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domingo, 11 de diciembre de 2011

El caballo de Espartero

Ayer me senté a cenar en un taburete de plástico, en una mesa de plástico, ocupando junto con otras mesas la mitad de una acera. Conforme se acercaban más clientes, el matrimonio que regentaba el puesto en la calle - básicamente un carrito con ruedas en el que había una sartén enorme y varios pucheros de idéntica descomunalidad - iban disponiendo más sillas y mesas donde había hueco, incluyendo entre coches aparcados. El menú es sencillo, sólo cuatro platos (cerdo con noodles o sopa), en tamaño pequeño o grande. Positivo para la logística de un negocio que se lleva empujando y para la decisión del consumidor.

Y allí estaba yo, tomando mis noodles (fideos chinos), a los que había aderezado generosamente de picante en polvo y en líquido, y en los que me había gastado 25 bahts (1 Euro = 40 o 41 bahts según el dia) cuando levanto la mirada y veo que a la luna le han dado un mordisco y se han llevado por delante la mitad de su brillo.

El eclipse de luna duró más que mi cena y me dio tiempo a acercarme al 7-Eleven de la esquina y comprarme una cerveza que saqué a la calle y, junto a mi casa de huéspedes, apoyarme en un poste de teléfonos para ver como menguaba el pequeño acompañante de nuestro planeta. En manga corta. En Bangkok. Sin prisas.

No se dónde estaré dentro de diez años, y me consta que ahora no estoy donde imaginaba - ni se esperaba - hace una década. También me consta que mi camino - o la aparente ausencia de él - es incomprendido la mayoría de las veces y menospreciado - para algunos desde el cariño y el "querer lo mejor", para otros desde la simple envidia - en algunas. De todo hay, de todo tiene que haber. Incluso acusados hippies de derechas.

Tal vez esté loco por viajar mucho y escribir poco y mal. Tal vez algún día me paguen por ello. No por ser loco, sino por escribir. Tal vez tenga cojones por ser yo quien decide cuando y cómo. Tal vez los cojones los tenga quien se queda en la ciudad que le vió nacer y en la que suda de 9 a 7 de lunes a viernes. Y en otros sitios los fines de semana.

Tal vez no existan los cojones ¿saben?. 

Tal vez sólo exista la posibilidad de decidir cómo y dónde se suda.

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domingo, 28 de agosto de 2011

Avistu de Viajablog en la prensa asturiana

Los 5 minutos de fama por la que todos pasamos han vuelto para mí. Después del viaje de un año por Asia hubo una entrevista con El y Ella para La Nueva España de Avilés y cuando trabajaba en Google en Dublín, otra más - para la sección de Asturianos en el mundo - hoy he vuelto a las páginas del mismo periódico.

Como Co-editor de Viajablog, en La Nueva España me han hecho un reportaje cuya resumida versión digital podéis leer en este enlace (La Nueva España).

Y, sí, en dos días voy en ALSA a Madrid y a estas alturas de la semana que viene ya habré pasado una noche en Tashkent.

"Caminante no hay camino..."








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miércoles, 19 de enero de 2011

Sayonara, Japón. Por los pelos.

Cuando el revisor me dijo la hora a la que llegaríamos al aeropuerto me di cuenta de que iba a perder el avión. Un mes entero cogiendo trenes locales sin que jamás me hubiera pasado ningún percance y precisamente el último día, con el tiempo no demasiado sobrado me tiene que ocurrir. Los 1260 yenes del JR directo al aeropuerto no me convencieron con el chip de backpacker puesto: por 200 yenes menos y añadiendo sólo dos transbordos y 30 minutos al viaje, tenía otra alternativa más adaptada a mi (risas enlatadas) estilo de vida.

Salí del hostel a eso de las cinco y media, tres horas y veinte antes de que despegara mi vuelo. Recuperé los 500 del depósito de mi tarjeta PASMO, comprobé que en la máquina de emitir billetes no aparecía “1060”, le pregunte a un empleado y me dijo que buscara la tecla “Narita”. Pagué los 1060, bajé al andén 1 cuando salía un tren, al llegar el siguiente no me sonaba de nada la estación final del mismo, pero cinco minutos después (a las 17:44), había uno a Aoto, donde debía cambiarme. Lo esperé, lo abordé, me bajé y, conforme a instrucciones, me subí al tren que estaba enfrente. Las paradas iban coincidiendo una vez se puso en marcha.

