miércoles, 25 de febrero de 2009

Cosas sentadas

Recién cumplidos 5 años de vida y ya cuenta con 175 millones de usuarios. Presencia mundial, con una cuarentena de versiones en idiomas locales. 5 millones de personas actualizan su estatus diariamente. El espejo en que se miran, la referencia que les mide, el ciclista escapado al que persiguen Orkut o Bebo, con perdón de Myspace. Y tuenti, y los que vienen detrás, una vez comprobado que funciona. E incluso el refundado Spaces de Microsoft, que ahora es Live.

Pues pese a todo lo anterior el otro día tuve que explicar lo que era Facebook a una pareja de amigos.

No estaba en Tanzania, precisamente. Y eso que mi amigo, con su portátil, su cámara de vídeo, su gps, que luce orgulloso en un teléfono HTC de penúltima generación (ya se sabe que la última siempre está a la vuelta de la esquina pero en cuanto llega a las estanterías del Carrefour ya se ha vuelto casi obsoleta) no es ningún gañán. Tampoco es un tecnófobo precisamente aunque, aquí manda la desaceleración económica, se conecta a Internet desde el trabajo y no desde casa. Aun así, ante mi sugerencia de sacar el portátil y (aprovechando la red WiFi gratuita que el Ayuntamiento de Avilés ha instalado en todo el casco viejo) enseñarle las fotos que una amiga común ha subido a su perfil de Facebook, me pregunta ingenuamente:

“¿Y que es eso de Facebook de lo que tanto se habla?”

Yo llego estos días a Asturias con cita y fecha, y la casualidad me trae en carnavales, aunque me pierdo el Descenso de Galiana, que me encuentra en Madrid, cosas de Iberia y sus enlaces desde Dublín, compartiendo vino de Rioja y Ron de Martinica con aquel que me califica de “más antiguo viejo amigo”.

Después, el lunes, saliendo por un Gijón que se disfraza a sí mismo para no morirse de aburrimiento naval, me encuentro con un amigo a quien hace años que no veo. Tiempos aquellos en que los domingos había excursiones en grupo con comida casera o de panadería, cenas multitudinarias con entrega de premios e incluso insultantes debates políticos en un Asturias de Mis Amores alojado en los Grupos de MSN.

Perdida la pista, este morboso predicador se tropieza con una caperucita barrigona y bailona que inmediatamente se pone a charlar con uno. No pasan más de dos minutos y ya surge la pregunta obligada “¿Estás en Facebook?”. Cuando vuelva a conectarme al día siguiente, ya me ha enviado una solicitud para agregarlo como amigo.

Vuelta a la normalidad.

No hay comentarios.: