domingo, 20 de septiembre de 2009

40.02



La tarjeta de embarque ya estaba en la mano de la chica Ryanair que comprobaba nombre y apellidos con el documento de identidad, así como que fuera el número correcto, cuando reparó en el bulto de la espalda. “No puede llevar más que un bulto”, dijo, señalando la maleta principal de perezosas ruedas que renqueaba a su espalda y cuya innegable presencia no había manera de esconder.

Era la pasajera que iba justo delante de mí, y yo no moví ni un músculo de mi cara de auténtico sueño y pretendido aburrimiento. Tampoco se me escapó la bolsa con dos pantalones y un libro que escondía envuelta en mi forro polar, abrazada por mi cortavientos y sostenida con falsa desidia a la altura de mi cadera. La cámara fotográfica, que según todos los emails, carteles y avisos de Ryanair, debía ir dentro de la mochila, colgaba de mi cuello, porque a mi espalda no cabía ni un alfiler. Por no caber, ni siquiera ella hubiera cabido en la jaula metálica que se usa como referencia de las medidas máximas del equipaje de mano y que estaba situada junto a los mostradores de facturación y junto a las puertas de embarque.

La inconsciente pasajera probó el recurso de contestar con sorpresa en su italiano nativo, pero la chica del mostrador le repitió el mismo mensaje en el idioma de Dante mientras comprobaba mi pasaporte y billete y me daba las gracias.

Dado que me tropecé otra vez con la italiana en la T1, he de suponer que se las arregló para meter la mochila en la bolsa-maleta y no la dejaron en tierra. A mí me hubiera resultado imposible. Como ocurrió en Frankfurt-Hahn con dos camisetas, me veía con los pantalones enrollados en mi cintura, por debajo de la ropa. Finalmente, no hubo que hacer el ridículo y el vuelo FR5312 de las 7:05 despegó de Valencia con rumbo a Barajas sin ningún pasajero medio desnudo o doblemente vestido.

El tiempo vuela, y atrás dejaba no sólo una bonita ciudad mediterránea, sino también un rencuentro con una (no muy) vieja amiga que precisamente hoy cumple años, ni muchos ni pocos, sino los justos para que sus escasas arrugas sean más de conocimiento y vida que de edad.

Mis fechas de vuelta a Dublín vía Madrid se cuadraron precisamente para, aprovechando una generosa oferta de la aerolínea del arpa dorada, poder pasar unos días con ella. Por aquello de que los precios más baratos son en los horarios más intempestivos, y de que en el Metro de Madrid delegan en la eficacia y buen hacer de los taxistas para los servicios entre la 01:30 y las 06:00, una noche de lunes en la T1, enfrente del mostrador 362 fue inevitable y nada solitaria

Una casa con agua pero sin corriente, con hormigas pero sin cucarachas, temporalmente vacía pero no abandonada, no mermó en absoluto la experiencia, soleada y tranquila, de los paseos por una ciudad en que la faraónica desviación de un río provocó que en su cauce florecieran campos de fútbol, baloncesto y tenis, parques, jardines, un gigante dormido y las siempre espectaculares obras del polémico Calatrava. En esta segunda ocasión en que la visito, la ciudad se me ha re-presentado con inauditas tormentas de rayos y truenos, con cielos que abren sus compuertas para abochornar pantanos.

En otro orden de cosas, si ayer fué Trivandrum y hoy Valencia, me pregunto ¿dónde volverán a cruzarse nuestros senderos de aún no gastados guijarros?



P.D.: Según el cachondo sobrecargo, Javier, el vuelo de Valencia a Madrid iba a durar 40 minutos...y 2 segundos...

2 comentarios:

Anónimo dijo...

q te has marchaoooooooooo??? sin despedirte ni ná de ná?????.
maryjou

avistu dijo...

Querida Maryjou,

La vida es dura. La vida es corta. La vida es una putada.

Sal a la calle y grita. Después de pagar la fianza, recapacita y ten hijos, como todo el mundo.

Tuyo,

Miyo