domingo, 11 de diciembre de 2011
El caballo de Espartero
domingo, 28 de agosto de 2011
Avistu de Viajablog en la prensa asturiana
Los 5 minutos de fama por la que todos pasamos han vuelto para mí. Después del viaje de un año por Asia hubo una entrevista con El y Ella para La Nueva España de Avilés y cuando trabajaba en Google en Dublín, otra más - para la sección de Asturianos en el mundo - hoy he vuelto a las páginas del mismo periódico.
Como Co-editor de Viajablog, en La Nueva España me han hecho un reportaje cuya resumida versión digital podéis leer en este enlace (La Nueva España).
Y, sí, en dos días voy en ALSA a Madrid y a estas alturas de la semana que viene ya habré pasado una noche en Tashkent.
"Caminante no hay camino..."
miércoles, 19 de enero de 2011
Sayonara, Japón. Por los pelos.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Vídeos, libros y caras
domingo, 22 de agosto de 2010
Perdido en el desierto (IV)
Nuestro cretino, digo, intrépido reportero ha sido rescatado...¡por fín!
sábado, 21 de agosto de 2010
Perdido en el desierto (III)
Nuestro cretino, digo, intrépido sobreviviente ha conseguido superar la noche sin ser mordido por ninguna alimaña e intenta improvisar, con una lupa y papel, una hoguera...
miércoles, 28 de julio de 2010
Prohibido prohibir
Avis on the road
domingo, 11 de julio de 2010
Perdido en el desierto (II)
Wadi Rum, Jordania. La puesta de sol ha sido preciosa pero nuestro patético reportero se ha encontrado enmedio de una enorme explanada. La noche ha caido y él no encuentra el camino que le conduce a la tienda...
sábado, 10 de julio de 2010
Perdido en el desierto (I)
Wadi Rum, Jordania. La puesta de sol ha sido preciosa pero nuestro patético reportero se ha encontrado enmedio de una enorme explanada. La noche ha caido y él no encuentra el camino que le conduce a la tienda...
lunes, 28 de junio de 2010
De viaje
Escribiré sobre el viaje...cuando haya acabado probablemente :) Estoy intentando sacar tiempo para escribir pero ni siquiera lo encuentro para ordenar fotos, así que Facebook es la forma más fiable de seguirme la pista...
lunes, 24 de mayo de 2010
Una de grados
domingo, 20 de septiembre de 2009
40.02

La tarjeta de embarque ya estaba en la mano de la chica Ryanair que comprobaba nombre y apellidos con el documento de identidad, así como que fuera el número correcto, cuando reparó en el bulto de la espalda. “No puede llevar más que un bulto”, dijo, señalando la maleta principal de perezosas ruedas que renqueaba a su espalda y cuya innegable presencia no había manera de esconder.
Era la pasajera que iba justo delante de mí, y yo no moví ni un músculo de mi cara de auténtico sueño y pretendido aburrimiento. Tampoco se me escapó la bolsa con dos pantalones y un libro que escondía envuelta en mi forro polar, abrazada por mi cortavientos y sostenida con falsa desidia a la altura de mi cadera. La cámara fotográfica, que según todos los emails, carteles y avisos de Ryanair, debía ir dentro de la mochila, colgaba de mi cuello, porque a mi espalda no cabía ni un alfiler. Por no caber, ni siquiera ella hubiera cabido en la jaula metálica que se usa como referencia de las medidas máximas del equipaje de mano y que estaba situada junto a los mostradores de facturación y junto a las puertas de embarque.
La inconsciente pasajera probó el recurso de contestar con sorpresa en su italiano nativo, pero la chica del mostrador le repitió el mismo mensaje en el idioma de Dante mientras comprobaba mi pasaporte y billete y me daba las gracias.
Dado que me tropecé otra vez con la italiana en la T1, he de suponer que se las arregló para meter la mochila en la bolsa-maleta y no la dejaron en tierra. A mí me hubiera resultado imposible. Como ocurrió en Frankfurt-Hahn con dos camisetas, me veía con los pantalones enrollados en mi cintura, por debajo de la ropa. Finalmente, no hubo que hacer el ridículo y el vuelo FR5312 de las 7:05 despegó de Valencia con rumbo a Barajas sin ningún pasajero medio desnudo o doblemente vestido.