El destino final, no. Era Chidaraba o algo así. Empecé a inquietarme. Un señor mayor que se bajaba me preguntó a donde iba, le dije Narita Airport y me dijo que no, que el tren se desviaba en otra estación y no iba para allí. Con los ojos como platos, me fuí a preguntarle al empleado que está en la cola del vagón. No, no vamos a Narita. Sí, tengo que hacer transbordo en una estación a la que llegamos a las 18:47. No, el tren que he de coger no llegará allí hasta las 19:12. ¿Al aeropuerto? Allí llegaré a las 19:50.

Entonces supe que perdería el vuelo. Llegamos a la estación de transbordo y me confirmaron que hasta las 19:12 no había vuelo con destino Narita Airport. Cuando llegó el tren (por supuesto local, porque a mí me encanta viajar en trenes locales), y ví cómo paraba y paraba, mi ataque de ojiplatismo debía ser evidente para todo el vagón. “Vamos, vamos, vamos” animaba más que mentalmente al conductor, pensando que por un día podía pisar el acelerador y en vez de ser puntual llegar, no se, con veinte minutos de antelación. En la parada de la Terminal 2 ya estaba preparando la mochila así que en la última parada, la de la Terminal 1, ya estaba perfectamente preparado para salir corriendo renqueando del vagón.

“As I see that you have been running through the airport, I remind you that check in desks close one hour before the flight”, dijo el que parecía supervisor de tierra. “It is only 5 minutes after that” o algo así jadee mientras dejaba la mochila en la cinta transportadora. La chica que atendía el mostrador me dijo que habían llegado varios pasajeros tarde o sea que aún estaba a tiempo, sonrió. Y efectivamente, el embarque se produciría a las 20:15 y ella señaló su reloj al finalizar el proceso y darme todas las tarjetas: las 20:01. Y, como descubrí poco después, entregar el papelito adjuntado a mi pasaporte con los datos de la compra del Mac (tax free) en aduanas fueron 10 segundos, sin sacar el ordenador de la maleta. Inmigración estaba prácticamente desierto, así que fueron 10 segundos más. Incluso pasear por la South Wing en busca de la puerta de embarque 43 era tan sencillo que tuve tiempo hasta de, por fin, ir al servicio.

Eso sí, en el mostrador de facturación el imbécil supervisor me había hecho pesar el equipaje de mano: una bolsa con los regalos, jarrón incluido, y la cámara y mi flamante messenger bag con dos portátiles y más de dos (y tres), mapas y folletos. “The hand luggage allowance is 7 kg and your bags weight 9 kg so I will need you to put 2 kgs in your checked in luggage, sir”. Me sentí como si fuera a volar con Ryanair. Y es que en cualquier situación, en cualquier país, siempre tiene que aparecer el proverbial culo apretado. Afortunadamente la chica del mostrador no tenía cara de preocupada por el peso del equipaje sino porque un pasajero había llegado corriendo en el último minuto y había corrido el riesgo de perder su vuelo. “It is ok...it is ok...” me tranquilizaba mientras ponía las etiquetas en las bolsas y yo (pausa dramática) metía la cámara y el Netbook en la mochila que iba a facturar (cara de sorpresa y horror del público).

Menuda cara de afogado que me debieron ver antes, al salir de la estación y entrar en el aeropuerto donde tienes que someterte a un exámen del equipaje porque el señor sólo me pidió el pasaporte y me despidió rápidamente en español con un “muchas gracias”. ¡Ay que corteses son estos japoneses!. Aunque cuando ví que era el 4o piso donde tenía que ir a facturar “me se” cayeron los cojoncillos al suelo. Pero, finalmente, no hubo drama (ver párrafo anterior).>

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jueves, 30 de diciembre de 2010

Vídeos, libros y caras

Los ordenadores, máquinas celestiales que nos ayudan a organizar mejor nuestro tiempo, a realizar tareas de una manera más rápida y efectiva, un invento divino. Y una mierda. Con Twitter, Facebook y el viejo email todavía dando guerra, cada vez queda menos tiempo para el ocio electrónico. Eso sí que es irónico. Mi blog, mis papeles, son el mejor ejemplo de lo que digo (y, ojo, que no quiero generalizar ¿eh?). Y eso que no menciono el retraso con compartir mis experiencias de viaje...

