No es fácil leer un periódico mientras se camina rápido por una acera no precisamente vacía, pero no era el único que lo intentaba. Los repartidores de los dos periódicos gratuitos, el “Metro” (a mi derecha, con gorra y chubasquero azules) y el “Herald am” (a mi izquierda, con gorra y chubasquero rojos) hacen su trabajo tan bien que raro es el transeúnte que no lleva uno de ellos en la mano. Esta mañana, de camino al trabajo, un camión de bomberos pasó a mi lado en el momento en que leía las últimas líneas de la noticia de portada. Una casualidad dentro de otra casualidad.
Nacieron a la vez, fueron amigos toda su vida y, finalmente, fallecieron juntos, mucho antes de lo que cualquiera hubiera esperado y, por lo que parece, por un estúpido accidente. Richard y Michael Walsh, de 33 años, murieron ayer por la noche en su casa de Waterford, aparentemente asfixiados por inhalar el humo de un incendio que se produjo mientras dormían. Por razones que se desconocen, no había electricidad en el apartamento y los hombres se habían provisto de velas para iluminarse. Se cree que una de ellas provocó un pequeño incendio que causó el humo que les mató a ellos y a su mascota, un cachorro de apenas seis semanas.
Cuando los bomberos aparecieron, el fuego casi se había extinguido sólo.
¿Verdad que suena estúpido morirse así? Y no quiero decir que los fallecidos lo fueran, ni mucho menos, sino que hay tantas maneras de morir que son más violentas, menos fruto de la casualidad…pero no por ello menos tristes. Esos dos hermanos, según sus familiares, fueron los mejores amigos entre ellos, con un vínculo que ninguna otra persona podía haber compartido. La noticia, trágica y absurda a la vez, me ha recordado otra que leí no recuerdo cuando y de la que nunca tuve demasiados detalles.
Un matrimonio de octogenarios se refugió de una tormenta bajo un árbol, en el campo. Un rayo los mató a ambos.
¿Cuánto tiempo habían estado casados? ¿habían tenido hijos? ¿Cómo había sido su juventud? Nunca lo supe, como tampoco supe si se amaban, se querían o ya solo – y es bastante – se hacían compañía.
Carpe Diem.
Nacieron a la vez, fueron amigos toda su vida y, finalmente, fallecieron juntos, mucho antes de lo que cualquiera hubiera esperado y, por lo que parece, por un estúpido accidente. Richard y Michael Walsh, de 33 años, murieron ayer por la noche en su casa de Waterford, aparentemente asfixiados por inhalar el humo de un incendio que se produjo mientras dormían. Por razones que se desconocen, no había electricidad en el apartamento y los hombres se habían provisto de velas para iluminarse. Se cree que una de ellas provocó un pequeño incendio que causó el humo que les mató a ellos y a su mascota, un cachorro de apenas seis semanas.
Cuando los bomberos aparecieron, el fuego casi se había extinguido sólo.
¿Verdad que suena estúpido morirse así? Y no quiero decir que los fallecidos lo fueran, ni mucho menos, sino que hay tantas maneras de morir que son más violentas, menos fruto de la casualidad…pero no por ello menos tristes. Esos dos hermanos, según sus familiares, fueron los mejores amigos entre ellos, con un vínculo que ninguna otra persona podía haber compartido. La noticia, trágica y absurda a la vez, me ha recordado otra que leí no recuerdo cuando y de la que nunca tuve demasiados detalles.
Un matrimonio de octogenarios se refugió de una tormenta bajo un árbol, en el campo. Un rayo los mató a ambos.
¿Cuánto tiempo habían estado casados? ¿habían tenido hijos? ¿Cómo había sido su juventud? Nunca lo supe, como tampoco supe si se amaban, se querían o ya solo – y es bastante – se hacían compañía.
Carpe Diem.











No hay comentarios.:
Publicar un comentario