El tiempo vuela, y atrás dejaba no sólo una bonita ciudad mediterránea, sino también un rencuentro con una (no muy) vieja amiga que precisamente hoy cumple años, ni muchos ni pocos, sino los justos para que sus escasas arrugas sean más de conocimiento y vida que de edad.Mis fechas de vuelta a Dublín vía Madrid se cuadraron precisamente para, aprovechando una generosa oferta de la aerolínea del arpa dorada, poder pasar unos días con ella. Por aquello de que los precios más baratos son en los horarios más intempestivos, y de que en el Metro de Madrid delegan en la eficacia y buen hacer de los taxistas para los servicios entre la 01:30 y las 06:00, una noche de lunes en la T1, enfrente del mostrador 362 fue inevitable y nada solitaria
Una casa con agua pero sin corriente, con hormigas pero sin cucarachas, temporalmente vacía pero no abandonada, no mermó en absoluto la experiencia, soleada y tranquila, de los paseos por una ciudad en que la faraónica desviación de un río provocó que en su cauce florecieran campos de fútbol, baloncesto y tenis, parques, jardines, un gigante dormido y las siempre espectaculares obras del polémico Calatrava. En esta segunda ocasión en que la visito, la ciudad se me ha re-presentado con inauditas tormentas de rayos y truenos, con cielos que abren sus compuertas para abochornar pantanos.
En otro orden de cosas, si ayer fué Trivandrum y hoy Valencia, me pregunto ¿dónde volverán a cruzarse nuestros senderos de aún no gastados guijarros?

P.D.: Según el cachondo sobrecargo, Javier, el vuelo de Valencia a Madrid iba a durar 40 minutos...y 2 segundos...
miércoles, 8 de julio de 2009
Retornando, por el momento
Como despedida de la India y de mi amiga Isa, esa noche tras la cena en el IISE nos fuimos a tomar el postre a una de las cafeterías del Taj de Trivandrum. En el vestíbulo del hotel disfrutamos de dos indecentes, y distintas, muestras de lo que se puede hacer culinariamente con chocolate. Con nuestro idéntico pedido de café, el camarero sirvió por primera vez en su vida no uno sino dos expresso machiato y agradeciendo nuestras sugerencias no nos los cobró y se llevo una buena propina.
A las once de la noche me cubrían las sábanas, pero a las dos menos diez me tocaba levantarme y llevar las maletas al tuk tuk que me esperaba para llevarme al aeropuerto. Gulf Air tenía la gentileza de ofrecerme un desayuno bañado en luz de amanecer y yo me dejé envolver por ella y me tumbé, medio flexionado, a todo lo largo de mi fila de asientos. A la llegada a Oriente, entre fosilizarme en el aeropuerto y salir hacia Manamá, me decidí por lo último, como ya he contado. Entre saltarme el desayuno y pasar cinco horas dormido en la gratuita habitación del hotel o salir al exterior y enfrentarme a una leve tormenta de arena - que pugnaba con el sol para hacerme entrecerrar los ojos (he dicho, digo, y diré que esa es la principal razón de mis arrugas) -, me dije que cuarenta y dos grados centígrados no son nada y me encaminé a visitar la mezquita Ahmed Al Fateh, de la que hablaré en otro momento.
El tiempo vuela, y más cuando lo empuja el viento, y pronto me encontraba de vuelta en el Aeropuerto, embarcando en dirección a Europa. Me tentaron primero René Zellwegger y luego Liam Neeson y al final le otorgué algunos cuartos de hora sueltos a Morfeo, con el increíblemente bello sonido de un recitado Corán meciéndome a través de los auriculares.
En lugar de libro sagrado, la melodía de esa noche de aterrizaje tardío fue una combinación de charlas que pasaban con prisa, zumbido de neveras de cerrada cafetería y pasos amortiguados. Es lo que ocurre cuando uno se queda a dormir, pero no en solitario, en un aeropuerto como el de Heathrow, que funciona veinticuatro horas al día, los siete días de la semana. Al final uno ha cabeceado más que dormido y se adelanta con diferencia a la suave melodía del despertador (hace tiempo que me levanto con relajación y tranquilidad, no con estridencias y prisas sonoras) y se sube al metro antes de lo previsto, aunque eso no supone que el autobús del aeropuerto salga antes de las fijadas siete y media de la mañana.
Y, finalmente, con casi media hora de retraso, mi avión de EasyJet, despega. Es ya el tercer vuelo que tomo, y pronto el cuarto país que piso, en las últimas (básicamente insomnes) treinta y seis horas.
Ahora, a ver que normalidad me espera.