En fin. Después de un viaje por Oriente Medio, de sufrir la pérdida más grande que puede sufrir un ser humano, de un viaje a Italia y de una normal lucha contra la anormalidad, el 16 de Diciembre volaba a Osaka para pasar un mes en el país del sol naciente. Como es más fácil hablar que escribir, tengo por aquí grabados unos vídeos que iré subiendo poco a poco y que no son sustitutos de mis futuros textos en Viajablog :) pero que os harán dando una idea de como ha sido y está siendo mi viaje.

Todos los vídeos tienen en común dos características:

a) Son amateurs. Sí, empiezo a hablar antes de haber apretado el botón del "rec" y sigo hablando después de haber terminado la grabación... ¡ocurre a menudo!

b) Son amateurs. A veces aparece gente con la que hablo y me interrumpe el discurso, o se me llena la tarjeta de memoria en mitad de una frase...

c) Son amateurs. No tienen guión y están completamente improvisados... ¡y eso se acaba notando!

Lo se, son tres características.

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domingo, 22 de agosto de 2010

Perdido en el desierto (IV)

Nuestro cretino, digo, intrépido reportero ha sido rescatado...¡por fín!

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sábado, 21 de agosto de 2010

Perdido en el desierto (III)

Nuestro cretino, digo, intrépido sobreviviente ha conseguido superar la noche sin ser mordido por ninguna alimaña e intenta improvisar, con una lupa y papel, una hoguera...


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miércoles, 28 de julio de 2010

Prohibido prohibir

Por cierto,si en Siria estaba prohibido el acceso a Blogger/Blogspot y a Facebook, en Turquía me he encontrado con el mismo problema para...

...Youtube


...El Mundo



Así que no puedo subir más vídeos de la serie "Perdido en el Desierto" ni solucionar el problema de acceso...

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Avis on the road

Beberse una botella de un litro de coca cola no está muy bien. Si se hace a las ocho de la tarde pasa lo previsible: aunque a las diez y media estaba dormido, a las tres y media ya estaba despierto.

No le puedo echar la culpa al aire acondicionado (imprescindible), ni a los camiones que pasan por la calle/carretera principal. Esto es Silopi, un pueblo al lado de la frontera con Iraq y el calor en Julio y el transporte de mercancías las 24 horas del día son, ambos, inevitables.

Llevo ya...umm...creo que 50 días de viaje pero no he escrito nada al respecto, ni tengo intención de hacerlo hasta que vuelva a Asturias. Apuntar en el ordenador los gastos para usar como referencia, tomar nota de distancias y actividades, guardar fotos, la ocasional navegación por Internet cuando hay WiFi en el hotel/hostal, me mantienen suficientemente ocupado cuando estoy en la habitación. Preparar un texto y publicarlo, aquí o en Viajablog, no es algo que yo sepa, pueda o quiera hacer en 5 minutos así que paciencia y sigue mis pasos a través de mis actualizaciones en Facebook (y es que dos líneas son más fáciles de escribir que cinco párrafos).

Para saciar curiosidades, dentro de un par de horas me subo a un autobús que nos dejará a mí y a mi destrozada espalda en el Norte de Turquía, en Rize, desde donde cruzo a Georgía. Y sí, estoy usando a Turquía como sandwich invertido para viajar a y desde.

Saludos viajeros.

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domingo, 11 de julio de 2010

Perdido en el desierto (II)

Wadi Rum, Jordania. La puesta de sol ha sido preciosa pero nuestro patético reportero se ha encontrado enmedio de una enorme explanada. La noche ha caido y él no encuentra el camino que le conduce a la tienda...

