sábado, 28 de febrero de 2009

Infanticidios mentales

Ante un niño que berrea a todo trapo en los estrechos confines de un avión, sólo caben dos actitudes:

Actitud conmiserativa, afectuosa, cariñosa, levemente preocupada, altamente solidaria, de alguien que ya es progenitor:

“Pobrecito, criaturita, ¿Qué le pasará?”.

Actitud del soltero/a:

“Genial, a todo pulmón, el Pavarotti aficionado éste reventándole los tímpanos a todo el pasaje”

Una de ellas es, por ejemplo, la de mi madre. La otra la de este aporreador de teclados. Y como mi madre no iba a bordo, pues no tenía a nadie al lado que me regañara por ser tan egoístamente protector de mis oídos.

Lo siento, mamá, pero el reloj no hace “tic, tac” lo suficientemente alto, o mis oídos han perdido sensibilidad por culpa de los berridos (era fácil colarlo en éste contexto, lo sé). El caso es que mis hormonas no están como locas buscando una fémina que incube al futuro portador de nuestro apellido, ese “Pérez” que no debe desaparecer de la faz de la Tierra. No, la paternidad aún no me llama y la Humanidad parece que no necesita ayuda para extinguirse ella solita.

Chillidos aparte, no puedo dejar de mencionar que, después de volar el fin de semana pasado con Ryanair, y acostumbrado al espartano Aer Lingus, los asientos Recaro de Iberia y la prensa gratuita me parecen un lujo. Y el café y el donut de Air Nostrum.

Vaya, hombre, ahora estoy seguro de que la situación no va a mejorar: el niño se ha cagado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Avistu: cuando un niño "berrea" son los padres los primeros a los que no les gusta ser el centro de atención del pasaje (en el caso del avión). Lo pasan muy mal. Te lo digo por experiencia. Agradecemos que no nos miren los demás para saber lo que pasa...

Un saludo. Carlos.

P.D. Vuelvo a leerte.

avistu dijo...

Es lo que pasa con los niños pequeños y los animales, que el adulto que los lleva al lado no puede controlarlos porque no se puede razonar con ninguno de los dos.

Se entiende pero, como las obras en la carretera, siguen siendo molestas.

Y yo no le hecho la culpa de mi retraso al operario de la excavadora.

Un saludo