Mientras yo me encuentro en Avilés con motivo del muymuchos cumpleaños de mi madre (y para sorpresa suya, que no me esperaba hasta Navidades, llegando al olor de los langostinos y el turrón), Irlanda se ha ido a las urnas.Los Padraig, Seamus, Eoin, Roisin, Aoife, Feargal y Niamh aparcaban por unas horas sus quehaceres cotidianos y decidían ayer, jueves, si ratificaban o no el Tratado de Lisboa, la última amalgama de enmiendas, anexos, decretos y legislación salida de la lujosa cueva burocrática de Bruselas. Tras el fracaso de la Constitución Europea, no ratificada en varios países, y con un creciente euro escepticismo, en la pequeña isla de poco más de cuatro millones de habitantes se decide el futuro de Europa.
Mientras en el resto de la Unión han sido los Parlamentos y Asambleas nacionales los que, sin participación ciudadana, han dado el visto bueno al Tratado, Irlanda es el único país que le ha cedido el derecho, y el deber, de tomar esa importante decisión a sus nacionales. Durante varias semanas, los carteles induciendo al voto en uno u otro sentido han colgado de las farolas de sus calles y se han producido acalorados debates en prensa y televisión. Incluso entre mis compañeros (la mayoría de ellos licenciados en Derecho) he presenciado interesantes intercambios de opinión en los que no se da el brazo a torcer pero, para el que no puede votar (o sea, yo), ayuda a comprender la visión que tiene el irlandés de la UE en particular y de la política en general (algo que les tiene bastante desencantados, tras décadas de flagrante corrupción). Y eso que ellos no son tan voceras como los latinos.
A la complejidad de cualquier tratado legislativo, se añade el hecho de que éste se ha compuesto principalmente de enmiendas y modificaciones de textos anteriores, con lo que es básicamente ininteligible para quien no tenga una sólida formación legal…y se conozca perfectamente los susodichos textos anteriores.
Si al principio las encuestas mostraban a la abstención con un porcentaje estimado casi tan alto como los votos favorables, conforme se acercaba el momento de la verdad, los partidarios del No han recortado distancias y cada vez van a necesitan convencer a menos indecisos para inclinar la balanza a su favor. Una encuesta que se dió a conocer el lunes, señalaba a un 42% que pensaban votar Si y un 39% que rechazaría el tratado. Lo problemático para el Gobierno es que el Sí había empezado la campaña con una abundante ventaja pero los que en su momento fueron indecisos, parece que optan por que Irlanda no suscriba el tratado. De no hacerlo, seria un buen varapalo para Brian Cowen, el orondo Taoiseach (Primer Ministro) que hace poco ha sustituido al caído en desgracia Bertie Ahern (del que hablé en un post anterior, y que ahora dice que su dinero no justificado procede de ganancia en apuestas de caballos…aunque no recuerda ni cuando ni cuanto ganó exactamente, ni el nombre de los caballos, ni más detalles).Mientras escribo estas líneas, a contrarreloj para lograr acostarme antes de que Buenafuente aparezca en pantalla, desconozco si han ganado los euro escépticos y los socialistas o los pro tratado y los ecologistas (ciertamente la política crea extraños compañeros de cama), pero lo que no me cabe duda es de que los irlandeses (cuyo país ha recorrido un largo camino desde que mandó a centenares de miles de emigrantes a buscarse la vida por todo el mundo, hasta hoy, que ofrece oportunidades laborales para la mano de obra cualificada que llega incluso del este de Europa) sabrán decidir imparcialmente qué es lo mejor para Europa y qué es lo mejor para los europeos.
Y luego se tomarán una Guinness.
(Actualización mientras subo el texto, Irlanda ha votado no a Lisboa con un 53,4% de votos en contra, frente a un 46,6% a favor.)











No hay comentarios.:
Publicar un comentario