A riesgo de que se me acuse de ser políticamente incorrecto, he de decir que me he pasado la noche del sábado cagándome en los muertos de las familias hindues. Bueno, no ha sido la noche, porque no me he tumbado en los asientos hasta las once y media mas o menos y a las cuatro y media ha sonado la alarma del móvil. Y tampoco ha sido que hiciera aspavientos y gritara que sus abuelos podían haber sido célibes y castos y le hubieran ahorrado una carga a la Humanidad. Lo único es que los considero la cosa más ruidosa sobre la faz de la Tierra. Con y sin móvil. Y al padre que le compró a su hija unas zapatillas que suenan con un chillido espantoso cada vez que pisa, deberían darle tres millones de collejas. Para empezar.
Los he sufrido como huéspedes en habitaciones de hotel en que daban las tres de la mañana y ellos seguían viendo a todo volumen la televisión. También dándose madrugones a las cinco y seis de la mañana para coger el coche o autobús y charlar a voz en grito mientras preparan la maleta. Con la puerta de la habitación abierta. Y la televisión a todo volumen.
Incluso el personal de algunos hoteles (el de Madurai, por ejemplo) no tiene reparos en andar dando voces por el pasillo a las seis de la mañana, que ya están despiertos y trabajando los muy cabrones, digo, pobrecitos.
Y no os penséis que Señórito Occidental es un privilegiado que se levanta al mediodía y espera el desayuno en la cama. No, no, mi despertador suena todos los días a las ocho y media, para salir del hostal a eso de las nueve, y en alguna ocasión me he dado el madrugón a las siete y media. Es la privilegiada vida del desempleado viajero.
Los tapones para los oidos, indispensables.
(Nota: después de cinco horas de viaje en tren desde Pondicherri a Chennai, a las diez de la noche subía al aeropuerto donde pasé la noche para tomar mi vuelo a Sri Lanka...y cuya facturación abría a las cuatro y media de la mañana)
(Nota II: Escrito por él la mañana del domingo 31 de mayo, mientras esperaba para embarcar rumbo a Colombo)
Los he sufrido como huéspedes en habitaciones de hotel en que daban las tres de la mañana y ellos seguían viendo a todo volumen la televisión. También dándose madrugones a las cinco y seis de la mañana para coger el coche o autobús y charlar a voz en grito mientras preparan la maleta. Con la puerta de la habitación abierta. Y la televisión a todo volumen.
Incluso el personal de algunos hoteles (el de Madurai, por ejemplo) no tiene reparos en andar dando voces por el pasillo a las seis de la mañana, que ya están despiertos y trabajando los muy cabrones, digo, pobrecitos.
Y no os penséis que Señórito Occidental es un privilegiado que se levanta al mediodía y espera el desayuno en la cama. No, no, mi despertador suena todos los días a las ocho y media, para salir del hostal a eso de las nueve, y en alguna ocasión me he dado el madrugón a las siete y media. Es la privilegiada vida del desempleado viajero.
Los tapones para los oidos, indispensables.
(Nota: después de cinco horas de viaje en tren desde Pondicherri a Chennai, a las diez de la noche subía al aeropuerto donde pasé la noche para tomar mi vuelo a Sri Lanka...y cuya facturación abría a las cuatro y media de la mañana)
(Nota II: Escrito por él la mañana del domingo 31 de mayo, mientras esperaba para embarcar rumbo a Colombo)











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