viernes, 10 de julio de 2009

Felicidad a domicilio

Mientras un asustado E.T. buscaba un escondite huyendo de un sonoro manojo de llaves, Elliott & amigos se sentaban en la cocina y hacían algo perfectamente alienígena para mi generación: pedían una pizza por teléfono. TelePizza estaba, como la galaxia del cabezón, a años luz de aquellos renacuajos que chillábamos, aplaudíamos y, naturalmente, llorábamos durante la película. Esas eran cosas raras, de más allá del océano, como las casas con jardín y dos coches en el garaje o un segundo televisor y teléfono, de kilométrico y retorcido cable, en la cocina.

Por no mencionar, en los años del Capitán Furillo y “Hill Street Blues”, la comida de exótico sabor que llegaba en cajitas rectangulares que se abrían como los pétalos de una flor y que no requería de tenedor sino ¡palillos!. Estaban locos estos americanos.

España sigue a la cola de casi todo, por supuesto, pero hace décadas que los 2x1 y los rollitos de primavera llegan en moto a tu portal y todos estamos acostumbrados a las cajas de cartón con comida caliente en su interior.

¿Todos? ¡No!, en un lugar del aislado norte de Hispania, mi anciana pero juvenil madre acaba de descubrir PizzaMóvil, para que luego digan que buzonear no funciona.

pizza movilMe hace gracia, y me da un poquito de esa vergüenza que sentimos a veces los hijos, escucharla pidiendo una “piza” (sic), de vecinal cháchara con la chica que atiende el teléfono, confusa cuando le digo que tiene que pedir un “Menú para dos”, porque eso para ella no es una pizza mediana, dos “tronkomóviles” y un par de Coca Colas, sino un primero, un segundo, postre, pan y bebida. Fuera de casa. Servido por un camarero, no en un buffet.

Y cuando llegan los susodichos “tronkomóviles”, es como un niño frente a su primer huevo Kinder, pero sin el juguete, porque aparece algo rico y nuevo, aunque sólo sea una salchicha dentro de una fina masa de pizza. Y viene con un sobrecito de mayonesa, otro de ketchup y uno más de mostaza. La guinda del figurado pastel.

Y la ves sorprenderse risueña por la novedad, que rompe la monotonía de una dieta baja en grasas y azúcares, generalmente compuesto de verduras hervidas e insípidas o pescado sin apenas pizca de sal.

Para los más jóvenes, y para los que hace tiempo que ya no lo son, todos los días pueden ser seis de Enero en el mundo de la comida a domicilio.

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