viernes 5 de agosto de 2011

Un día más

"¡Mira qué cumplidos son!"

Lo hubiera dicho con una sonrisa de aprobación. En su generación los detalles de este tipo cuentan mucho, la etiqueta social, especialmente en los pequeños pueblos, facilitaba la cohesión de la comunidad. Doce meses después de un fallecimiento aún se seguía rindiendo respeto a la familia asistiendo a la misa de aniversario.

Para mí hoy hubiera sido como otro día cualquiera porque he pensado en tí como todos los días. Nunca se ha alejado tu presencia de mi alma, aunque esté ausente de la casa.

Pero hoy era especial, como lo fue el día que tuve que llamar al cura de la parroquia del barrio para organizar una misa aquí, donde pudieran venir tus vecinos. Como lo fue el día que bajé a imprimir unas esquelas o la tarde que salí a ponerlas. Cuando localizé al cura de tu pueblo y con él concerté una misa el 14 de Agosto, para que la familia que aún queda allí, y quienes te conocieron en tu infancia y juventud puedan ir. Cuando me tocó llamar a los familiares - mea culpa haber dejado secarse el contacto - para informarles de las fechas. Tareas todas ellas que sólo puedo hacer yo, que sólo debo hacer yo, aunque gustosamente hubiera cedido el protagonismo a otro, y que son las primeras, pero no las últimas. Quedan otras esquelas, otra misa y, además, otra tarea tan o más desagradable que ellas .

Y hoy, entre conversaciones banales porque uno no se pone trascendente en estas circunstancias, saludé a quienes pudieron acercarse hasta la iglesia de las afueras. Y escuché una ceremonia cuya coreografía casi había olvidado. Ojalá lo que ella representa sirva para algo y realmente estés en un lugar mejor, porque te lo mereces.

Y luego volví a casa y cada vez que giro la cabeza te veo en fotos, joven y seria en blanco y negro, risueña en color. Y se me hace un nudo en la garganta.

El tiempo todo lo cura. 

Mentira, solo anestesia el dolor.