miércoles 19 de enero de 2011

Sayonara, Japón. Por los pelos.

Cuando el revisor me dijo la hora a la que llegaríamos al aeropuerto me di cuenta de que iba a perder el avión. Un mes entero cogiendo trenes locales sin que jamás me hubiera pasado ningún percance y precisamente el último día, con el tiempo no demasiado sobrado me tiene que ocurrir. Los 1260 yenes del JR directo al aeropuerto no me convencieron con el chip de backpacker puesto: por 200 yenes menos y añadiendo sólo dos transbordos y 30 minutos al viaje, tenía otra alternativa más adaptada a mi (risas enlatadas) estilo de vida.

Salí del hostel a eso de las cinco y media, tres horas y veinte antes de que despegara mi vuelo. Recuperé los 500 del depósito de mi tarjeta PASMO, comprobé que en la máquina de emitir billetes no aparecía “1060”, le pregunte a un empleado y me dijo que buscara la tecla “Narita”. Pagué los 1060, bajé al andén 1 cuando salía un tren, al llegar el siguiente no me sonaba de nada la estación final del mismo, pero cinco minutos después (a las 17:44), había uno a Aoto, donde debía cambiarme. Lo esperé, lo abordé, me bajé y, conforme a instrucciones, me subí al tren que estaba enfrente. Las paradas iban coincidiendo una vez se puso en marcha.

El destino final, no. Era Chidaraba o algo así. Empecé a inquietarme. Un señor mayor que se bajaba me preguntó a donde iba, le dije Narita Airport y me dijo que no, que el tren se desviaba en otra estación y no iba para allí. Con los ojos como platos, me fuí a preguntarle al empleado que está en la cola del vagón. No, no vamos a Narita. Sí, tengo que hacer transbordo en una estación a la que llegamos a las 18:47. No, el tren que he de coger no llegará allí hasta las 19:12. ¿Al aeropuerto? Allí llegaré a las 19:50.

Entonces supe que perdería el vuelo. Llegamos a la estación de transbordo y me confirmaron que hasta las 19:12 no había vuelo con destino Narita Airport. Cuando llegó el tren (por supuesto local, porque a mí me encanta viajar en trenes locales), y ví cómo paraba y paraba, mi ataque de ojiplatismo debía ser evidente para todo el vagón. “Vamos, vamos, vamos” animaba más que mentalmente al conductor, pensando que por un día podía pisar el acelerador y en vez de ser puntual llegar, no se, con veinte minutos de antelación. En la parada de la Terminal 2 ya estaba preparando la mochila así que en la última parada, la de la Terminal 1, ya estaba perfectamente preparado para salir corriendo renqueando del vagón.

“As I see that you have been running through the airport, I remind you that check in desks close one hour before the flight”, dijo el que parecía supervisor de tierra. “It is only 5 minutes after that” o algo así jadee mientras dejaba la mochila en la cinta transportadora. La chica que atendía el mostrador me dijo que habían llegado varios pasajeros tarde o sea que aún estaba a tiempo, sonrió. Y efectivamente, el embarque se produciría a las 20:15 y ella señaló su reloj al finalizar el proceso y darme todas las tarjetas: las 20:01. Y, como descubrí poco después, entregar el papelito adjuntado a mi pasaporte con los datos de la compra del Mac (tax free) en aduanas fueron 10 segundos, sin sacar el ordenador de la maleta. Inmigración estaba prácticamente desierto, así que fueron 10 segundos más. Incluso pasear por la South Wing en busca de la puerta de embarque 43 era tan sencillo que tuve tiempo hasta de, por fin, ir al servicio.

Eso sí, en el mostrador de facturación el imbécil supervisor me había hecho pesar el equipaje de mano: una bolsa con los regalos, jarrón incluido, y la cámara y mi flamante messenger bag con dos portátiles y más de dos (y tres), mapas y folletos. “The hand luggage allowance is 7 kg and your bags weight 9 kg so I will need you to put 2 kgs in your checked in luggage, sir”. Me sentí como si fuera a volar con Ryanair. Y es que en cualquier situación, en cualquier país, siempre tiene que aparecer el proverbial culo apretado. Afortunadamente la chica del mostrador no tenía cara de preocupada por el peso del equipaje sino porque un pasajero había llegado corriendo en el último minuto y había corrido el riesgo de perder su vuelo. “It is ok...it is ok...” me tranquilizaba mientras ponía las etiquetas en las bolsas y yo (pausa dramática) metía la cámara y el Netbook en la mochila que iba a facturar (cara de sorpresa y horror del público).

Menuda cara de afogado que me debieron ver antes, al salir de la estación y entrar en el aeropuerto donde tienes que someterte a un exámen del equipaje porque el señor sólo me pidió el pasaporte y me despidió rápidamente en español con un “muchas gracias”. ¡Ay que corteses son estos japoneses!. Aunque cuando ví que era el 4o piso donde tenía que ir a facturar “me se” cayeron los cojoncillos al suelo. Pero, finalmente, no hubo drama (ver párrafo anterior).>