Grecia ha resultado ser una sorpresa agradable. Mis, equivocadas, ideas preconcebidas situaban al país junto con Portugal y la España de Chikilicuatre a la cola de Europa. Lo que me he encontrado es algo bastante mejor. Pasear por las calles de Atenas es muy distinto a hacerlo por las de Dublín, aunque uno podría imaginarse que se encuentra en un Gijón menos cutre o una Valencia con menos glamour. El sistema de metro es eficiente y barato, los taxis son abundantes y llamativamente amarillos. El viaje (en metro o autobús) desde el Aeropuerto, a unos 24 Km. de distancia del centro, es asequible y cómodo. La zona entre Monasteriki y la Acrópolis esta agradablemente tomada por puestos callejeros (de frutas a souvenirs) y terrazas en las que saborear la frescura de una Mythos o una Alpha mientas te deleitas con cualquiera de los ricos platos de la gastronomía griega.
Las islas en las que he estado, Naxos y Paros, por visitarlas en temporada media, nos han permitido disfrutar de unas playas casi vacías. El hecho de que los bares y discotecas tuvieran casi el mismo porcentaje de ocupación no nos desanimó en absoluto.
En unos días, entre Viajablog y aquí, iré publicando unos posts con mas detalles de mi penúltimo viaje (y digo penúltimo porque en un cajón de mi mesa ya están impresos los billetes del próximo, más cercano, más familiar, pero no por ello menos deseado).
Las islas en las que he estado, Naxos y Paros, por visitarlas en temporada media, nos han permitido disfrutar de unas playas casi vacías. El hecho de que los bares y discotecas tuvieran casi el mismo porcentaje de ocupación no nos desanimó en absoluto.
En unos días, entre Viajablog y aquí, iré publicando unos posts con mas detalles de mi penúltimo viaje (y digo penúltimo porque en un cajón de mi mesa ya están impresos los billetes del próximo, más cercano, más familiar, pero no por ello menos deseado).











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