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sábado, 10 de julio de 2010

Perdido en el desierto (I)

Wadi Rum, Jordania. La puesta de sol ha sido preciosa pero nuestro patético reportero se ha encontrado enmedio de una enorme explanada. La noche ha caido y él no encuentra el camino que le conduce a la tienda...

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lunes, 28 de junio de 2010

De viaje

Aviso con retraso, desde el 1 de Junio estoy de viaje. Primero, unos días en Madrid, después unos días en Asturias y luego...un vuelo que me lleva al otro lado del Mediterráneo :)

Hasta el 22 de Agosto no regreso a Asturias, si Dios quiere. Por enmedio habrán pasado unos cuantos países y más sellos y visados en el pasaporte. Y espero que muchas buenas experiencias.


Escribiré sobre el viaje...cuando haya acabado probablemente :) Estoy intentando sacar tiempo para escribir pero ni siquiera lo encuentro para ordenar fotos, así que Facebook es la forma más fiable de seguirme la pista...


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lunes, 24 de mayo de 2010

Una de grados

No saber cuantos grados tiene un círculo es uno de los errores más comunes de quienes recurren a la difusa memoria, bendita ella que suele dormir a pierna suelta, para recuperar conceptos de geometría básica. Si oís que alguien ha dado un giro de 360 grados en su carrera, sonreidle al que afirma que nada ha cambiado cuando en realidad quiere decir todo lo contrario. Y si tenéis confianza, paciencia y la seguridad de su humilde reacción, explicadle que un círculo, medido en grados, tiene 360. Con esa unidad de medida, para ir al extremo opuesto del mismo metafórico círculo, ese lanzarse a hacer lo contrario de lo que se venía haciendo hasta ahora, uno sólo ha de recorrer 180.

Hoy, lunes, es el primer día en que se hace evidente que en los círculos concéntricos de mi vida ha habido bastante movimiento.

En el círculo pequeño, ese que lleva un calendario medido en meses, hoy no ha sonado el despertador para ir a trabajar, no he cogido el LUAS para irme al Sur de Dublín, no he desayunado tostadas con azúcar espolvoreado sobre la mantequilla deliciosamente fundida (recuerdo de meriendas infantiles) mientras compruebo mi correo sentado en frente del ordenador, relajado inicio de la jornada laboral. De empleado a desempleado sin intención o necesidad de cambiar de estado a corto plazo, mi vida, mi rutina del día a día ha dado un giro de 180 grados.

En el círculo grande, ese que lleva un calendario medido en años, he vuelto a desempolvar las cajas en las que hago mudanza, he sacado bolsas y petates de sus escondites, y he buscado alternativas para guardar los cachivaches, la ropa, los chismes inútiles y necesarios que componen mi vida en Dublín. Como en Noviembre del 2006 y Marzo del 2009, otra vez dejo un trabajo en una multinacional, me echo la mochila a la espalda y me voy de viaje. Han pasado los años y las zancadillas de la vida, se han sumado sellos y visados al pasaporte, pero no han cambiado apenas las circunstancias y mi vida ha dado un giro de 360 grados.

Yo he vuelto a hacer girar la rueda, ¿cuando fue la última vez que tú decidiste que querías girar el círculo de tu vida?

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domingo, 20 de septiembre de 2009

40.02



La tarjeta de embarque ya estaba en la mano de la chica Ryanair que comprobaba nombre y apellidos con el documento de identidad, así como que fuera el número correcto, cuando reparó en el bulto de la espalda. “No puede llevar más que un bulto”, dijo, señalando la maleta principal de perezosas ruedas que renqueaba a su espalda y cuya innegable presencia no había manera de esconder.

Era la pasajera que iba justo delante de mí, y yo no moví ni un músculo de mi cara de auténtico sueño y pretendido aburrimiento. Tampoco se me escapó la bolsa con dos pantalones y un libro que escondía envuelta en mi forro polar, abrazada por mi cortavientos y sostenida con falsa desidia a la altura de mi cadera. La cámara fotográfica, que según todos los emails, carteles y avisos de Ryanair, debía ir dentro de la mochila, colgaba de mi cuello, porque a mi espalda no cabía ni un alfiler. Por no caber, ni siquiera ella hubiera cabido en la jaula metálica que se usa como referencia de las medidas máximas del equipaje de mano y que estaba situada junto a los mostradores de facturación y junto a las puertas de embarque.