PD:Subiré este texto escrito a caballo de las nubes, el día que me baje el netbook al centro de Avilés, que mi madre aún no ha puesto Internet en casa. Y espero poder decir que el miércoles dormí como una piedra.
PDII: 30 no son 90, me la guardo, me la guardo. La próxima vez que me digas que de una charla sobre Internet y SEO asegurate de que también me dices que va a durar HORA Y MEDIA y así no me quedo sin palabras tras cuarenta y cinco minutos. Sí, sí, va por ti.
martes, 30 de junio de 2009
Babababahrein
“Hola. Quería saber si hay algún autobús que vaya del aeropuerto a la ciudad, porque” (acabo de aterrizar procedente de Thiravantapuram, son las siete de la mañana)” mi siguiente vuelo no sale hasta las cuatro menos cuarto de la tarde y” (aunque haya WiFi gratis, un McDonald´s y un enorme Duty Free) “quería acercarme hasta Manamá y dar una vuelta”.El tipo me pide mi tarjeta de embarque, confirma que no salgo para Londres hasta dentro de casi diez horas y se pone a escribir en un formulario.
Cuando me lo entrega, me dice que todo es gratis:
El visado de entrada al país, el transporte hasta el hotel de cuatro estrellas, el desayuno, la habitación, la comida y el transporte de vuelta al aeropuerto a las dos menos cuarto.
Así da gusto volar con Gulf Air.
sábado, 13 de junio de 2009
Verano Azul

Bien, consideremos a Junio como parte de “verano” y es correcto. Lo que ya no lo es tanto es llamar azul a lo que en realidad es verde. Explicación necesaria: como un Javi menos rubio, hoy he andado, ejem, pedaleado, bicicleta abajo, bicicleta arriba toda la enorme, extensa, intrincada, semipoblada, y, por supuesto, verde, extensión de Arunadhapura, la primigenia capital de Sri Lanka.
A las ocho de la mañana estaba ya de camino de cambiar de hotel y a las nueve me subía a una bicicleta que no he abandonado hasta las seis de la tarde, que he dejado aparcada al lado de recepción.
Miento como un bellaco, en el laberinto de caminos y carreteras que es el conjunto arqueológico milenario de Arunadhapura, hay ciento y un ruinas de muros y edificios que ver y varias stupas, dagabas, payas, monos, ardillas y nutrias que visitar o fotografiar. Y, respetando las costumbres locales, uno ha de ir descalzo (por supuesto, no montado en una bicicleta) a la hora de acceder a los edificios. Así que hoy, 13 de junio, he vuelto a mi hotel, con las nalgas peladas como un mandril (si se me permite la grotesca comparación) y los pies, bueno, los pies, simplemente destrozados.
Recuerdo que recorrer Angkor fue cosa de tres dias, y con tuk tuk, pero tal y como está planteado el ticket de Central Cultural Fund para las “ancient cities” de Sri Lanka, sólo tienes un día para cada visita. Si ayer llegué desde Polonnawura tras sus buenas cuatro horas de viaje para irme a Mihintale, el plan para hoy era exprimir cada minuto entre piedras que no cifran su edad en años, sino en siglos.
Y creo que lo he aprovechado. Y disfrutado.
PD: Mamá, Feliz Cumpleaños. Te lo dije ayer por teléfono, cuando finalmente conseguí comunicar contigo, y te lo repito ahora en mi blog. Y, como se que no lo lees, también puedo decirte que DEJES DE CARGAR CON TANTA BOLSA que ya no eres una jovencita y que mejor te viene ir a la compra cada dos días que hacerlo cada cuatro y volver cargada. Tan cierto como que no me leerás es que no me harás caso. Suspiro de resignación.
PDII; Y, por si alguien lo dudaba, confirmar que sólo me conecto una vez a la semana. O menos. Que para eso está uno en el extranjero, por ocio, ¿o no es verdad?

domingo, 7 de junio de 2009
Sri Lanka
Aquí, como allí, acaban amontonados en las cunetas hasta que...les prenden fuego. Papeles, restos orgánicos y, por supuesto, plásticos, acaban convertidos en cenizas y en humo cancerígeno...
