Valerie quería ser escritora, pero para ello sus padres hubieran tenido que mandarla a la Universidad, lo cual, con tres hermanos mayores que tenían prioridad, lo que le esperaba a ella era encontrar marido y convertirse en ama de casa. Si no podía ser escritora, lo más parecido que había, y que podía reportarle ingresos, era ser periodista. Pero decidió no hacerlo en Irlanda, donde había nacido y vivía, sino que se fue a España. En Madrid se alojó en casa de una familia, que le proporcionaba cama y comida a cambio de darles clases de inglés a sus hijos. Al mismo tiempo, enviaba artículos al Irish Times y realizaba entrevistas en inglés para un servicio belga de noticias.
Era 1959, Valerie tenía apenas 18 años y al poco de llegar a España conoció a Ernest, Don Ernesto, que se convertiría en su suegro unos años más tarde, desgraciadamente tras el suicidio del escritor.

Ayer asistí a una conferencia de la escritora, con el tema “El Ernest que yo conocí”, en las instalaciones de la RDS (Royal Dublin Society). Durante más de una hora, nos habló del Hemingway de las cuadrillas, la fiesta y los San Fermines. También de su disciplina creativa, pues no dejaba pasar un día sin escribir. De su progresiva paranoía, de su casa en Habana, del inicio de una cuesta abajo hacia la depresión y un arma de fuego. En calidad de confidente, secretaria y amiga, Valerie tuvo una privilegiada posición para contemplar al escritor más febril, al juerguista más noctámbulo, y el ocaso de ambos.
Fue una charla muy interesante que sólo tuvo un punto negativo. Al término de la misma, se nos invitó a pasar a la adyacente Biblioteca, donde nos esperaba café, té, agua y copas de vino. Y también la Tercera Edición de Venta de Libros de la RDS, compuesta por ejemplares duplicados y otros descatalogados. Y, claro, con precios mayoritariamente de 1 euro por libro pasó lo que tenía que pasar...

Era 1959, Valerie tenía apenas 18 años y al poco de llegar a España conoció a Ernest, Don Ernesto, que se convertiría en su suegro unos años más tarde, desgraciadamente tras el suicidio del escritor.
Ayer asistí a una conferencia de la escritora, con el tema “El Ernest que yo conocí”, en las instalaciones de la RDS (Royal Dublin Society). Durante más de una hora, nos habló del Hemingway de las cuadrillas, la fiesta y los San Fermines. También de su disciplina creativa, pues no dejaba pasar un día sin escribir. De su progresiva paranoía, de su casa en Habana, del inicio de una cuesta abajo hacia la depresión y un arma de fuego. En calidad de confidente, secretaria y amiga, Valerie tuvo una privilegiada posición para contemplar al escritor más febril, al juerguista más noctámbulo, y el ocaso de ambos.
Fue una charla muy interesante que sólo tuvo un punto negativo. Al término de la misma, se nos invitó a pasar a la adyacente Biblioteca, donde nos esperaba café, té, agua y copas de vino. Y también la Tercera Edición de Venta de Libros de la RDS, compuesta por ejemplares duplicados y otros descatalogados. Y, claro, con precios mayoritariamente de 1 euro por libro pasó lo que tenía que pasar...











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