La inconsciente pasajera probó el recurso de contestar con sorpresa en su italiano nativo, pero la chica del mostrador le repitió el mismo mensaje en el idioma de Dante mientras comprobaba mi pasaporte y billete y me daba las gracias.

Dado que me tropecé otra vez con la italiana en la T1, he de suponer que se las arregló para meter la mochila en la bolsa-maleta y no la dejaron en tierra. A mí me hubiera resultado imposible. Como ocurrió en Frankfurt-Hahn con dos camisetas, me veía con los pantalones enrollados en mi cintura, por debajo de la ropa. Finalmente, no hubo que hacer el ridículo y el vuelo FR5312 de las 7:05 despegó de Valencia con rumbo a Barajas sin ningún pasajero medio desnudo o doblemente vestido.

El tiempo vuela, y atrás dejaba no sólo una bonita ciudad mediterránea, sino también un rencuentro con una (no muy) vieja amiga que precisamente hoy cumple años, ni muchos ni pocos, sino los justos para que sus escasas arrugas sean más de conocimiento y vida que de edad.

Mis fechas de vuelta a Dublín vía Madrid se cuadraron precisamente para, aprovechando una generosa oferta de la aerolínea del arpa dorada, poder pasar unos días con ella. Por aquello de que los precios más baratos son en los horarios más intempestivos, y de que en el Metro de Madrid delegan en la eficacia y buen hacer de los taxistas para los servicios entre la 01:30 y las 06:00, una noche de lunes en la T1, enfrente del mostrador 362 fue inevitable y nada solitaria

Una casa con agua pero sin corriente, con hormigas pero sin cucarachas, temporalmente vacía pero no abandonada, no mermó en absoluto la experiencia, soleada y tranquila, de los paseos por una ciudad en que la faraónica desviación de un río provocó que en su cauce florecieran campos de fútbol, baloncesto y tenis, parques, jardines, un gigante dormido y las siempre espectaculares obras del polémico Calatrava. En esta segunda ocasión en que la visito, la ciudad se me ha re-presentado con inauditas tormentas de rayos y truenos, con cielos que abren sus compuertas para abochornar pantanos.

En otro orden de cosas, si ayer fué Trivandrum y hoy Valencia, me pregunto ¿dónde volverán a cruzarse nuestros senderos de aún no gastados guijarros?



P.D.: Según el cachondo sobrecargo, Javier, el vuelo de Valencia a Madrid iba a durar 40 minutos...y 2 segundos...

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miércoles, 8 de julio de 2009

Retornando, por el momento

El reloj de mi portátil marca casi las cinco de la tarde, pero eso es en la India, no aquí, a bordo de un vuelo desde Stansted a Avilés el primer miércoles de Julio. A la cámara le puse la hora correcta esta misma mañana, al poco de despertarme de mi “bancario” sueño en Heathrow. El móvil estuvo con la hora de Bahrain hasta que me dí cuenta al ir a ponerle la alarma. Sólo es miércoles (¿ya es miércoles?) pero siento que todo lo que me rodea es una neblina que se prolonga desde el lunes.

Como despedida de la India y de mi amiga Isa, esa noche tras la cena en el IISE nos fuimos a tomar el postre a una de las cafeterías del Taj de Trivandrum. En el vestíbulo del hotel disfrutamos de dos indecentes, y distintas, muestras de lo que se puede hacer culinariamente con chocolate. Con nuestro idéntico pedido de café, el camarero sirvió por primera vez en su vida no uno sino dos expresso machiato y agradeciendo nuestras sugerencias no nos los cobró y se llevo una buena propina.

