes. De este y otros episodios. De etarras patosos y de islamistas chapuceros. Explicarte por lo menudo cómo se los detecta, sigue, vigila y detiene mediante tal o cual instrumento, o porque cometen determinado error. Advertirte sobre cómo debes revisar los bajos de tu coche y localizar la chicharra que le pusieron, eludir el equipo direccional de sonido que graba tus propósitos, evitar aquella autopista porque tiene videovigilancia, no registrarte nunca con tu chica o chico en hoteles así o asá, olvidar tal cafetería, restaurante, carnicería islámica, bar, piso o sucursal bancaria. Pero no me necesitas. Tú mismo podrías, leyendo tres o cuatro periódicos, establecer la identidad del confite que se berreó a la madera sobre tu colega Gorka, o Edurne, o Mohamed, o Manolo. Porque ésa es otra. Hasta las identidades de infiltrados y chivatos salen a relucir, a veces con familia y domicilio incluidos, en este país donde acogerse a la condición de testigo protegido –y no digamos testigo a secas– es jugar a la ruleta rusa con seis balas en el tambor. Como para que colabore la Niña de la Venta. Aquí te venden a cambio de un minuto de telediario, y no sería la primera vez que confidentes o infiltrados tienen que abrirse a toda leche porque una llamada telefónica les advierte que, en media hora, el ministerio del Interior, el portavoz tal o cual, van a detallar ante la prensa hasta la talla de faja que usa la madre que los parió. 

Resumiendo, chaval. En este país de cantamañanas no necesitas un manual titulado Lo que no debe hacer el perfecto terrorista. Basta con leer los periódicos. Pero, claro. Aquí la prensa tiene derecho a saber. Los ciudadanos tienen derecho a saber. Incluso los terroristas –ya te digo que España no es opaca, autoritaria y poco democrática como Gran Bretaña, Alemania o Francia– tienen derecho a saber. En consecuencia, saben. Y aun así, los trincan. Calcula el nivel, Maribel.

El original, en la web del autor

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domingo, 7 de diciembre de 2008

El lado de las tonterías

Es bien cierto que en epocas electorales a los políticos se les calienta la cabeza, se les duermen las neuronas de la responsabilidad y las del sentido de Estado (especialmente en la región septentrional de nuestro litoral Mediterráneo) y el sueño de la razón produce monstruos dialécticos.

No es menos cierto que se amplifican y dan por cierto bulos increibles (como el de Sarah Palin creyendo que África es un país, no un continente) y otros, curiosamente, son rápidamente explicados por el cansancio de largas jornadas de mítines y viajes (Obama, hablando sobre los 57 estados que componen los EEUU, que son en realidad 50 más 1 distrito).

Pero luego están los insultos (no a una persona, sino a millones, del que antes pedia moderación y respeto) y ya, directamente el delito ("Injurias a la Corona", creo que se llama, y "amenazas", me parece, a lo que ha dicho el bocazas Tardá, que luego ha querido engañar con una falsa rectificación sin conseguirlo - el mismo bocazas que se queja de que su móvil oficial no tenga sensibilidad plurilingüe para estar en catalán, o de no poder hablar esa lengua en el Congreso, mientras en el territorio donde su partido gobierna se persigue una y otra vez a quien habla, o quiere hablar, castellano, empezando por los niños).

A la izquierda, falsa abanderada de la libertad, le gusta considerar a sus enemigos no como simplemente equivocados o confundidos, sino como estúpidos o malvados, cuando Hitler o Mussolini (esporádicas perversiones de la derecha) son aprendices de brujo comparados con Stalin, Mao o Pol Pot (seguidores ortodoxos de las ideas de izquierda).

¿Por qué hay tanto tonto entre los dirigentes de partidos de izquierda?

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Foto, El Mundo (Juventudes de ERC celebran 30 años de convivencia quemando un simbólico ataud de la Constitución)

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