Hoy tengo cara de comprador. Aparentemente no me dí cuenta antes de salir de casa, pero otros sí lo vieron. Y no, no es que vaya con una sonrisa, parandome en todos los escaparates o me haya cargado de bolsas de Marks & Spencer, Dunnes Stores o Penneys, ¡que va!. De hecho, más que de comprador, parece que es cara de potencial comprador.
Con el sol luciendo, aunque con menos fuerza que ayer (que después de pasar toda la tarde jugando al mini golf - pitch & putt - en Malahide, volví a casa colorado como una gamba), me pertreché con una toalla, un libro de Oliver North, una botella de limonada y una bolsa de M&Ms, para ir a buscar una zona verde en la que emular a todos esos pálidos irlandeses que, en cuanto desaparecen las nubes, buscan cambiar su blancura habitual por una...incendiaria rojez.
En Cornmarket, pocos metros antes de la Iglesia de St. Audeon, los dos ocupantes de un todoterreno me hacen señas para que me acerque y el acompañante me dice que vende un Sony Vaio (que tiene en su regazo) nuevo, a buen precio. Como mi mamá siempre me aconsejó que no hablara con desconocidos, sonrío, rechazo la oferta y sigo mi camino.
Después de haber estado un par de horas en los jardines de St. Patrick´s Cathedral (la Catedral de San Patricio, Árd Eaglais Naomh Pádraig en Irlandés, la mayor de las dos Catedrales de la Iglesia de Irlanda) y cuando volvía a casa, un ciclista me pregunta si quiero, por 10 euros, una bicicleta. Que es la que monta. Pues va a ser que no...
Dentro de un rato salgo para el centro, donde he quedado para tomar un café con una amiga danesa, Dorthe. Veremos si por el camino me compro un coche.
Con el sol luciendo, aunque con menos fuerza que ayer (que después de pasar toda la tarde jugando al mini golf - pitch & putt - en Malahide, volví a casa colorado como una gamba), me pertreché con una toalla, un libro de Oliver North, una botella de limonada y una bolsa de M&Ms, para ir a buscar una zona verde en la que emular a todos esos pálidos irlandeses que, en cuanto desaparecen las nubes, buscan cambiar su blancura habitual por una...incendiaria rojez.
En Cornmarket, pocos metros antes de la Iglesia de St. Audeon, los dos ocupantes de un todoterreno me hacen señas para que me acerque y el acompañante me dice que vende un Sony Vaio (que tiene en su regazo) nuevo, a buen precio. Como mi mamá siempre me aconsejó que no hablara con desconocidos, sonrío, rechazo la oferta y sigo mi camino.
Después de haber estado un par de horas en los jardines de St. Patrick´s Cathedral (la Catedral de San Patricio, Árd Eaglais Naomh Pádraig en Irlandés, la mayor de las dos Catedrales de la Iglesia de Irlanda) y cuando volvía a casa, un ciclista me pregunta si quiero, por 10 euros, una bicicleta. Que es la que monta. Pues va a ser que no...
Dentro de un rato salgo para el centro, donde he quedado para tomar un café con una amiga danesa, Dorthe. Veremos si por el camino me compro un coche.











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