A las once de la noche me cubrían las sábanas, pero a las dos menos diez me tocaba levantarme y llevar las maletas al tuk tuk que me esperaba para llevarme al aeropuerto. Gulf Air tenía la gentileza de ofrecerme un desayuno bañado en luz de amanecer y yo me dejé envolver por ella y me tumbé, medio flexionado, a todo lo largo de mi fila de asientos. A la llegada a Oriente, entre fosilizarme en el aeropuerto y salir hacia Manamá, me decidí por lo último, como ya he contado. Entre saltarme el desayuno y pasar cinco horas dormido en la gratuita habitación del hotel o salir al exterior y enfrentarme a una leve tormenta de arena - que pugnaba con el sol para hacerme entrecerrar los ojos (he dicho, digo, y diré que esa es la principal razón de mis arrugas) -, me dije que cuarenta y dos grados centígrados no son nada y me encaminé a visitar la mezquita Ahmed Al Fateh, de la que hablaré en otro momento.

El tiempo vuela, y más cuando lo empuja el viento, y pronto me encontraba de vuelta en el Aeropuerto, embarcando en dirección a Europa. Me tentaron primero René Zellwegger y luego Liam Neeson y al final le otorgué algunos cuartos de hora sueltos a Morfeo, con el increíblemente bello sonido de un recitado Corán meciéndome a través de los auriculares.

En lugar de libro sagrado, la melodía de esa noche de aterrizaje tardío fue una combinación de charlas que pasaban con prisa, zumbido de neveras de cerrada cafetería y pasos amortiguados. Es lo que ocurre cuando uno se queda a dormir, pero no en solitario, en un aeropuerto como el de Heathrow, que funciona veinticuatro horas al día, los siete días de la semana. Al final uno ha cabeceado más que dormido y se adelanta con diferencia a la suave melodía del despertador (hace tiempo que me levanto con relajación y tranquilidad, no con estridencias y prisas sonoras) y se sube al metro antes de lo previsto, aunque eso no supone que el autobús del aeropuerto salga antes de las fijadas siete y media de la mañana.

Y, finalmente, con casi media hora de retraso, mi avión de EasyJet, despega. Es ya el tercer vuelo que tomo, y pronto el cuarto país que piso, en las últimas (básicamente insomnes) treinta y seis horas.

Ahora, a ver que normalidad me espera.


PD:Subiré este texto escrito a caballo de las nubes, el día que me baje el netbook al centro de Avilés, que mi madre aún no ha puesto Internet en casa. Y espero poder decir que el miércoles dormí como una piedra.

PDII: 30 no son 90, me la guardo, me la guardo. La próxima vez que me digas que de una charla sobre Internet y SEO asegurate de que también me dices que va a durar HORA Y MEDIA y así no me quedo sin palabras tras cuarenta y cinco minutos. Sí, sí, va por ti.

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martes, 30 de junio de 2009

Babababahrein

bahrain documentos“Hola. Quería saber si hay algún autobús que vaya del aeropuerto a la ciudad, porque” (acabo de aterrizar procedente de Thiravantapuram, son las siete de la mañana)” mi siguiente vuelo no sale hasta las cuatro menos cuarto de la tarde y” (aunque haya WiFi gratis, un McDonald´s y un enorme Duty Free) “quería acercarme hasta Manamá y dar una vuelta”.

El tipo me pide mi tarjeta de embarque, confirma que no salgo para Londres hasta dentro de casi diez horas y se pone a escribir en un formulario.

Cuando me lo entrega, me dice que todo es gratis:

El visado de entrada al país, el transporte hasta el hotel de cuatro estrellas, el desayuno, la habitación, la comida y el transporte de vuelta al aeropuerto a las dos menos cuarto.

Así da gusto volar con Gulf Air.

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sábado, 13 de junio de 2009

Verano Azul

verano azul en Sri lanka
Bien, consideremos a Junio como parte de “verano” y es correcto. Lo que ya no lo es tanto es llamar azul a lo que en realidad es verde. Explicación necesaria: como un Javi menos rubio, hoy he andado, ejem, pedaleado, bicicleta abajo, bicicleta arriba toda la enorme, extensa, intrincada, semipoblada, y, por supuesto, verde, extensión de Arunadhapura, la primigenia capital de Sri Lanka.

A las ocho de la mañana estaba ya de camino de cambiar de hotel y a las nueve me subía a una bicicleta que no he abandonado hasta las seis de la tarde, que he dejado aparcada al lado de recepción.

