Hemos tardado treintayalgunos años, pero esta vez no mamá. Que sí que hay que comer fruta, y todos los días. Que no, que no se puede salir de casa sin desayunar. Que no se debe trasnochar si se trabaja al día siguiente. Que hay que vestir bien para dar una buena impresión.
Y como esos, un ciento de cestos llenos, pero esta vez, (y aquí apunto sonrisa triunfadora y brazo extendido con desafiante índice apuntando al techo), esta vez estabas equivocada.
"Claro, como estás soltero, sales con los amigotes, y a saber que beberás y andarás haciendo por ahí. Con lo tranquila que estaría yo si te echaras una novia, así seguro que beberías menos". No son palabras textuales ("llegar a casa borracho" - ¿y quién no alguna vez? - se aproximaría más a la realidad del sermón) pero el sentido está claro: mi Santa Madre pasaría las noches del fin de semana más tranquila si supiera que tengo una novia buena, responsable, sana y que me impide beber. Y seguro que esta tranquilidad tendría efectos retroactivos, de todas esas épocas entre novias, en la que se me ha quedado en vela la pobre, los viernes y sábados. Y algún jueves. Y algún domingo.
Pues los pérfidos británicos se han levantado con ganas de llevarte la contraria, mamá. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido ha presentado un estudio que dice que las parejas tienen el doble de probabilidades de beber alcohol que los solteros. Casi un 20% de los matrimonios beben cinco noches a la semana, comparado con un 9% de la gente que no tiene pareja.
De acuerdo que los hijos de la Gran Bretaña no son conocidos mundialmente por ser abstemios, pero dado que España es un país de bebedores sociales y yo soy español, y que la sociedad en Irlanda es muy similar a la del Reino Unido, y yo vivo en Dublín, los resultados (porque para eso es mi blog y mi texto), se adaptan perfectamente a mis circunstancias. Toma ya.
Soltero, y a gusto, mamá.











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