lunes, 29 de diciembre de 2008

La hora, idiota, mira la hora

Hoy me siento profundamente estúpido.

No, más aún. Más.

Si siempre hay una primera vez para todo, las doce y veinte de la noche del domingo quedaron marcadas como el momento en que yo, el trotamundos astur, el Willy Fogg avilesino, me dí cuenta de que me había confundido de fecha al comprar el billete de ALSA Avilés-Madrid.

Hace un par de semanas, cuando compré el billete de ida y vuelta, seleccioné en el calendario de su página web el trayecto del 19 de Diciembre, a las 23.59 para la ida y, queriendo volver el domingo 28, el de ese día a las…00.30. Sí, lo miré dos veces y busqué el 29 también, y no me preguntéis como fue que no me dí cuenta de, como dijo el andaluz conductor a pie de autobús “a partir de las doce, es un nuevo día, este billete es para ayer”.

Con la taquilla cerrada, la opción que me aconsejó fue irme hasta Oviedo y ver si había plazas en el que salía a la una de la mañana desde allí. Salté a bordo de un taxí que no bajó de 130 kilómetros por hora durante los veinte minutos que tardamos en llegar a la capital y, pagando con tarjeta, le “regalé” al conductor una cena con espectáculo de Nochevieja,

La taquillera no me correspondió con ningún regalo. Al igual que el que salía de Avilés media hora antes, el de Oviedo iba lleno. Subí hasta la RENFE para ver si había trenes y me encontré la estación cerrada, así como los mostradores de AVIS y de Europcar. De vuelta en la taquilla de ALSA, volví a sacar la tarjeta y ya tenía billete para el Supra a Madrid…de las 06.30 de la mañana.

A la 1.30 cierran la estación de autobuses así que empecé a llamar a mis amigos de Oviedo e incluso mandé un mensaje a un avilesino ex-ovetense y ahora madrileño pero a esas horas no hay respuesta. Me tocó deambular por la calle Mon y el centro en busca de un refugio para alcohólicos que lo fuera temporalmente para mí.

Lo encontré en la Plaza de Riego, en el Café Plaza, a donde me llevó la voz de Ella Fitzgerald y dos coca colas (y un enchufe en la pared, aunque la red de Ojanguren está protegida con contraseña) me mantuvieron enquistado hasta las 04.30 que los últimos parroquianos fueron expulsados del local.

Un lento paseo, compartiendo ocasionalmente acera con las repartidoras de prensa que abren los portales para dejar La Nueva España en los buzones, me deja a las 05.25 de nuevo en la recién abierta estación de autobús. Una hora más tarde, me subo al SUPRA, con conductora, azafata, asientos de piel, toma de corriente, desayuno, aperitivo a las 9.30, y, para mantenerme despierto hasta que lleguemos a Madrid a eso de las 11.30, la tentación:


(Nota para los lectores: mi madre no es asídua de este blog – ni de ningún otro – así que se ruega discreción entre aquellos que se vayan a comunicar con ella. Como la pobre se entere de que me he pasado la noche en vela…)

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