Miento como un bellaco, en el laberinto de caminos y carreteras que es el conjunto arqueológico milenario de Arunadhapura, hay ciento y un ruinas de muros y edificios que ver y varias stupas, dagabas, payas, monos, ardillas y nutrias que visitar o fotografiar. Y, respetando las costumbres locales, uno ha de ir descalzo (por supuesto, no montado en una bicicleta) a la hora de acceder a los edificios. Así que hoy, 13 de junio, he vuelto a mi hotel, con las nalgas peladas como un mandril (si se me permite la grotesca comparación) y los pies, bueno, los pies, simplemente destrozados.

Recuerdo que recorrer Angkor fue cosa de tres dias, y con tuk tuk, pero tal y como está planteado el ticket de Central Cultural Fund para las “ancient cities” de Sri Lanka, sólo tienes un día para cada visita. Si ayer llegué desde Polonnawura tras sus buenas cuatro horas de viaje para irme a Mihintale, el plan para hoy era exprimir cada minuto entre piedras que no cifran su edad en años, sino en siglos.

Y creo que lo he aprovechado. Y disfrutado.

PD: Mamá, Feliz Cumpleaños. Te lo dije ayer por teléfono, cuando finalmente conseguí comunicar contigo, y te lo repito ahora en mi blog. Y, como se que no lo lees, también puedo decirte que DEJES DE CARGAR CON TANTA BOLSA que ya no eres una jovencita y que mejor te viene ir a la compra cada dos días que hacerlo cada cuatro y volver cargada. Tan cierto como que no me leerás es que no me harás caso. Suspiro de resignación.

PDII; Y, por si alguien lo dudaba, confirmar que sólo me conecto una vez a la semana. O menos. Que para eso está uno en el extranjero, por ocio, ¿o no es verdad?

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domingo, 7 de junio de 2009

Sri Lanka

Llevo ya una semana en Sri Lanka y mi primera impresión del país-isla es que es más limpio que la India, y eso que nunca había visto tantas papeleras juntas como en Pondicherry, Tamil Nadu. Desde el trayecto del aeropuerto a la estación de tren de Fort Colombo hasta ayer por la mañana que me subí en un tren de vuelta a Kandy, la verdad es que esto es como una India más limpia. No digo que no haya basura, no. uno de los (muchos) problemas del Tercer Mundo es la gestión de los resíduos, y eso ocurre desde Vietnam a Laos.

Aquí, como allí, acaban amontonados en las cunetas hasta que...les prenden fuego. Papeles, restos orgánicos y, por supuesto, plásticos, acaban convertidos en cenizas y en humo cancerígeno...

Por cierto, Sri Lanka está de fiesta. Desde que aterricé el domingo pasado no hago más que ver banderas por todos lados, posters con fotos de militares y vehículos e incluso el miércoles hubo un desfile extraordinario en Colombo. ¿El motivo? Después de años de lucha, acaban de ser derrotados los rebeldes separatistas del LTTE (que llegaron a tener una pequeña armada, a controlar un 20% del territorio nacional y a realizar ataques con aviones ligeros). Eso explica que en mi móvil aparezca el mensaje “Salute our heroes” (Saludemos a nuestros héroes) como puede aparecer un “Orange Madrid” cuando me encuentro por la capital española.

Toda la gente con la que hablo está feliz, como no podía ser menos. Aunque estemos en temporada baja, cuentan con que la paz traerá más turistas, más divisas, más riquezas y más desarrollo. Es lo que tienen los países “atrasados”, que se conforman con poco. ¿Con qué nos conformamos nosotros, los privilegiados, que tenemos infraestructuras, 3G en los móviles, seguro médico y toda la oferta de ocio y comida que se nos pueda ocurrir?

En fin. Se me acaba mi semana en las montañas y empieza la semana en el Triángulo de las Ciudades de la antigüedad, y yo sigo con dos semanas de retraso en contarlo....

¡Paciencia!







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viernes, 5 de junio de 2009

¿Por qué no te callas?

