lunes, 7 de diciembre de 2009

Panaderos, madres y el coste de la vida

Mi panadero vivió en Dublín, pero se volvió a España porque todo estaba carísimo. Bueno, en realidad no es mi panadero porque yo casi no como pan y cuando lo hago, lo compro en el supermercado, pero es “de mentira” de ese que terminas cocinando tú en el horno y que puedes tener durante un par de meses metido en el armario, esperando al momento en que la fecha, la hora o la falta de ganas de salir a la calle te hagan buscarlo.

Naturalmente de quien hablo es del panadero de mi madre, señora que se levanta (y no es precisamente remolona) cuando él ya ha dejado la media barra en una bolsa de plástico colgada del picaporte. Sólo cuando toca pagar, al finalizar la semana, coinciden los tres: la pagadora, el que lleva el producto y el producto mismo. Y en una de estas ocasiones que siempre propician algún tipo de charla (en la que mi madre, que conoce a todo el mundo y tiene de habladora lo que yo de tímido) es cuando él se lo dijo. No diré yo que eso viniera a colación de algún comentario materno del tipo “(suspiro, exclamación), si es que lo tengo tan lejos, en Dublín, si por lo menos estuviera más cerca...(suspiro)”.

Eso último me lo invento, pero seguro que no dista mucho de la realidad, porque uno conoce algo a su madre (como ella conoce a su vástago, independientemente de que conocimiento y comprensión no tengan porqué ir de la mano). El viernes pasado, cuando hablé con ella por teléfono, se encargó de dispararme a bocajarro el comentario, como si yo acabara de llegar a la isla atraido por los cantos de sirena de otros viajeros (o los de alguna sirena en particular).

Pues, mamá, perdona que disienta de lo que opìna el panadero, y que tú inmediatamente suscribes, y te confunda un poco más diciendo que Dublín es caro para vivir pero no para trabajar. Claro, uno se viene de turista de provincia periférica a pasar aquí tres o cuatro días y el precio de bajar en autobús desde el aeropuerto hasta el centro (7 o 12 euros, según sea billete sencillo o ida y vuelta en el Aircoach), el coste de una pinta de cerveza (más cerca de los 6 que de los 5 euros), el alojamiento en un hotel céntrico (entre 50 y 60 euros de media, sin buscar ofertas) o los menús de dos platos más vino por 15 o 20 euros le parecen...¿qué le parecen en realidad?.

Porque estamos comparando Avilés, Gijón u Oviedo con ni más ni menos que la capital de Irlanda, de un país, no con una ciudad de provincias, coimes. Con Madrid se pueden comparar los costes, claro, pero ¿es realmente mucho más barata la capital hispana que la irlandesa para un turista?.

Pero me desvío del tema porque, en realidad, de lo que estamos hablando, de lo que mi madre quiere hablar, es de la diferencia entre vivir en Avilés (lo que ella conoce) o hacerlo en Dublín.

Hablemos del coste de la vida y usemos la misma frase que llevo repitiendo 6 años: “las cosas son 1.5 veces más caras, pero tenemos el doble de salario”. Con matices, con décimas y con precisiones pero las cosas son básicamente así.

Vamos a hablar de un caso más o menos típico, no del mío, que uno tiene ya unos años y han sido ya tres las veces que he vuelto a Irlanda en busca de trabajo, tras paréntesis voluntarios y forzosos.

Digamos que se acaba una carrera y se decide venir durante un año a vivir a Irlanda, aprender el idioma, meterle contenido no académico al currículum. Uno llega de novato, balbuceando el idioma de Shakespeare con acento de Alcorcón y el primer trabajo que obtiene es de friegaplatos, donde nadie va a pedirle que repita una frase, o de camarero, pero con algo mejor nivel de inglés. Tras un mes de trabajo en su cuenta bancaria aparecen no menos de 1200 euros, cobrados proporcionalmente semana a semana. Pero mejora el inglés y ya se puede ir a entrevistas para otros puestos, o cuando se ha llegado se ha esquivado la opción hostelería para irse directamente a Adecco, Manpower, o cualquier otra ETT que no tienen nada que ver con la forma de llevar sus negocios en la atrasada, también en esto, España.

El lugar básico de trabajo es un Call Center en el departamento de Atención al Cliente. De Symantec a IBM, cualquier empresa de tecnología de las aquí radicadas necesita hispanohablantes para atender preguntas, dudas y también quejas. La cifra que aparece en el contrato de trabajo sea probablemente de entre 23000 y 25000 euros brutos al año. Nuestro españolito, que acaba de llegar a Irlanda o deja atrás un par de meses trabajando en la hostelería, ve como su cuenta corriente engorda entre 1514 y 1645 euros cada mes.

Pero, claro, hay gastos, ¿verdad mamá?. Hay que pagar un alquiler, entre 350 y 550 euros por compartir piso o casa y según el número de habitaciones, la zona y la distancia (a pie, autobús o tranvía) del centro. Hay que pagar unas facturas, o la parte proporcional de ellas, de electricidad y, en su caso, televisión/internet. Hay que comer todos los días, por lo menos tres veces. Hay que ir al trabajo en transporte público. Y hay que salir a tomar algo, por lo menos el viernes, sino el sábado, y eso incluye alguna cena o comida por ahí con los amigos.

Mamá, si sumamos todo eso nuestro españolito se está gastando aproximadamente de 700 a 900 euros de lo que gana, según sea de ahorrador o derrochador. Una barbaridad, un sueldo completo para mucha gente en España.

Pero después de eso, de su sueldo (de, digamos, 1575 euros/mes netos) aún le quedan entre 875 y 675 euros más al mes en su cuenta corriente. Y ya está, no hay más gastos salvo el ocasional viaje cada pocos meses de unos días a la casa familiar, donde el chantaje materno no deja de repetir, suspirando, las dos principales máximas a las que se aferra: “vienes tan poco tiempo” y “es que estás tan lejos”.

Y entonces soy yo el que suspira...

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