miércoles, 2 de julio de 2008

Ha ganado Paul

Ni me lo hubiera imaginado hace un mes, en serio. Visto lo visto de ediciones anteriores, no albergaba ninguna duda de que nos eliminarían antes de llegar a cuartos de final o en ese mismo partido. Así que cuando en el trabajo me preguntaron por mi favorito, respondí sin dudar: Alemania.

Bueno, no fue sin dudar porque mis conocimientos balompédicos son apenas superiores a los que tengo sobre golf (es decir, me suenan nombres como Ballesteros, Tiger Woods, Sergio García, Roland Garrós...no, perdón, que eso último me parece que es de otro deporte). Pero me sonaba que los germanos tenían un equipo potente, así que me decanté por ellos, alegremente. El capullo de Paul, que ha vivido en Alemania y habla estupendamente ese idioma, en cambió se inclinó por España. Unos minutos después, con hoja de Excel por medio, decidimos entre todos poner cinco Euros y hacer una porra, repartiéndonos por rigurosos sorteo, doce equipos, a razón de dos cada uno. A mí me tocaron Alemania y la República Checa y a Paul, irlandés él, España y Croacia, las nacionalidades de los únicos no irlandeses de mi equipo, ¡que ironía!.

Con cara de sorpresa, desconfianza y, a la vez, ilusión, he ido asistiendo a los esfuerzos de la selección por no defraudar a un país. Uno de los mejores partidos que recuerdo, fue contra Italia porque lo viví en un crucero anclado en un puerto italiano y rodeado de casi tres mis enfervorecidos nativos de ese país que saltaban cada vez que uno de sus jugadores tocaba la pelota, en la pantalla gigante de la cubierta 13, la de las piscinas, al aire libre. No hubo sangre ni río, pero sí un monumental cabreo y decepción de los transalpinos.

Y, para mi desgracia, siempre recordaré el sitio en el que estaba cuando España ganó la Eurocopa 2008: en la puerta número 9, Terminal A, Aeropuerto de el Prat, Barcelona...con sólo una pequeña radio de la chica del mostrador para ir cantando las noticias durante la espera por un vuelo que llegaba con retraso.



Eso sí, han sido los cinco euros perdidos en una apuesta que más alegremente he soltado en mi vida.


(Volviendo del trabajo me fijo en que del balcón de un piso han colgado la bandera española, ¡olé!)

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