A riesgo de que se me acuse de ser políticamente incorrecto, he de decir que me he pasado la noche del sábado cagándome en los muertos de las familias hindues. Bueno, no ha sido la noche, porque no me he tumbado en los asientos hasta las once y media mas o menos y a las cuatro y media ha sonado la alarma del móvil. Y tampoco ha sido que hiciera aspavientos y gritara que sus abuelos podían haber sido célibes y castos y le hubieran ahorrado una carga a la Humanidad. Lo único es que los considero la cosa más ruidosa sobre la faz de la Tierra. Con y sin móvil. Y al padre que le compró a su hija unas zapatillas que suenan con un chillido espantoso cada vez que pisa, deberían darle tres millones de collejas. Para empezar.

Los he sufrido como huéspedes en habitaciones de hotel en que daban las tres de la mañana y ellos seguían viendo a todo volumen la televisión. También dándose madrugones a las cinco y seis de la mañana para coger el coche o autobús y charlar a voz en grito mientras preparan la maleta. Con la puerta de la habitación abierta. Y la televisión a todo volumen.

Incluso el personal de algunos hoteles (el de Madurai, por ejemplo) no tiene reparos en andar dando voces por el pasillo a las seis de la mañana, que ya están despiertos y trabajando los muy cabrones, digo, pobrecitos.

Y no os penséis que Señórito Occidental es un privilegiado que se levanta al mediodía y espera el desayuno en la cama. No, no, mi despertador suena todos los días a las ocho y media, para salir del hostal a eso de las nueve, y en alguna ocasión me he dado el madrugón a las siete y media. Es la privilegiada vida del desempleado viajero.

Los tapones para los oidos, indispensables.

(Nota: después de cinco horas de viaje en tren desde Pondicherri a Chennai, a las diez de la noche subía al aeropuerto donde pasé la noche para tomar mi vuelo a Sri Lanka...y cuya facturación abría a las cuatro y media de la mañana)

(Nota II: Escrito por él la mañana del domingo 31 de mayo, mientras esperaba para embarcar rumbo a Colombo)

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viernes, 29 de mayo de 2009

Que se pare el mundo

Cuando uno se toma un chai, está en paz con el mundo. Y el mundo le deja tranquilo por un rato. Saborear este té, azucarado y con leche en su justa medida, te aleja por unos minutos de los bocinazos de los rickshaws, las motocicletas y cualquier otro vehículo del que se precie su dueño.

Lo encontrarás en las paradas de autobús, tanto las grandes y caóticas, como las que son poco más que cuatro paredes en medio de una polvorienta carretera. Dentro de los trenes en movimiento, con un empleado gritando “chaia, chaia” y llevando un depósito con esa bebida pero eso no excluye los andenes de las estaciones, porque aunque el convoy pare apenas un minuto siempre hay tiempo para que se acerque un vendedor a la ventanilla. Y también por ciudades y pueblos, porque la vida no se entiende sin tomarse un espumoso y calentito chai, con su ritual incluido de filtrado y, como haríamos la comparación en mi tierra, de escanciado.

Yo llevo toda la semana con la misma rutina, a las ocho y media suena el despertador y un rato después salgo camino de ver el templo de rigor. Por la tarde, buscar el autobús correspondiente, y a velocidades ridículas, cubrir los kilómetros necesarios que me lleven a una nueva ciudad en la que, caída la noche, buscar alojamiento. Hoy iré hacia Pondicherri, ayer dormí en Chidambaran, la víspera en Thanjavur, el día anterior en Tiruchirappalli, el lunes fue Madurai. El sábado será Chennai, y el domingo después de mi vuelo, puede que Negombo, ya en Sri Lanka, si no consigo subirme a un autobús o tren que me lleve a Anuradhapura de un tirón. Y, ese pajarito carpintero que es la conciencia, me recuerda constantemente que llevo más de una semana de retraso en contarlo.

Pero ayer, exhausto después de haber abandonado mi hotel a las dos de la tarde y haber pasado casi seis horas de pie en autobuses abarrotados, con gente viajando asida a las agarraderas al lado de la inexistente puerta, tras tirar las mochilas en mi habitación bajé a la calle y a un viejo experto le tendí tres rupias mientras le pedía, sonriente, “Chai, por favor”.

Y el mundo y yo, por unos minutos, estuvimos en paz.

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