Por cierto, Sri Lanka está de fiesta. Desde que aterricé el domingo pasado no hago más que ver banderas por todos lados, posters con fotos de militares y vehículos e incluso el miércoles hubo un desfile extraordinario en Colombo. ¿El motivo? Después de años de lucha, acaban de ser derrotados los rebeldes separatistas del LTTE (que llegaron a tener una pequeña armada, a controlar un 20% del territorio nacional y a realizar ataques con aviones ligeros). Eso explica que en mi móvil aparezca el mensaje “Salute our heroes” (Saludemos a nuestros héroes) como puede aparecer un “Orange Madrid” cuando me encuentro por la capital española.
Toda la gente con la que hablo está feliz, como no podía ser menos. Aunque estemos en temporada baja, cuentan con que la paz traerá más turistas, más divisas, más riquezas y más desarrollo. Es lo que tienen los países “atrasados”, que se conforman con poco. ¿Con qué nos conformamos nosotros, los privilegiados, que tenemos infraestructuras, 3G en los móviles, seguro médico y toda la oferta de ocio y comida que se nos pueda ocurrir?
En fin. Se me acaba mi semana en las montañas y empieza la semana en el Triángulo de las Ciudades de la antigüedad, y yo sigo con dos semanas de retraso en contarlo....
¡Paciencia!





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viernes, 5 de junio de 2009
¿Por qué no te callas?
Los he sufrido como huéspedes en habitaciones de hotel en que daban las tres de la mañana y ellos seguían viendo a todo volumen la televisión. También dándose madrugones a las cinco y seis de la mañana para coger el coche o autobús y charlar a voz en grito mientras preparan la maleta. Con la puerta de la habitación abierta. Y la televisión a todo volumen.
Incluso el personal de algunos hoteles (el de Madurai, por ejemplo) no tiene reparos en andar dando voces por el pasillo a las seis de la mañana, que ya están despiertos y trabajando los muy cabrones, digo, pobrecitos.
Y no os penséis que Señórito Occidental es un privilegiado que se levanta al mediodía y espera el desayuno en la cama. No, no, mi despertador suena todos los días a las ocho y media, para salir del hostal a eso de las nueve, y en alguna ocasión me he dado el madrugón a las siete y media. Es la privilegiada vida del desempleado viajero.
Los tapones para los oidos, indispensables.
(Nota: después de cinco horas de viaje en tren desde Pondicherri a Chennai, a las diez de la noche subía al aeropuerto donde pasé la noche para tomar mi vuelo a Sri Lanka...y cuya facturación abría a las cuatro y media de la mañana)
(Nota II: Escrito por él la mañana del domingo 31 de mayo, mientras esperaba para embarcar rumbo a Colombo)
viernes, 29 de mayo de 2009
Que se pare el mundo
Lo encontrarás en las paradas de autobús, tanto las grandes y caóticas, como las que son poco más que cuatro paredes en medio de una polvorienta carretera. Dentro de los trenes en movimiento, con un empleado gritando “chaia, chaia” y llevando un depósito con esa bebida pero eso no excluye los andenes de las estaciones, porque aunque el convoy pare apenas un minuto siempre hay tiempo para que se acerque un vendedor a la ventanilla. Y también por ciudades y pueblos, porque la vida no se entiende sin tomarse un espumoso y calentito chai, con su ritual incluido de filtrado y, como haríamos la comparación en mi tierra, de escanciado.
Yo llevo toda la semana con la misma rutina, a las ocho y media suena el despertador y un rato después salgo camino de ver el templo de rigor. Por la tarde, buscar el autobús correspondiente, y a velocidades ridículas, cubrir los kilómetros necesarios que me lleven a una nueva ciudad en la que, caída la noche, buscar alojamiento. Hoy iré hacia Pondicherri, ayer dormí en Chidambaran, la víspera en Thanjavur, el día anterior en Tiruchirappalli, el lunes fue Madurai. El sábado será Chennai, y el domingo después de mi vuelo, puede que Negombo, ya en Sri Lanka, si no consigo subirme a un autobús o tren que me lleve a Anuradhapura de un tirón. Y, ese pajarito carpintero que es la conciencia, me recuerda constantemente que llevo más de una semana de retraso en contarlo.
Pero ayer, exhausto después de haber abandonado mi hotel a las dos de la tarde y haber pasado casi seis horas de pie en autobuses abarrotados, con gente viajando asida a las agarraderas al lado de la inexistente puerta, tras tirar las mochilas en mi habitación bajé a la calle y a un viejo experto le tendí tres rupias mientras le pedía, sonriente, “Chai, por favor”.
Y el mundo y yo, por unos minutos, estuvimos en paz.












